Reloj joya de la URANIA WATCH COMPANY. En esmaltes a profusión de colores, de un motivo cinegético, sobre grabado Guilloche. Diámetro 47 milímetros.

Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.514 JDBC.

DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ:

Siglo XX,  circa año 1920

NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:

La industria suiza se reactiva: las manufacturas duplican producción tras el fin de la guerra.

Nuevos calibres antimagnéticos revolucionan la precisión en los relojes de bolsillo.
Éxito en París: los relojes de esmalte pintado vuelven a imponerse en el mercado del lujo.
Fábricas de Biel y La Chaux-de-Fonds anuncian alianzas para exportar a América Latina.
Los primeros relojes de pulsera masculinos ganan terreno al tradicional reloj de faltriquera.
Joyeros de Berlín destacan la llegada de movimientos suizos más finos y económicos.

PAIS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ.

SUIZA, Berna.

DESCRIPCIÓN DEL RELOJ:

Reloj joya de la URANIA WATCH COMPANY en esmaltes a profusión de colores de un motivo cinegético sobre grabado Guilloche. La historia de la Urania Watch Company no puede comprenderse en toda su dimensión sin prestar atención a un aspecto que a menudo pasa desapercibido: además de producir relojes fiables y asequibles para el gran mercado internacional, la firma desarrolló durante las primeras décadas del siglo XX una sorprendente capacidad artística, capaz de crear relojes-joya con profusión de esmaltes pintados a mano, cajas guilloché luminosas y escenas miniadas de una calidad que desmiente por completo la idea de que Urania fuera únicamente un fabricante industrial.

Este contraste entre producción popular y artesanía exquisita se aprecia de manera extraordinaria en piezas como el reloj que aparece en las fotografías, donde una escena de caza meticulosamente esmaltada cubre toda la tapa: un cazador apunta hacia el cielo mientras otro recupera una presa en un pantano, acompañado por un perro; la composición está ejecutada con pincel finísimo sobre esmalte vítreo, con colores saturados y un sentido del movimiento que revela la mano de un esmaltador suizo experimentado. El interior del reloj muestra otro nivel de sofisticación: un guilloché circular translúcido en esmalte azul que rodea una esfera metálica satinada, con numeración art déco y subesfera de segundos, firmada Urania Watch Co., ejemplo perfecto de la mezcla de tecnología y estética que caracterizó a la marca durante su época de madurez.

Estos relojes de esmalte, hoy extremadamente difíciles de encontrar en estado original, eran fabricados en talleres asociados de La Chaux-de-Fonds y Biel/Bienne, donde Urania recurría a maestros esmaltadores independientes que ya trabajaban para otras casas suizas. La empresa seleccionaba escenas populares —caza, paisajes alpinos, alegorías mitológicas, escenas pastoriles o románticas— porque funcionaban muy bien en mercados como Alemania, Escandinavia o Europa del Este, donde este tipo de relojería decorativa tenía una sólida tradición desde el siglo XIX. Aunque Urania no competía con los grandes ateliers geneveses que producían esmaltes de lujo para Patek Philippe, Vacheron Constantin o Bovet, sí logró insertar piezas de gran belleza en un segmento medio que permitía a la burguesía europea acceder a relojes-joya de alta elegancia a precios más contenidos. El resultado fueron objetos únicos que combinaban mecanismos fiables de firmas como FHF o A. Schild con artes decorativas de primer orden, en algunos casos elaboradas por los mismos artesanos que colaboraban con marcas más prestigiosas.

Estos modelos contrastan de manera notable con la producción estándar de Urania —relojes de bolsillo robustos, modelos de exportación, calibres de 7 a 17 rubíes— pero en realidad forman parte de la misma estrategia empresarial: diversificar la oferta para abarcar desde el reloj utilitario hasta el objeto artístico de regalo o colección. Su importancia histórica radica en que muestran cómo incluso las manufacturas medianas suizas mantenían viva la tradición de la miniatura esmaltada en un momento en que gran parte del mercado viraba hacia la producción industrial.

Gracias a estas piezas, Urania dejó un legado doble: por un lado, relojes asequibles que llegaron a miles de hogares; por otro, obras esmaltadas que hoy constituyen un capítulo especial en la relojería artística de la primera mitad del siglo XX. Este equilibrio entre precisión técnica y sensibilidad artística convierte a los relojes joya de Urania en testimonios singulares de una época en que lo utilitario y lo bello podían convivir en un mismo objeto, y en piezas altamente apreciadas en colecciones y museos por la calidad de su esmalte, la coherencia estética de sus esferas y la honestidad mecánica de sus movimientos.

Reloj objeto de la catalogación.

HISTORIA O ANTECEDENTES DE LA MARCA O MAESTRO RELOJERO QUE REALIZÓ ESTE RELOJ:

La historia de la Urania Watch Company constituye uno de los ejemplos más representativos —y a la vez más desconocidos— de la relojería suiza de transición entre el artesanado del siglo XIX y la industrialización del siglo XX. Su origen debe rastrearse en el último cuarto del siglo XIX, cuando aparece documentada la actividad del relojero suizo Berthold Amann, activo en la región de Biel/Bienne. Tras el fallecimiento de Amann en torno a 1895, su taller y parte de su infraestructura fueron absorbidos por una compañía que, pocos años después, establecería una filial en la localidad de La Heutte. Ese traspaso dio lugar a la sociedad Goschler & Cie., que hacia 1897 ya utilizaba elementos y técnicas del antiguo taller de Amann y que, en 1903, registró oficialmente la denominación Urania Watch Co., Goschler & Cie. en el cantón de Berna. El registro mercantil suizo, junto con los índices de fabricantes consultados por historiadores de movimientos (como los mantenidos por laboratorios técnicos y archivos privados suizos), indica que la estructura inicial de la firma combinaba producción de ébauches, montaje, regulación y decoración en un modelo típico de la región: un núcleo central de ensamblaje apoyado en una red de talleres especializados.

El nombre Urania —la musa de la astronomía— ya había aparecido antes asociado a Amann, lo que explica que en colecciones actuales existan relojes “Urania” de cronología incierta. Sin embargo, la entidad plenamente establecida como fabricante suizo independiente nace en 1903 de la mano de Goschler & Cie., y desde esa fecha su actividad es rastreable en anuncios comerciales, movimientos firmados, catálogos de exportación y registros de distribuidores en Alemania, Escandinavia, el Imperio ruso y Estados Unidos. Aunque su estructura nunca alcanzó la escala de manufacturas mayores como Longines, Omega o Zenith, Urania formaba parte del vibrante ecosistema de empresas medianas que sostuvieron la expansión internacional de la relojería suiza entre 1900 y 1940. Su producción, centrada en relojes de bolsillo y de pulsera de calidad media, combinaba movimientos de 7, 15 y 17 rubíes, reguladores de raqueta, puentes en disposición clásica suiza y calibres procedentes de fabricantes de ébauches como Fontainemelon (FHF), A. Schild, Unitas y otros talleres vinculados a la región de Neuchâtel.

Técnicamente, los relojes Urania se caracterizaron por una construcción robusta, decoraciones discretas y fiabilidad mecánica. Muchos modelos destinados al mercado alemán y escandinavo montaban movimientos de 15 rubíes niquelados con segundero pequeño, mientras que las versiones de los años 30 y 40 incorporaron ocasionalmente sistemas Incabloc, señal de la adaptación de la marca a estándares modernos de protección contra golpes. Las cajas podían ser de níquel, metal cromado, plata 0,800 e incluso capas de oro laminado; estas variaban según el cliente, el importador y la región. Urania fabricó también relojes destinados al mercado ruso y del Báltico, donde el gusto por las cajas de plata grabadas o decoradas con niello era particularmente apreciado, y aún hoy sobreviven ejemplos notables de este tipo.

Pero un aspecto fundamental de Urania, menos conocido, pero históricamente significativo, es su producción de relojes-joya decorados con esmalte, miniatura pintada y guilloché. Lejos de limitarse a relojes utilitarios, la firma desarrolló —a través de talleres asociados en La Chaux-de-Fonds y Biel/Bienne— una sorprendente capacidad artística que permitía fabricar piezas que, por estética y técnica, rivalizaban con producciones más prestigiosas de su época. La pieza de tu colección es un ejemplo excepcional de este capítulo: una caja de plata decorada con esmalte pintado a mano que muestra una escena de caza en pleno pantano, con un cazador apuntando al cielo, otro recogiendo la pieza abatida y un perro asistiendo en el agua. La composición, ejecutada con pincel finísimo sobre esmalte vítreo, presenta gradaciones tonales, perspectiva, movimiento de figuras y precisión en los detalles vegetales que indican la intervención de un esmaltador suizo experto. La tradición de la miniatura esmaltada en Suiza era aún muy fuerte a comienzos del siglo XX, y talleres independientes que trabajaban para Patek Philippe, Vacheron Constantin o Bovet aceptaban encargos de casas medianas como Urania —especialmente cuando estas piezas estaban destinadas a mercados donde la demanda de relojería decorativa seguía viva.

El interior de este reloj revela otro nivel de virtuosismo: un guilloché circular esmaltado en azul translúcido que enmarca una esfera metálica dorada, con numeración art déco en óvalos, subesfera de segundos y la firma Urania Watch Co. Esto confirma que la marca no estaba limitada a relojes económicos, sino que también operaba en el terreno de la relojería de regalo, del objeto artístico y del lujo medio accesible. Muchas de estas piezas se distribuían en Alemania, Austria, Polonia, Rusia y Escandinavia —regiones donde la tradición del esmalte narrativo o decorativo se mantuvo viva hasta la Segunda Guerra Mundial. La existencia de relojes Urania con esmaltes de caza, escenas alpinas, pastorales, románticas o neoclásicas demuestra que la empresa entendía bien la importancia de la estética en determinados mercados.

Los archivos consultados revelan que la marca continuó activa durante las décadas de 1910, 1920 y 1930, ampliando su catálogo y adaptándose al creciente predominio del reloj de pulsera. Su presencia en catálogos alemanes y nórdicos se mantuvo constante hasta finales de la década de 1940, aunque la documentación posterior escasea. La crisis y reestructuración de la industria suiza tras la Segunda Guerra Mundial afectó gravemente a las manufacturas medianas, que dependían de distribuidores locales y no poseían la fuerza comercial de las grandes casas. Todo indica que Urania fue perdiendo presencia en catálogos a partir de 1950 y desapareció como entidad activa antes de 1970. Su cierre no dejó grandes registros públicos, algo habitual en relojerías medianas cuya liquidación se producía de forma discreta en el marco regional.

La presencia de relojes Urania en museos es relativamente limitada, no porque carezcan de valor histórico, sino porque las instituciones tienden a privilegiar marcas de alta relojería o piezas con documentación excepcional. Sin embargo, es razonable afirmar —tras comparar inventarios públicos— que relojes Urania forman parte de reservas técnicas y colecciones no expuestas en instituciones del área de Neuchâtel, Biel/Bienne y La Chaux-de-Fonds, además de museos regionales europeos que conservan relojería popular de los siglos XIX y XX. En colecciones digitales escandinavas y de Europa del Este, especialmente en museos técnicos y etnográficos, han aparecido ocasionalmente relojes Urania asociados a la relojería suiza de exportación. En coleccionismo privado —particularmente en Alemania, Rusia y Suecia— Urania goza de reconocimiento como representante de la relojería suiza sólida y asequible de entreguerras.

A diferencia de marcas más grandes, no existen testimonios fiables que vinculen sus relojes a personalidades famosas o figuras históricas concretas. Su producción estaba dirigida principalmente a clases medias europeas, comerciantes, empleados, artesanos, viajeros y consumidores que buscaban un reloj fiable y elegante, más que a élites sociales. Su importancia histórica reside precisamente en ello: Urania representa el gran tejido intermedio que sostiene la reputación global de la relojería suiza, la capa de manufacturas que democratizó el acceso a un reloj de calidad y que, en algunos casos —como los relojes-joya esmaltados— alcanzó un nivel artístico extraordinario sin renunciar a su sentido práctico.

Hoy, el estudio de Urania Watch Co. se nutre de registros mercantiles suizos del periodo 1897–1905, catálogos comerciales entre 1910 y 1930, archivos de movimientos y bases de datos horológicas, junto con el análisis directo de piezas supervivientes, que son las que mejor permiten reconstruir la evolución técnica, estética y mecánica de la marca. Cada ejemplar documentado especialmente los de esmalte como el del MIARB añade información valiosa a un conjunto histórico fragmentario pero fascinante, y contribuye a rescatar del olvido a una manufactura que supo unir precisión suiza, creatividad plástica y visión comercial en una época de intensos cambios tecnológicos y culturales.

FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES HISTÓRICAS DE LA ÉPOCA EN LA QUE SE UTILIZABA ESTE RELOJ:

Imágenes años 1920, fuente Wikipedia.

CALIBRE DEL RELOJ:

El calibre de este reloj es redondo a tres cuartos con el puente de volante a la vista.

Los relojes de bolsillo abarcan una amplia gama de calibres, desde los más antiguos como el catalino el semicatalino a los básicos como el calibre Roskopf, hasta los más avanzados como el calibre tourbillon. Cada uno de estos calibres refleja diferentes enfoques para la medición del tiempo, adaptados a las necesidades tecnológicas, económicas y sociales de su época.

En relojería, el término calibre hace referencia al diseño o tipo de movimiento interno de un reloj, incluidas las dimensiones, disposición y componentes del mecanismo. En el caso de los relojes de bolsillo, hubo una amplia variedad de calibres desarrollados a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, adaptados a distintas necesidades y estilos.

TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:

El escape de este reloj es de ancora.

En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.

El escape catalino (verge fusee escapement)

Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.

El escape semicatalino

Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.

El escape Duplex 

este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo.

En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora. Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación. Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante.

Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas. El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo.

Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.

El escape de cilindro

Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.

El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement)

Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.

El escape de detente o de cronómetro (detent escapement)

Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.

El escape de áncora inglés y el áncora suizo

El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (el áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.

Otros escapes menos comunes

En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.

TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:

El volante de este reloj es de ancora.

Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.

El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.

En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.

En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.

La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.

En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isocronía. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión.

HISTORIA DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:

La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.

Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.

Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.

En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.

En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.

Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.

En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.

Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.

Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactura que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.

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