Reloj de bolsillo que homenajea a San Pío X (Giuseppe Sarto) de la marca   JWB, James William Benson, (proveedor de Casa Real Británica, Royal Navy y Vaticano). En su tapa posterior tiene un repujado de Pio X, producido por Lafargue & Salles. El encargo partió del entorno institucional del Vaticano, muy probablemente de la Secretaría de Estado o de un organismo vinculado a la Casa Pontificia o bien, de una monarquía católica europea que, en el contexto de 1903, deseó rendir homenaje al nuevo Papa, mediante un objeto de representación excepcional.

Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.520 JDBC.

DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ:

Siglo XX,circa año 1903.

NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:

Giuseppe Sarto es elegido Sumo Pontífice y toma el nombre de Pío X tras el fallecimiento de León XIII
El rey Eduardo VII consolida la Entente Cordiale con Francia, marcando un nuevo equilibrio político en Europa
Se inaugura oficialmente el ferrocarril transcontinental del Pacífico canadiense, impulsando el comercio imperial
Los hermanos Wright realizan el primer vuelo controlado de un aeroplano más pesado que el aire en Estados Unidos
Violentos disturbios antijudíos sacuden Kishinev, provocando alarma internacional por la persecución en Rusia
España conmemora el V aniversario del Desastre del 98 mientras debate reformas militares y coloniales

PAÍS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:

Anglo-suizo.

DESCRIPCIÓN DEL RELOJ:

La pieza que se presenta constituye un testimonio de extraordinario valor y relevancia histórica, así como artística, surgido de la confluencia entre la alta relojería británica de prestigio internacional y la orfebrería artística francesa de comienzos del siglo XX, en un momento particularmente significativo para la historia de la Iglesia católica. 

El reloj incorpora un movimiento firmado por James William Benson (J.W. Benson), una de las casas relojeras más reputadas del Reino Unido durante la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del XX. Establecida en enclaves emblemáticos de Londres como Ludgate Hill y Old Bond Street, la firma Benson fue proveedor reconocido de la Casa Real Británica, del Almirantazgo y de diversas casas reales europeas, gozando de una reputación basada en la precisión mecánica, la fiabilidad técnica y un elevado estatus social de sus clientes.

El reverso del reloj presenta una tapa en plata de ley ricamente repujada con un retrato en alto relieve del papa Pío X, acompañado de la inscripción “PIVS X · P.M.”, del escudo pontificio con la tiara y las llaves cruzadas, y de la fecha “augusti 1903”, elementos que sitúan con precisión la obra en el contexto inmediato de la elección pontificia del 4 de agosto de 1903. La utilización del latín, tanto en el nombre como en la fecha, refuerza el carácter oficial, solemne y plenamente eclesiástico de la pieza.

Desde el punto de vista artístico, el trabajo de repujado responde a una ejecución de altísimo nivel técnico, con una notable fidelidad fisonómica en el retrato papal y un tratamiento equilibrado de volúmenes, pliegues y expresión facial. En el perímetro inferior del retrato, integrada de forma discreta y no invasiva, aparece la firma “L & S”, realizada con un criterio de sobriedad que sugiere una autoría consciente del destino institucional y simbólico del objeto. Este tipo de firma contenida es coherente con las prácticas de talleres de orfebrería de prestigio, donde la autoría se afirma sin competir visualmente con el motivo principal.

La sigla L & S remite al taller Lafargue & Salles, activo en el ámbito de la orfebrería artística francesa a finales del siglo XIX y comienzos del XX, especialmente vinculado a trabajos de repujado y medallística de alta calidad. La escuela francesa y en particular la tradición regional del suroeste destacó por su dominio del retrato en metal y por la utilización de matrices de gran precisión, capaces de trasladar al relieve metálico una calidad cercana a la representación fotográfica. La presencia de esta firma refuerza el carácter de obra de autor del conjunto, alejándose de cualquier producción seriada.

Desde una perspectiva histórica, la combinación de un movimiento británico de primer orden con una caja conmemorativa de orfebrería francesa encaja plenamente en las prácticas habituales de las élites europeas del cambio de siglo, donde los relojes de alta gama eran frecuentemente personalizados para conmemoraciones concretas de carácter político, religioso o diplomático. Aunque no se conservan registros documentales directos que detallen el encargo específico de esta pieza, la coincidencia cronológica, la iconografía empleada y la calidad de ejecución asi como un reloj bueno, pero no excesivamente ostentoso permiten situar con verosimilitud en un entorno de alta jerarquía eclesiástica o institucional incluso un encargo para el propio Papa.

Desde el punto de vista académico y coleccionista, el reloj adquiere un interés singular al reunir una doble autoría claramente identificable: por un lado, J.W. Benson en la esfera y/o maquinaria, y por otro Lafargue & Salles en la caja repujada. Este tipo de piezas, resultado de colaboraciones entre disciplinas y tradiciones nacionales distintas, son especialmente valoradas por su rareza y por su capacidad para documentar redes reales de intercambio artístico y comercial en la Europa de principios del siglo XX. 

La desaparición de buena parte de los archivos de J.W. Benson especialmente tras los bombardeos sufridos en Londres durante la Segunda Guerra Mundial otorga a ejemplares como este una dimensión adicional como fuentes materiales primarias, fundamentales para el estudio de la relojería histórica y de sus vínculos con otros oficios artísticos.

En conjunto, nos encontramos ante un reloj que trasciende su función utilitaria para convertirse en un objeto conmemorativo, histórico y artístico de primer orden, representativo de un momento clave del pontificado moderno y de la excelencia artesanal europea en torno a 1903.

Este reloj las agujas negras no son una casualidad pues el reloj no solo conmemora el nombramiento de un nuevo pontífice, Pío X, sino que incorpora de manera deliberada un lenguaje simbólico propio del ceremonial católico de comienzos del siglo XX, en el que la celebración y el duelo podían coexistir dentro de un mismo objeto. La presencia de agujas negras un detalle que podría parecer menor desde una lectura puramente técnica adquiere aquí un significado plenamente coherente con el contexto histórico y litúrgico del momento.

En agosto de 1903, la elección de Pío X se produjo inmediatamente después del fallecimiento de su predecesor, el papa León XIII, cuya muerte, ocurrida el 20 de julio de ese mismo año, había sumido al Vaticano en el período de Sede Vacante y de luto oficial. Durante este intervalo, la Iglesia mantenía una estricta codificación visual y ceremonial: el color negro se asociaba al duelo, a la sobriedad y a la memoria del pontífice fallecido, incluso cuando el nuevo papa ya había sido elegido. Este equilibrio entre continuidad y ruptura se reflejaba no solo en la liturgia, sino también en objetos conmemorativos destinados a marcar la transición.

Pio X

En este contexto, las agujas negras del reloj pueden interpretarse como un gesto simbólico de duelo respetuoso, un recordatorio permanente del papa difunto que precede y da sentido histórico al inicio del nuevo pontificado. Lejos de contradecir el carácter celebratorio del conjunto, este detalle lo enriquece conceptualmente, subrayando la idea de que el tiempo de la Iglesia no se reinicia, sino que se transmite de un pontífice a otro. El reloj, como instrumento de medición del tiempo, se convierte así en un soporte idóneo para expresar esta continuidad institucional.

Desde el punto de vista de la relojería histórica, el uso de agujas negras era frecuente en piezas de carácter solemne o conmemorativo, especialmente cuando se buscaba una lectura austera y grave, alejada de cualquier ostentación cromática. En este caso concreto, el contraste entre la sobriedad de las agujas y la riqueza simbólica del reverso con el retrato de Pío X, el escudo pontificio y la fecha “augusti 1903” refuerza la dualidad del mensaje: homenaje al pasado inmediato y afirmación del presente.

Así, el reloj puede leerse como un objeto de transición, profundamente consciente de su tiempo histórico: celebra el inicio del pontificado de Pío X, pero lo hace sin olvidar al papa que acaba de desaparecer, integrando el luto dentro del propio diseño funcional. Este equilibrio entre memoria, respeto y renovación convierte a la pieza en un testimonio material excepcional del modo en que la Iglesia y sus élites culturales entendían el paso del tiempo, la sucesión apostólica y la dignidad del cargo pontificio a comienzos del siglo XX.

ENCARGO PROFESIONAL PARA LA CONSTRUCCIÓN DE ESTE RELOJ.

El reloj de bolsillo dedicado a San Pío X (Giuseppe Sarto) y fechado explícitamente en agosto de 1903 debe ser interpretado, por su propia naturaleza material, simbólica e institucional, no como un objeto devocional privado, sino como una pieza de encargo oficial vinculada a los círculos de poder de la Iglesia y de la diplomacia europea de comienzos del siglo XX. La conjunción de factores que concurren en este reloj —autoría relojera, taller orfebre, iconografía, lenguaje simbólico y cronología— lo sitúan fuera de cualquier producción comercial ordinaria y lo inscriben plenamente en la cultura del regalo institucional y de la representación política del pontificado.

 En primer lugar, la elección de J.W. Benson, proveedor reconocido de la Casa Real Británica, de la Royal Navy y de altas instancias internacionales, no responde a criterios de mercado ni a una preferencia estética casual, sino a una voluntad deliberada de recurrir a una casa relojera de prestigio internacional, asociada a la fiabilidad técnica, a la sobriedad formal y a la neutralidad diplomática que ofrecía Londres como centro productor. Benson no realizaba piezas conmemorativas de este nivel sin un encargo explícito, documentado y solvente, y menos aun cuando se trataba de un homenaje directo a un pontífice recién elegido. A ello se suma la intervención del taller parisino Lafargue & Salles, especializado en repujados oficiales, medallas y encargos institucionales para Estados, casas reales y organismos eclesiásticos, cuya firma estilística se reconoce en la calidad escultórica del retrato, en la sobriedad del tratamiento facial y en la ausencia de elementos sentimentales o devocionales propios de la imaginería popular. El retrato de Pío X se presenta con un lenguaje iconográfico de autoridad y dignidad, coherente con la tradición de la medalla oficial, reforzado por la inscripción “PIVS X P.M.” y por la mención cronológica precisa de su elección, lo que remite inequívocamente a un acontecimiento histórico de Estado y no a una memoria privada.

Todo ello permite sostener, con un alto grado de plausibilidad histórica, que el encargo partió del entorno institucional del Vaticano muy probablemente de la Secretaría de Estado o de un organismo vinculado a la Casa Pontificia o bien de una monarquía católica europea que, en el contexto de 1903, deseó rendir homenaje al nuevo Papa mediante un objeto de representación excepcional. En ambos casos, el reloj habría funcionado como regalo diplomático, símbolo de legitimidad y manifestación tangible de adhesión al nuevo pontificado, siguiendo una práctica bien documentada en la cultura política de la época. No se trata, por tanto, de un reloj “sobre” Pío X, concebido para el consumo devocional, sino de un reloj “desde” el poder, destinado a circular en los niveles más altos de la jerarquía eclesiástica o diplomática, donde el tiempo, la precisión mecánica y la excelencia artística se convertían en metáforas de orden, continuidad y autoridad. En este sentido, la pieza debe ser leída como un objeto histórico de primer orden, situado en la intersección entre relojería de élite, orfebrería oficial y representación simbólica del poder pontificio en la Europa de comienzos del siglo XX.

HISTORIA O ANTECEDENTES DE LA MARCA O MAESTRO RELOJERO QUE REALIZÓ ESTE RELOJ:

Las siglas JWB, presentes en relojes de bolsillo de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, corresponden a la casa suiza J. W. Benson, una de las firmas más prestigiosas del ámbito relojero anglo-suizo de la época. Siendo el propio fundador James William Benson quien registrara su propia marca el 12 de diciembre del año 1884. 

Como empresa dedicada a la manufactura y ensamblaje de relojes J. W. B (James William Benson) fue fundada en Londres en 1847 (mucho antes de ser registrada como marca), pero como muchas casas británicas de alta calidad, mandaba fabricar sus movimientos en Suiza principalmente en el Jura y los ensamblaba, ajustaba y comercializaba bajo su propia marca para el mercado británico y colonial. Por ello, en relojes de bolsillo de este periodo es habitual encontrar solo las iniciales “JWB” punzonadas en el movimiento o en la tapa interior, sin el nombre completo, especialmente en piezas destinadas a exportación o a contratos específicos, como es este reloj.

Desde un punto de vista técnico e histórico, los relojes JWB se caracterizan por los movimientos suizos de alta calidad, frecuentemente de escape de áncora y, en modelos algo anteriores, también de cilindro. Cajas en plata de ley u oro, muchas veces contrastadas para el mercado británico. Producción situada cronológicamente entre 1880 y 1915 para la mayoría de los relojes de bolsillo con estas siglas. Prestigio institucional: J. W. Benson fue proveedor de la Casa Real británica y de la Royal Navy así como del Vaticano, lo que refuerza el valor histórico de las piezas marcadas por JWB.

FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES HISTÓRICAS DE LA ÉPOCA EN LA QUE SE UTILIZABA ESTE RELOJ:

Pio X

CALIBRE DEL RELOJ:

El calibre de este reloj es redondo a puentes estilo revolver.

Los relojes de bolsillo abarcan una amplia gama de calibres, desde los más antiguos como el catalino el semicatalino a los básicos como el calibre Roskopf, hasta los más avanzados como el calibre tourbillon. Cada uno de estos calibres refleja diferentes enfoques para la medición del tiempo, adaptados a las necesidades tecnológicas, económicas y sociales de su época.

En relojería, el término calibre hace referencia al diseño o tipo de movimiento interno de un reloj, incluidas las dimensiones, disposición y componentes del mecanismo. En el caso de los relojes de bolsillo, hubo una amplia variedad de calibres desarrollados a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, adaptados a distintas necesidades y estilos.

TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:

El escape de este reloj es de cilindro.

En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.

El escape catalino (verge fusee escapement)

Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.

El escape semicatalino

Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.

El escape Duplex 

este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo. En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora. Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación. Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante. Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas.

El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo. Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.

El escape de cilindro

Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.

El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement)

Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.

El escape de detente o de cronómetro (detent escapement)

Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.

El escape de áncora inglés y el áncora suizo

El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (el áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.

Otros escapes menos comunes

En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada, pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.

TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:

El volante de este reloj es anular plano.

Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.

El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.

En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.

En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.

La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.

En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isócrona. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión.

HISTORIA DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:

La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.

Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.

Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.

En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.

En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.

Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.

En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.

Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.

Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactura que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.

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