Reloj de bolsillo Seiko, Seikosha modelo “Excellent”, número de serie 94652. Japón, era Taishō, año 1923.
Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.523 JDBC.
DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ:
Siglo XX,circa año 1923 por numeración de Seikosha, actual Seiko.
NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:
El Gran Terremoto de Kantō devastó Tokio y Yokohama el 1 de septiembre de 1923, causando más de 100.000 muertos y la destrucción masiva de infraestructuras en la región de Kantō.
Tokio queda prácticamente arrasada por incendios posteriores al seísmo, acelerando un ambicioso plan de reconstrucción urbana y modernización arquitectónica.
Yokohama pierde gran parte de su puerto y barrios comerciales, afectando gravemente al comercio exterior japonés.
El gobierno japonés decreta la ley marcial tras el terremoto, en un contexto de caos social, escasez y rumores que derivan en graves disturbios.
Se producen persecuciones y matanzas contra la minoría coreana en Japón, uno de los episodios más oscuros de la historia japonesa contemporánea, tolerado en parte por fuerzas de seguridad locales.
El desastre de Kantō marca un punto de inflexión en la política industrial japonesa, impulsando reformas en urbanismo, construcción antisísmica e industria.
PAIS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ
Japón.
DESCRIPCIÓN DEL RELOJ:
Este reloj de bolsillo Seikosha – “Excellence”, numerado 94652, debe situarse con enorme precisión histórica en el Japón de 1923, en un momento bisagra, dramático y decisivo, tanto para el país como para la propia industria relojera japonesa. El reloj no es un objeto aislado: es un testigo material de una coyuntura crítica.
Estamos en plena era Taishō (1912–1926), un periodo caracterizado por la modernización acelerada, la expansión de una clase media urbana y una creciente burocracia estatal y empresarial. Japón ha salido fortalecido de la Primera Guerra Mundial, se ha consolidado como potencia industrial en Asia y ha desarrollado una fuerte ética del trabajo, la lealtad corporativa y el servicio prolongado. En este contexto, Seikosha, fundada en 1892 y aún operando bajo ese nombre, es el principal símbolo de la autosuficiencia relojera japonesa, decidida a emanciparse definitivamente de la dependencia suiza y estadounidense.
El reloj “Excellence” pertenece a una línea de alta calidad interna, no orientada al lujo ostentoso, sino a la excelencia funcional, precisión y fiabilidad, valores profundamente japoneses. Este tipo de relojes se destinaban con frecuencia a regalos conmemorativos por años de servicio, promociones administrativas, reconocimientos a empleados del Estado, del ferrocarril, del sistema postal, de grandes empresas o instituciones locales. La inscripción japonesa interior, que alude explícitamente a 20 años, lo confirma sin ambigüedad: este reloj fue concebido como objeto de reconocimiento, no como simple mercancía.
Y aquí entra el hecho histórico clave que lo sitúa en el tiempo con una fuerza excepcional: el Gran Terremoto de Kantō, el 1 de septiembre de 1923. Este seísmo devastó Tokio, Yokohama y el corazón industrial del país. Murieron más de 100.000 personas; barrios enteros ardieron durante días; fábricas, talleres y oficinas desaparecieron. Seikosha perdió gran parte de sus instalaciones, maquinaria y archivos. La producción relojera japonesa quedó interrumpida o severamente alterada durante meses.
Por ello, este reloj no es posterior al terremoto. Es, con toda probabilidad, un reloj producido y entregado en los meses inmediatamente anteriores al desastre, cuando Japón aún vivía una cierta estabilidad optimista. Tras el seísmo, el país entró en una etapa de reconstrucción forzada, racionalización industrial y cambio profundo de prioridades. Muchos programas de regalos corporativos se suspendieron; los estilos se simplificaron; las numeraciones y procesos se reorganizaron. El mundo que había producido este reloj estaba a punto de desaparecer.
Desde el punto de vista político y social, Japón en 1923 vive una tensión latente: avances democráticos conviven con un Estado cada vez más vigilante; tras el terremoto se impondrá la ley marcial y se producirán episodios de violencia interna. Este reloj pertenece, simbólicamente, al último Japón civil y ordenado anterior al trauma, cuando el progreso parecía lineal y controlable.

Interior de la tapa posterior del reloj objeto de catalogación.

Maquinaria Seikosha del objeto de esta catalogación.
El reloj de bolsillo aquí descrito es una pieza producida por Seikosha, bajo la denominación comercial “Excellent”, y constituye un ejemplo plenamente representativo de la relojería japonesa de alta calidad en los primeros años de la década de 1920. Se trata de un reloj concebido no solo como instrumento de medición del tiempo, sino como objeto conmemorativo y simbólico, lo que queda claramente reflejado tanto en su configuración técnica como en las inscripciones grabadas en el interior de la tapa posterior.
En dicha tapa interior aparece, en primer lugar, una inscripción japonesa cuidadosamente grabada, dispuesta en varias líneas y ejecutada con un trazo limpio y formal, propio de encargos oficiales o corporativos. El texto puede interpretarse como una dedicatoria de reconocimiento por veinte años de servicio, una fórmula muy habitual en el Japón de la era Taishō para premiar la lealtad, constancia y antigüedad de un empleado o funcionario. Este tipo de relojes se ofrecían con frecuencia por parte de administraciones públicas, empresas industriales, compañías ferroviarias, instituciones financieras o corporaciones locales, y constituían un símbolo tangible de honor profesional y prestigio social. No se trata, por tanto, de una inscripción decorativa ni genérica, sino de una dedicatoria personalizada que sitúa al reloj dentro de la cultura japonesa del mérito y del compromiso laboral prolongado.
Bajo el texto japonés se encuentra el punzón SKS, acrónimo de Seikosha, utilizado por la manufactura como marca de identificación en movimientos y cajas durante este periodo. Este marcaje es fundamental para la datación, ya que corresponde a una fase concreta de la producción anterior a la plena estandarización de la marca Seiko como denominación global. Junto a este punzón aparece el número 94652, que actúa como número de serie. La secuencia numérica, de cinco cifras y sin prefijos adicionales, es coherente con las series utilizadas por Seikosha en los años inmediatamente anteriores al gran terremoto de Kantō de 1923. Este número no solo identifica individualmente el reloj, sino que permite situarlo cronológicamente con bastante precisión en el entorno de ese año, en un momento de plena madurez técnica de la manufactura.
Desde el punto de vista constructivo, la caja es metálica, de diseño sobrio y funcional, con bisagra trasera y tapa frontal protectora, siguiendo la tradición de los relojes de bolsillo destinados a un uso profesional y cotidiano. La corona y el aro presentan un diseño robusto, pensado para resistir un uso continuado, acorde con el carácter utilitario y fiable que Seikosha buscaba transmitir en sus modelos de calidad superior. El conjunto evidencia una fabricación cuidada, sin excesos ornamentales, pero con una clara voluntad de durabilidad.
La esfera, firmada EXCELLENT, refuerza esta idea de calidad interna más que de lujo ostentoso. La tipografía es clara y elegante, con numerales arábigos estilizados y minutería precisa, lo que facilita la lectura exacta de la hora. La presencia de pequeño segundero a las seis responde a una arquitectura clásica, muy extendida en relojes de bolsillo de precisión del periodo. Las agujas, de diseño sobrio y bien proporcionadas, están concebidas para ofrecer contraste y legibilidad, en consonancia con un reloj pensado para el uso diario de un profesional.
El movimiento mecánico, visible al abrir la tapa posterior, es de cuerda manual y responde a la arquitectura tradicional de Seikosha en esos años. Presenta platinas bien ajustadas, ruedas de gran diámetro y un tren de engranajes dimensionado para asegurar un suministro regular de energía. El acabado, aunque funcional, muestra un nivel de cuidado notable, con grabados sencillos y tornillería correctamente alineada, lo que indica un estándar industrial elevado. El regulador y el conjunto del órgano oscilante reflejan una etapa en la que la manufactura japonesa había alcanzado ya una notable autonomía técnica respecto a los modelos europeos, adaptándolos a sus propios criterios de fiabilidad y producción en serie controlada.
En conjunto, este reloj Seikosha “Excellent” debe entenderse como un objeto profundamente enraizado en su tiempo. La dedicatoria por veinte años de servicio lo vincula directamente a la cultura laboral japonesa de comienzos del siglo XX; la firma SKS y el número de serie lo sitúan en la fase final de la producción previa al terremoto de Kantō; y su configuración técnica revela un equilibrio entre tradición relojera y modernidad industrial. No es solo un reloj de bolsillo de calidad, sino un documento material que testimonia un Japón en plena transformación, justo antes de que un acontecimiento histórico traumático alterara de forma irreversible su tejido industrial y social.
HISTORIA O ANTECEDENTES DE LA MARCA O MAESTRO RELOJERO QUE REALIZÓ ESTE RELOJ:
La historia de Seikosha hasta Seiko es, en realidad, la historia de la industrialización del tiempo en Japón y de la transformación de un país que, en apenas un siglo, pasó de ser importador de relojes occidentales a convertirse en una de las grandes potencias relojeras del mundo. Todo comienza con la figura de Kintarō Hattori, nacido en 1860, un visionario que entendió muy pronto que la medición precisa del tiempo era un elemento esencial de la modernidad. En 1881, con tan solo veintiún años, fundó en Tokio un pequeño negocio dedicado a la reparación y venta de relojes importados. Aquel establecimiento, llamado K. Hattori, no fabricaba aún relojes, pero permitió a su fundador adquirir un profundo conocimiento técnico de la relojería europea y americana, así como de las expectativas del mercado japonés, todavía dependiente de productos extranjeros.
En 1892, Hattori dio el paso decisivo con la creación de Seikōsha, término que puede traducirse como “Casa de la Manufactura de Precisión”. El nombre no era casual: expresaba desde su origen una ambición industrial clara, basada en la precisión, la estandarización y la producción propia. En sus primeros años, Seikōsha se centró en la fabricación de relojes de pared, un producto muy demandado en un Japón que se modernizaba rápidamente durante la era Meiji. En 1895 llegó uno de los hitos fundamentales: la producción del primer reloj de bolsillo japonés, conocido como Timekeeper. Este reloj marcó el nacimiento efectivo de la relojería japonesa de precisión y situó a Seikōsha como la primera manufactura nacional capaz de competir, al menos en el ámbito doméstico, con los productos suizos y estadounidenses.
El desarrollo de los relojes de bolsillo fue clave para la consolidación técnica de Seikōsha. Durante las primeras décadas del siglo XX, la firma perfeccionó sus calibres, introdujo procesos industriales más avanzados y desarrolló una identidad propia, claramente influida por la relojería occidental pero adaptada a las necesidades y gustos japoneses. En este contexto surgieron distintas líneas y denominaciones comerciales —entre ellas las gamas de mayor calidad, como las conocidas en la documentación histórica como Excellent o Excellence— destinadas tanto al mercado civil como a encargos institucionales, educativos y conmemorativos, algo especialmente relevante en la cultura corporativa japonesa del periodo.
Un acontecimiento crucial fue el Gran Terremoto de Kantō de 1923, que devastó Tokio y destruyó por completo las instalaciones de Seikōsha. Lejos de significar el final, este desastre se convirtió en un punto de inflexión. La empresa reconstruyó sus fábricas con criterios industriales modernos, mejoró sus sistemas de control de calidad y reforzó su compromiso con la producción integral “in-house”. Ese mismo año apareció por primera vez el nombre Seiko en la esfera de un reloj, una abreviación moderna y comercial de Seikōsha que acabaría imponiéndose como marca global. El uso del término Seiko —“preciso” o “exquisito”— condensaba perfectamente la filosofía que Hattori quería proyectar hacia el futuro.
Durante las décadas de 1920 y 1930, Seikōsha amplió su producción a relojes de pulsera, sin abandonar los relojes de bolsillo, que siguieron siendo fundamentales en contextos profesionales, ferroviarios, académicos y administrativos. En 1913 ya había presentado el Laurel, considerado el primer reloj de pulsera fabricado en Japón, pero fue en el periodo de entreguerras cuando la empresa consolidó una producción diversificada y técnicamente madura. Tras la Segunda Guerra Mundial, Seikōsha se reorganizó en varias entidades industriales que, en 1947, darían lugar a Seiko Holdings, estructura corporativa que consolidó definitivamente el nombre Seiko como identidad global.
A partir de ese momento, Seiko heredó íntegramente el legado técnico, industrial y filosófico de Seikōsha. La obsesión por la precisión, la producción integrada —desde el volante hasta la caja— y la innovación constante se tradujeron en hitos históricos como el primer cronómetro japonés certificado, el liderazgo en relojes mecánicos de alta fiabilidad en los años cincuenta y sesenta, y, finalmente, la revolución del cuarzo con el Astron de 1969. Aunque este último acontecimiento pertenece ya a la historia plenamente moderna de Seiko, su raíz conceptual se encuentra claramente en la Seikōsha de finales del siglo XIX: una manufactura creada para dominar el tiempo mediante la técnica.
Desde una perspectiva museística e histórica, especialmente relevante para el estudio de los relojes de bolsillo, Seikōsha representa el eslabón fundacional de toda la relojería japonesa. Cada reloj de bolsillo firmado Seikōsha o en sus primeras versiones Seiko no es solo un instrumento de medición, sino un testimonio material de la transición de Japón hacia la modernidad industrial. Estos relojes encarnan la voluntad de un país de igualar y, más tarde, superar a Occidente en un terreno tan simbólico como el control preciso del tiempo, convirtiéndose en piezas de enorme valor histórico, técnico y cultural dentro de cualquier colección especializada.
FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES HISTÓRICAS DE LA ÉPOCA EN LA QUE SE UTILIZABA ESTE RELOJ:



1923 calles de Japón.
CALIBRE DEL RELOJ:
El calibre de este reloj es redondo a tres cuartos con puente de volante a la vista.
Los relojes de bolsillo abarcan una amplia gama de calibres, desde los más antiguos como el catalino el semicatalino a los básicos como el calibre Roskopf, hasta los más avanzados como el calibre tourbillon. Cada uno de estos calibres refleja diferentes enfoques para la medición del tiempo, adaptados a las necesidades tecnológicas, económicas y sociales de su época.
En relojería, el término calibre hace referencia al diseño o tipo de movimiento interno de un reloj, incluidas las dimensiones, disposición y componentes del mecanismo. En el caso de los relojes de bolsillo, hubo una amplia variedad de calibres desarrollados a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, adaptados a distintas necesidades y estilos.
TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:
El escape de este reloj es de Ancora.
En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.
El escape catalino (verge fusee escapement)
Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.
El escape semicatalino
Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.
El escape Duplex
este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo. En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora. Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación. Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante. Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas. El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo. Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.
El escape de cilindro
Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.
El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement)
Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.
El escape de detente o de cronómetro (detent escapement)
Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.
El escape de áncora inglés y el áncora suizo
El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (la áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.
Otros escapes menos comunes
En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.
TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:
El volante de este reloj es redondo con tornillos de compensación.
Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.
El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.
En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.
En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.
La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.
En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isocronía. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión.
HISTORIA DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:
La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.
Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.
Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.
En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.
En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.
Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.
En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.
Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.
Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactura que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.
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