Reloj lepine en hierro ferroso de la marca CHRONOTACHYMÈTRE, dotado de cronógrafo, taquímetro y cronómetro.

Catalogación Referencia: MIARB Nº 570 JDBC

Siglo XIX, circa 1880

Reloj de bolsillo lepine, dotado de cronógrafo, taquímetro y cronómetro en hierro ferroso pavonado.

Maestros relojeros de la marca CHRONOTACHYMÈTRE (relativo a la cronometría: precisión muy elevada).

Corona, colgante y anilla de suspensión a las XII horas.

Reloj con mecanismos y funciones suplementarias  para medir lapsos breves, parciales o totales  de tiempo, que se utilizan en los contadores correspondientes de la esfera destinados a tal efecto.

Arranque del control de tiempo, parada del control de tiempo, y vuelta a cero, siempre por pulsaciones  sucesivas, por lo que es solo una lectura por operación.

Este reloj además tiene funciones de taquímetro, para medir velocidades en km/h.

Dispone de división que marca los minutos y los segundos, así como la división que marca la velocidad en km/h, indicación en la esfera: “kilómetres a l’heure”. A su vez, es cronómetro, dotado de escape a “detente”.

Caja  en hierro ferroso, totalmente lisa, tapa anterior provista de bisel en hierro ferroso y cristal biselado perfectamente engastado. La tapa posterior da acceso a la placa de características interior, en la que aparece grabada la numeración del reloj.

Esfera en esmalte blanco sobre cobre convexo en numeración arábiga en esmalte negro y la interior en rojo. Segundero a las VI. Contador a las 12, con indicaciones  en esmalte  verde y rojo que coinciden con la numeración que está alrededor  con los mismos colores. El contador está bien delimitado en forma  circular  en la que se visualizan indicaciones suplementarias respecto a los minutos, en este caso , la capacidad es para una primera vuelta pero continuando la vuelta por exceso. En esmalte rojo, verde y azul nos indica  los kilómetros y aparece  grabada entre las XII y las II la frase: “Kilomètres a l’heure” en esmalte negro. Agujas en oro tipo pera.

Máquina en dorado, provista de complicaciones suplementarias, dispone de espiral compensadora y de 17 rubíes antirrozamiento. Sistema remontuar por la corona.

Elemento técnico de escape situado en la maquinaria. Dicha pieza, como su nombre indica, recuerda a un áncora y lo que la caracteriza es que recibe la fuerza para el impulso sobre sus dos extremos y la transmite al volante por su tenedor, que a continuación transmite a una pieza solidaria con el eje del volante durante unos instantes, mientras que la velocidad del volante es máxima dejándole libre durante su oscilación, de ahí su nombre de escape libre.

“Suiza se incorporó relativamente tarde a la producción relojera, aunque con anterioridad tuvo eminentes artífices que hubieron de realizar su obra en la emigración, como es el caso de Jost Burgui, en el siglo XVII. Curiosamente la paulatina implantación de este arte en el país helvético se produce como si fuese causa de un desplazamiento de la actividad de un país a otro. Las manufacturas se fueron instalando originariamente en el cantón de Neuchatel, por su proximidad a la ciudad libre de Ginebra, que llegó a saturarse con motivo de la expulsión de los hugonotes de Francia.

En 1541, el reformador Jean Calvin (Calvino) que era entonces alcalde de la Villa, prohibió totalmente la confección de joyas religiosas y civiles. Poco después, el Reglamento de los Orfebres de la Villa, de 1556, fue redactado de tal forma que condenó de hecho a desaparecer a estos artesanos, de los que había abundantes y muy competentes en Ginebra.

Pero en la misma época, refugiados extranjeros, expulsados de su país por causa de la Reforma, llegaron de Francia, de Flandes y de Italia, y se refugiaron en Ginebra, la villa de Calvino. Como entre ellos hubo relojeros y las ideas nuevas se acompañan de oficios nuevos, fueron los iniciadores de los artesanos ginebrinos que encontraron en la confección del reloj un nuevo campo de trabajo adecuado para reemplazar su antiguo oficio.

Desde entonces, la relojería se destaca rápidamente de las otras artes ornamentales para llegar a ser una profesión nueva e independiente. A fines de siglo, Ginebra ha adquirido una reputación de excelencia en este campo. Al aumentar en número sin cesar, los relojeros deciden agruparse y reglamentar su profesión. En 1601 la “Maîtrise des horlogèrs de Genéve” será la primera corporación relojera del mundo.

Con la aparición de los primeros relojes de bolsillo con aguja de minutos, la relojería toma el primer lugar entre las industrias de la ciudad. Antes de finalizar el siglo XVII, la relojería ginebrina es tan floreciente que hace escribir a los historiadores de la Villa: “Ginebra está congestionada de relojeros”. De hecho, son más de 500, situación que obliga a algunos de ellos a emigrar a lugares menos saturados: Nyon, Neuchatel, Berna, Basilea y hasta Ispahan, Pekín, etc.

Después de su ocasional anexión a ese país, entre 1788 y 1814, Ginebra se incorpora definitivamente a la Confederación en 1815 y a partir de esa fecha todo es ya reloj suizo.

Nombres como los de Jeanrichard, Jaquet Droz, Ducommun, Perrelet, Courvoissier, Berthoud y Breguet – estos dos últimos triunfadores en París – llenan capítulos interesantísimos de la relojería suiza.

De todos es conocido el rápido desarrollo de la industria relojera suiza, a partir de la época industrial, y hasta nuestros días, que ha abarcado simultánea y sorprendentemente todos los géneros posibles, todas absolutamente las especialidades, desde la relojería de edificio hasta los más minúsculos cronógrafos de pulsera, y que ha producido y produce obras de altísima calidad y compleja mecánica”.

(texto extraído del libro “Relojes” del maestro relojero Luís Montañés; colección Diccionarios Antiqvaria)

“Hoy en día la relojería Suiza es sinónimo de calidad, pero curiosamente el prestigio es reciente ya que Suiza se incorporó tarde a la carrera por la producción relojera. No obstante, a lo largo de su historia han destacado muy importantes e insignes relojeros, como es el caso de Jost Burgui en el siglo XVII.

En sus orígenes, la relojería suiza se instala en el cantón de Neuchatel, ya que está próximo a Ginebra, punto de encuentro de todos los relojeros y orfebres que marchan de Francia al ser hugonotes y fueron expulsados”.

(texto extraído del “Diccionario Enciclopédico Profesional de Alta Relojería”, del Prof. Dr. José Daniel Barquero Cabrero; Furtwagen Editores).