Reloj de bolsillo religioso a llave en plata de ley, con profuso grabado de la Virgen con niño Jesús.
Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.528 JDBC.
DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ:
Siglo XIX,circa año 1.840.
NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:
Francia: los restos de Napoleón regresan a París en el “Retour des Cendres”.
Reino Unido: la reina Victoria se casa con el príncipe Alberto.
Primera Guerra del Opio: China firma el Tratado de Chuenpi con el Reino Unido.
Nueva Zelanda: se firma el Tratado de Waitangi y pasa a ser colonia británica.
Estados Unidos: se emite el primer sello postal del país.
Reino Unido: se introduce el “Penny Black”, primer sello postal adhesivo del mundo.
PAÍS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:
Francia.
DESCRIPCIÓN DEL RELOJ, FICHA TÉCNICA:
Estamos ante un reloj de bolsillo con un diámetro de 35,2 milímetros, francés y de motivo religioso, de cuerda a llave, realizado en plata de ley, datable circa 1840, que reúne de forma muy coherente espiritualidad, técnica relojera y estética propia del primer tercio del siglo XIX.
La esfera, en esmalte blanco sobre cobre convexo, responde al canon francés de la época: limpieza absoluta, ausencia de firma visible y una clara vocación funcional y simbólica. Presenta numeración romana esmaltada en negro, con minutería perimetral tipo muy fina. Las agujas de acero pavonado, de tipo Breguet temprano (aro abierto en la aguja de horas y minutos estilizados), aportan elegancia y una lectura precisa. El conjunto denota una producción cuidada, destinada a un usuario culto y probablemente vinculado al ámbito religioso o devocional.
La caja, íntegramente en plata maciza, es del tipo lepine sin tapa frontal pero si trasera, y muestra un desgaste homogéneo y honesto, compatible con el uso prolongado. El aro de suspensión es robusto, soldado, con carrura bien definida, típico de la relojería francesa anterior a la generalización de los sistemas de remontuar por corona. La apertura del reloj confirma el uso de llave tanto para la cuerda como para la puesta en hora, sistema dominante antes de la década de 1850.
En la tapa posterior, grabada con notable sensibilidad, se representa la Virgen con el Niño, una iconografía profundamente arraigada en la Francia del siglo XIX, especialmente en relojes concebidos como objetos personales de devoción. El grabado no es industrial ni seriado: se aprecia un trabajo manual, probablemente encargado ex profeso, lo que refuerza el carácter íntimo y religioso de la pieza. Este tipo de relojes no eran meros instrumentos de medición del tiempo, sino auténticos objetos de piedad portátil, habituales entre clérigos, órdenes religiosas o laicos especialmente devotos.
El movimiento, visible al abrir la tapa trasera, es un calibre francés clásico, con platina completa dorada, arquitectura simétrica y tornillería azulada. El órgano regulador se sitúa bajo un puente sencillo, con volante de gran diámetro, coherente con una época anterior a los grandes avances en cronometría de precisión. En la placa de características aparece grabada la inscripción “Cylindre – Huit Rubis”, indicando la presencia de un escape de cilindro con ocho rubíes, una configuración respetable y relativamente avanzada para su tiempo. El escape de cilindro, muy utilizado en Francia y Suiza en la primera mitad del siglo XIX, ofrecía una buena regularidad para relojes civiles, especialmente en piezas de uso cotidiano no destinadas a la navegación o a la alta precisión científica.
La indicación de ocho rubíes confirma un movimiento de calidad media-alta, superior a los modelos más básicos sin rubíes o con apenas dos, y pensado para garantizar menor fricción y mayor durabilidad. No se aprecia firma del fabricante, algo habitual en este periodo, cuando muchos relojes eran ensamblados por ébaucheurs y établisseurs locales y comercializados sin marca explícita, especialmente en relojes de carácter devocional.
En conjunto, este reloj constituye un ejemplo muy representativo de la relojería francesa religiosa de hacia 1840, donde conviven la tradición técnica del escape de cilindro, la artesanía en plata de ley y una fuerte carga simbólica cristiana. No es una pieza concebida para ostentación, sino para acompañar la vida espiritual y cotidiana de su propietario, integrando el paso del tiempo con la devoción, en una época en la que el reloj era también un objeto moral, íntimo y casi confesional.
HISTORIA O ANTECEDENTES DE LA MARCA O MAESTRO RELOJERO QUE REALIZÓ ESTE RELOJ:
Este reloj de bolsillo francés anónimo, de cuerda por llave, en plata de ley, con escape de cilindro y ocho rubíes, se sitúa con gran coherencia en la Francia de la década de 1830–1845, un periodo de transición técnica, social y cultural particularmente rico para la relojería europea.
La época: Francia entre tradición y modernidad (circa 1840)
Nos encontramos en plena Monarquía de Julio (1830–1848), bajo el reinado de Luis Felipe de Orleans, un tiempo marcado por la consolidación de la burguesía, el auge de las profesiones liberales y una religiosidad todavía muy presente en la vida cotidiana, especialmente tras el trauma de la Revolución Francesa y el Imperio. En este contexto, el reloj de bolsillo deja de ser un objeto exclusivo de la aristocracia y se convierte en un instrumento personal, íntimo, que acompaña al individuo en su vida moral, laboral y espiritual.
Técnicamente, es un momento anterior a la gran estandarización industrial que llegará a partir de 1850–1860. El sistema de cuerda por llave sigue siendo dominante, el escape de cilindro es el más extendido en Francia y Suiza para relojes civiles, y el número de rubíes empieza a utilizarse como argumento de calidad, aunque todavía no existe una normalización estricta.
Este reloj pertenece, por tanto, a una relojería preindustrial avanzada: ni artesanal pura del siglo XVIII, ni todavía plenamente industrial.
El anonimato como norma, no como excepción
La ausencia de firma no debe interpretarse como una carencia, sino como una característica estructural del sistema relojero francés del siglo XIX. En esta época, la mayoría de los relojes se producían mediante un sistema de trabajo distribuido, donde intervenían múltiples especialistas:
El ébaucheur, que realizaba la base del movimiento
El faiseur de rouages, encargado del tren de ruedas
El repasseur, que ajustaba y regulaba
El boîtier, responsable de la caja de plata
El graveur, que realizaba decoraciones e iconografía religiosa
El marchand-horloger, que vendía la pieza fina
En muchos casos, ninguno de ellos firmaba el reloj, o bien la firma se reservaba únicamente para grandes casas comerciales. El resultado era un objeto colectivo, fruto de un saber compartido, donde la calidad residía en la ejecución, no en la marca.
Los “maestros anónimos”: una élite silenciosa
Los auténticos protagonistas de este reloj son los llamados maestros anónimos: relojeros altamente cualificados, formados por tradición gremial, que dominaban su oficio con precisión casi académica, pero que trabajaban en la sombra.
Estos maestros no buscaban reconocimiento individual. Su prestigio se medía por:
La regularidad del movimiento
La durabilidad del escape
La limpieza del ajuste
La corrección del esmaltado
La solidez de la caja
El grabado “Cylindre – Huit Rubis” es, en este sentido, una declaración técnica suficiente: no importa quién lo hizo, sino cómo está hecho. Es una lógica radicalmente distinta a la del lujo contemporáneo, donde la marca eclipsa a menudo la técnica.
Reloj, religión y vida interior
La presencia de la Virgen con el Niño grabada en la tapa posterior no es decorativa: es programática. Este reloj se inscribe en la tradición de los relojes devocionales franceses, concebidos como objetos personales de piedad. El tiempo no se mide solo en horas, sino en una dimensión moral y espiritual.
En la Francia de 1840, este tipo de relojes eran habituales entre:
El reloj se convierte así en un objeto de conciencia, donde técnica, fe y vida cotidiana convergen.
Significado histórico del conjunto
Este reloj anónimo representa con gran pureza:
La relojería francesa previa al remontuar
El dominio del escape de cilindro
La cultura del trabajo colectivo
El valor del anonimato como excelencia
La función del reloj como objeto íntimo y moral
No es una pieza para deslumbrar, sino para durar. No proclama un nombre, sino un saber. No busca el escaparate, sino el bolsillo y la vida interior de su propietario.
En ese silencio —sin firma, sin alardes— reside precisamente su grandeza histórica.
FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES HISTÓRICAS DE LA ÉPOCA EN LA QUE SE UTILIZABA ESTE RELOJ:


CALIBRE DEL RELOJ:
El calibre de este reloj es redondo a puentes.
Los relojes de bolsillo abarcan una amplia gama de calibres, desde los más antiguos como el catalino el semicatalino a los básicos como el calibre Roskopf, hasta los más avanzados como el calibre tourbillon. Cada uno de estos calibres refleja diferentes enfoques para la medición del tiempo, adaptados a las necesidades tecnológicas, económicas y sociales de su época.
En relojería, el término calibre hace referencia al diseño o tipo de movimiento interno de un reloj, incluidas las dimensiones, disposición y componentes del mecanismo. En el caso de los relojes de bolsillo, hubo una amplia variedad de calibres desarrollados a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, adaptados a distintas necesidades y estilos.
TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:
El escape de este reloj es de cilindro.
En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.
El escape catalino (verge fusee escapement)
Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.
El escape semicatalino
Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.
El escape Duplex
este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo. En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora. Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación. Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante. Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas. El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo. Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.
El escape de cilindro
Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.
El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement)
Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.
El escape de detente o de cronómetro (detent escapement)
Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.
El escape de áncora inglés y el áncora suizo
El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (la áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.
Otros escapes menos comunes
En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.
TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:
El volante de este reloj es redondo.
Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.
El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.
En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.
En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.
La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.
En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isocronía. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión.
HISTORIA DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:
La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.
Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.
Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.
En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.
En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.
Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.
En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.
Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.
Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactura que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.
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