Reloj de bolsillo Goliath de precisión con movimiento suizo e inventariado por la administración militar alemana. Segunda Guerra Mundial (ca. 1939–1945). Marcajes originales: águila estatal, nº 199472, código M 1144 H e inscripción I.Kl. (I. Klasse, “Primera Clase”). El significado administrativo exacto de las letras M y H continúa siendo objeto de investigación historiográfica.

Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.598 JDBC.

DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ:

Siglo XX, circa año 1939-1945.

NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:

Alemania invade Polonia y comienza un nuevo conflicto europeo, las tropas cruzan la frontera oriental al amanecer.

Francia capitula y las fuerzas alemanas entran en París tras la rápida campaña del oeste.
Alemania inicia la Operación Barbarroja y el frente oriental se abre con una ofensiva masiva hacia la Unión Soviética.
Batalla de Stalingrado se intensifica mientras el invierno y los combates urbanos marcan un punto crítico en el frente oriental.
Desembarco aliado en Normandía abre un nuevo frente en Europa occidental contra las fuerzas alemanas.
Alemania anuncia la capitulación militar en mayo de 1945 poniendo fin a la guerra en Europa.

PAÍS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:

Suiza para el mercado alemán.

DESCRIPCIÓN DEL RELOJ, FICHA TÉCNICA:

Reloj Goliath de precisión con movimiento suizo e inventariado militar alemán. Estudio histórico, técnico e historiográfico

La historia de la relojería militar del siglo XX constituye un magnífico ejemplo de la estrecha relación existente entre la ingeniería mecánica, la organización administrativa de los Estados y las necesidades operativas de los ejércitos modernos. Durante la Segunda Guerra Mundial, la medición precisa del tiempo resultó esencial para la navegación, las transmisiones, la coordinación ferroviaria, la dirección de tiro, la sincronización de unidades y el funcionamiento de innumerables servicios técnicos. En consecuencia, las administraciones militares no sólo fabricaron relojes propios, sino que también incorporaron a sus sistemas logísticos instrumentos civiles de elevada calidad, sometiéndolos posteriormente a procedimientos oficiales de recepción, inventariado y clasificación.

El ejemplar objeto del presente estudio constituye un extraordinario testimonio de dicho proceso. Se trata de un reloj de bolsillo de gran formato, perteneciente a la categoría tradicionalmente conocida como Goliath, con un diámetro de ocho centímetros, dimensión muy superior a la habitual de los relojes de bolsillo convencionales. Estas dimensiones no obedecían únicamente a criterios estéticos, sino a necesidades eminentemente funcionales. El amplio diámetro permitía alojar movimientos de gran tamaño, con volantes de mayor inercia, espirales más largas y trenes de engranajes especialmente robustos, características que favorecían una mayor estabilidad de marcha y una excelente legibilidad, cualidades especialmente apreciadas en aplicaciones técnicas y militares.

La esfera, realizada en esmalte blanco, presenta numeración arábiga de gran tamaño, segundero subsidiario a las seis horas y agujas de acero azulado, todo ello concebido para facilitar una lectura rápida incluso en condiciones de iluminación desfavorables. En su parte superior figura esmaltado el número 1144, elemento cuya importancia resulta capital para comprender el sistema administrativo aplicado a este reloj.

El examen directo del movimiento confirma de manera inequívoca su fabricación suiza, circunstancia acreditada por la inscripción “Swiss Made” grabada sobre la platina. La arquitectura del calibre responde plenamente a los grandes movimientos helvéticos destinados a relojes Goliath de alta calidad, caracterizados por su construcción robusta, su amplia platina dorada y un volante de generosas dimensiones. No se observan en el mecanismo punzones militares alemanes, marcas de aceptación oficiales ni numeraciones administrativas propias de la administración germana. Este hecho reviste una gran importancia historiográfica, ya que permite sostener con elevado grado de probabilidad que la administración militar alemana no fabricó el reloj, sino que adquirió un ejemplar comercial suizo de elevada calidad para incorporarlo posteriormente a su propio sistema logístico mediante un proceso oficial de inventariado. Esta práctica se encuentra ampliamente documentada en numerosos instrumentos de precisión utilizados por Alemania durante la primera mitad del siglo XX. Aunque la industria relojera alemana producía excelentes relojes, la reconocida calidad de la relojería suiza llevó a las autoridades alemanas a adquirir movimientos y relojes completos fabricados en Suiza cuando las exigencias técnicas así lo aconsejaban.

La tapa posterior constituye el elemento de mayor interés documental de la pieza. En ella aparece aplicado el águila nacional alemana (Reichsadler) utilizada oficialmente por el Estado alemán durante el periodo nacionalsocialista. El examen del relieve, de la pátina superficial y de la ejecución del grabado permite apreciar características compatibles con una intervención de época realizada manualmente, circunstancia especialmente relevante desde el punto de vista de la autenticidad histórica.

Bajo el águila figura el número 199472, seguido por la inscripción M 1144 H y, finalmente, por la abreviatura I.Kl.. La interpretación de este conjunto constituye el aspecto más interesante y, al mismo tiempo, el que exige una mayor prudencia metodológica.

El número 199472 debe interpretarse razonablemente como un número patrimonial o de inventario asignado por la administración militar responsable de la recepción del instrumento. No existen elementos que permitan identificarlo con el número de fabricación del reloj, ya que los números de serie del fabricante suelen encontrarse grabados en el propio movimiento o en el interior de la caja. Todo indica que se trata de un número administrativo destinado al control individual del instrumento dentro del sistema logístico militar.

Especial relevancia presenta la repetición del número 1144 tanto en la esfera como en la tapa posterior. Esta coincidencia difícilmente puede atribuirse al azar. Desde un punto de vista técnico constituye un sólido indicio de que la esfera y la caja permanecieron asociadas desde su incorporación al servicio. Durante las operaciones de limpieza, reparación o ajuste realizadas en talleres especializados, la repetición del número permitía evitar el intercambio accidental de componentes entre distintos relojes, garantizando así la trazabilidad administrativa del instrumento. En consecuencia, puede afirmarse con un elevado grado de probabilidad que el número 1144 representaba el identificador interno asignado al reloj dentro del sistema de control empleado por la administración receptora.

Más compleja resulta la interpretación de la inscripción M 1144 H. Tradicionalmente, diversos investigadores y coleccionistas han interpretado la letra M como posible abreviatura de Marine, hipótesis compatible con determinados sistemas de inventario empleados sobre instrumentos de uso naval alemán. Sin embargo, hasta el momento no ha podido localizarse una disposición reglamentaria o documento oficial que confirme expresamente dicho significado para este concreto sistema de marcaje. En consecuencia, aunque la hipótesis resulta plenamente razonable desde un punto de vista histórico, debe presentarse como una interpretación probable y no como una certeza documental.

La letra H, situada al final de la inscripción, plantea un problema historiográfico semejante. La bibliografía especializada interpreta de forma prácticamente unánime la letra H presente en los conocidos relojes militares alemanes marcados D…H como una referencia al Heer, es decir, al Ejército de Tierra alemán. Asimismo, se conocen otros materiales logísticos del periodo que presentan la letra H integrada en sus sistemas administrativos de identificación. Sin embargo, el reloj objeto de este estudio no responde al patrón clásico D…H, sino al sistema M…H, circunstancia que impide trasladar automáticamente el significado de un modelo de marcaje al otro. La coincidencia resulta suficientemente significativa como para plantear la hipótesis de que la H pudiera igualmente guardar relación con el Heer o con algún organismo dependiente de éste; no obstante, en ausencia de documentación reglamentaria específica, dicha interpretación debe mantenerse como una hipótesis razonada pendiente de confirmación archivística.

La inscripción I.Kl. ofrece un mayor grado de seguridad interpretativa. En la terminología administrativa alemana constituye la abreviatura habitual de I. Klasse o Erste Klasse, es decir, Primera Clase. Se trata de una expresión ampliamente utilizada por la administración alemana para indicar una clasificación de primera categoría. Sin embargo, la documentación actualmente conocida no permite determinar si dicha clasificación hacía referencia a la precisión cronométrica del mecanismo, a la calidad constructiva, al procedimiento de recepción administrativa o a cualquier otra clasificación interna. Resultaría metodológicamente incorrecto afirmar que el reloj fue certificado como cronómetro de observatorio o sometido a ensayos oficiales de precisión sin disponer de la correspondiente documentación primaria. Lo que sí puede sostenerse con fundamento es que el reloj fue clasificado administrativamente como instrumento de Primera Clase dentro del sistema empleado por la administración militar.

La aparición documentada de otros relojes con una estructura de marcajes prácticamente idéntica —águila oficial, número patrimonial, código iniciado por la letra M e inscripción I.Kl.— reviste una importancia extraordinaria. Esta repetición demuestra que no nos encontramos ante una inscripción individual o improvisada, sino ante un procedimiento administrativo repetido sobre diversos instrumentos de precisión. Precisamente esta circunstancia constituye uno de los principales argumentos en favor de la autenticidad histórica del conjunto y abre una prometedora línea de investigación destinada a reconstruir el sistema de recepción e inventariado utilizado por el organismo militar responsable.

Las dimensiones del reloj constituyen igualmente un elemento digno de consideración. Un reloj Goliath de ocho centímetros no resulta especialmente cómodo para el porte personal cotidiano, pero sí ofrece extraordinarias ventajas para servicios donde la rápida lectura de la hora y la estabilidad de marcha tenían prioridad sobre la portabilidad. En consecuencia, sin que pueda afirmarse documentalmente un destino concreto, resulta razonable plantear la hipótesis de que instrumentos de estas características pudieron destinarse a oficinas técnicas, puestos de mando, estaciones de transmisiones, talleres militares, centros logísticos, instalaciones ferroviarias, observatorios o dependencias administrativas donde la precisión horaria desempeñaba un papel esencial.

En definitiva, el presente ejemplar representa una pieza de notable interés histórico por reunir en un mismo instrumento tres elementos de gran relevancia: un movimiento suizo de alta calidad, un reloj Goliath de gran formato y un sistema administrativo alemán de inventariado cuya estructura resulta perfectamente reconocible, aunque todavía no completamente descifrada. El análisis realizado permite afirmar con razonable seguridad que el número 1144 constituye el identificador interno del instrumento dentro del sistema administrativo empleado, que I.Kl. corresponde a la clasificación Primera Clase y que el número 199472 responde muy probablemente al número patrimonial asignado por la administración militar. Por el contrario, el significado preciso de las letras M y H continúa siendo objeto de investigación. Las interpretaciones que las relacionan respectivamente con Marine y Heer resultan verosímiles y compatibles con otros sistemas de marcaje conocidos, pero deben considerarse, por el momento, hipótesis historiográficas fundamentadas y no conclusiones definitivamente demostradas. Lejos de disminuir el interés de la pieza, esta circunstancia la convierte en un valioso documento para futuras investigaciones sobre los procedimientos de adquisición, clasificación e inventariado de instrumentos de precisión utilizados por la administración militar alemana durante la Segunda Guerra Mundial.

DESCRIPCIÓN DE LA MARCA DEL RELOJ:

La producción suiza de relojes de precisión para la administración militar alemana durante la Segunda Guerra Mundial: anonimato industrial, neutralidad y excelencia técnica

Uno de los capítulos más complejos y, al mismo tiempo, menos conocidos de la historia de la relojería del siglo XX es el papel desempeñado por la industria suiza durante la Segunda Guerra Mundial. La tradicional imagen de una Suiza completamente ajena al conflicto no refleja con exactitud la realidad económica del periodo. La Confederación Helvética mantuvo oficialmente su neutralidad, pero esa neutralidad no significó aislamiento industrial. Su privilegiada industria relojera continuó produciendo millones de movimientos y relojes destinados tanto al mercado civil como a contratos oficiales suscritos con distintos países beligerantes, entre ellos Alemania y las potencias aliadas. (Manchester Hive⁠)

Cuando comenzó la guerra, Alemania poseía una importante industria relojera propia, con fabricantes de reconocido prestigio como Junghans, Laco, Stowa, Kienzle o A. Lange & Söhne. Sin embargo, las crecientes necesidades militares superaron pronto la capacidad de producción nacional. La economía alemana destinó progresivamente una parte importante de su industria de precisión a la fabricación de armamento, espoletas, instrumentos ópticos y equipos aeronáuticos, reduciendo la disponibilidad de recursos para la producción de relojes. Esta circunstancia obligó a la administración militar a recurrir nuevamente a la industria relojera suiza, cuya reputación internacional en materia de precisión era incuestionable. (Helvetia Watches⁠)

Lejos de constituir una excepción, el suministro de relojes suizos a Alemania formó parte de una política comercial mucho más amplia. Diversos fabricantes helvéticos suministraron relojes o movimientos tanto a Alemania como a otros países enfrentados entre sí. Empresas como IWC, Longines, Zenith, Alpina, Glycine, Helvetia, Revue, Moeris, Doxa, Cortebert y otras muchas aparecen documentadas como proveedoras de diferentes administraciones militares durante aquellos años. La neutralidad suiza permitía legalmente mantener relaciones comerciales con ambos bloques, aunque dichas operaciones estuvieron sometidas a crecientes limitaciones derivadas de la evolución del conflicto y de las dificultades para el abastecimiento de materias primas. (Omega Watch Forums⁠)

Una característica especialmente interesante de estos suministros fue el frecuente anonimato industrial. Numerosos relojes destinados al servicio militar no mostraban en la esfera el nombre del fabricante o lo hacían de forma extremadamente discreta. En muchos casos únicamente el movimiento conservaba la identificación del productor, mientras que la caja era posteriormente marcada por la administración receptora mediante números de inventario, emblemas oficiales o códigos administrativos. Desde un punto de vista logístico, el interés principal no residía en la marca comercial sino en la uniformidad del suministro, la facilidad del mantenimiento y la precisión del instrumento. El reloj dejaba así de ser un producto comercial para convertirse en patrimonio del Estado.

Esta práctica explica por qué hoy aparecen relojes militares aparentemente anónimos cuya verdadera procedencia sólo puede determinarse mediante el estudio del calibre, de la arquitectura del movimiento o de los punzones internos de fabricación. En numerosas ocasiones, el fabricante suizo quedaba prácticamente oculto tras los marcajes administrativos aplicados por la administración militar alemana una vez recibido el instrumento.

Especial relevancia adquirió la industria suiza de movimientos o ébauches, organizada desde el periodo de entreguerras alrededor de grandes fabricantes especializados que suministraban mecanismos a numerosas marcas diferentes. Un mismo movimiento podía ser adquirido por distintos ensambladores y terminar instalado en relojes comercializados bajo marcas completamente distintas o incluso sin identificación visible. Esta estructura industrial explica la enorme diversidad de relojes aparentemente diferentes que comparten exactamente el mismo mecanismo de fabricación suiza. (Wikipedia⁠)

Desde un punto de vista estrictamente técnico, la elección de movimientos suizos respondía a criterios objetivos. La relojería helvética había alcanzado un elevado grado de estandarización industrial y producía mecanismos de extraordinaria robustez, capaces de soportar largas jornadas de funcionamiento con una estabilidad de marcha muy superior a la de numerosos competidores internacionales. Los grandes movimientos destinados a relojes de bolsillo de precisión, especialmente los conocidos como Goliath, incorporaban volantes de considerable diámetro, trenes de engranajes robustos y reguladores especialmente sensibles, cualidades muy apreciadas para aplicaciones militares donde la sincronización temporal constituía un requisito operativo.

La administración militar alemana desarrolló posteriormente sus propios sistemas de recepción e inventariado. Una vez incorporado al patrimonio estatal, el reloj recibía habitualmente números patrimoniales, códigos administrativos, emblemas oficiales y marcas de aceptación cuya finalidad era garantizar el control individual de cada instrumento durante toda su vida útil. En muchos casos, estos marcajes resultan hoy más relevantes para la investigación histórica que la propia marca comercial del reloj, ya que permiten reconstruir los procedimientos administrativos utilizados por la organización militar receptora.

Conviene señalar que la investigación sobre estos sistemas de marcaje continúa abierta. Algunas designaciones militares alemanas se encuentran perfectamente documentadas, mientras que otras siguen planteando interrogantes historiográficos. Precisamente por ello, el estudio comparativo de relojes conservados en colecciones públicas y privadas, unido al análisis de la documentación archivística, continúa proporcionando nuevos datos sobre la organización logística de la administración militar alemana durante la Segunda Guerra Mundial.

En definitiva, la producción suiza destinada a Alemania constituye uno de los ejemplos más significativos de la interacción entre neutralidad política, excelencia industrial y necesidades militares. La industria relojera helvética no fabricó relojes “nazis” en sentido ideológico, sino instrumentos de precisión comercializados dentro de un complejo contexto económico y diplomático, posteriormente incorporados por la administración militar alemana a sus propios sistemas de inventario y control. Esta realidad histórica explica por qué numerosos relojes militares conservan movimientos suizos de extraordinaria calidad acompañados de marcajes administrativos alemanes, convirtiéndose hoy en valiosos testimonios materiales de una de las facetas menos conocidas de la historia de la relojería y de la logística militar europea del siglo XX.

DESCRIPCIÓN DE LA TAPA POSTERIOR Y SUS NUMERACIONES Y LOGO 

La tapa posterior de este reloj dispone de la clásica águila con alas extendidas majestuosamente en relieve demostrando la fuerza del águila sobre una corona profusamente decorada con hojas de roble (Eichenlaub Kranz en alemán) y en su centro se ha dispuesto de una esvástica. En la parte posterior cuando se desmontó el reloj para su restauración y limpieza vimos en el interior del águila un sello grabado con el marcaje de propiedad estatal alemán utilizado entre 1935 y 1945. En relojes e instrumentos oficiales indicaba que el objeto pertenecía al Estado y formaba parte de material militar reglamentario.

Fotografía: Este sello por impresión mecánica en la parte interior de la corona con esvástica indicaba que el objeto pertenecía al Estado y formaba parte del material militar reglamentario.

La pieza mostrada corresponde a una insignia alemana fabricada a impresión sobre latón conocida en la terminología histórica como Hoheitsabzeichen, es decir, emblema nacional o emblema de soberanía utilizado en uniformes y objetos  del Estado alemán durante el periodo comprendido aproximadamente entre 1935 y 1945. Estos emblemas  formaban parte del sistema visual de identificación adoptado por el Estado alemán en la década de 1930, cuando el águila imperial estilizada pasó a convertirse en símbolo oficial colocado en relojes de bolsillo, gorras, guerreras, prendas de campaña,cantimploras  y diversos elementos del uniforme militar, administrativo y otros. El diseño presenta un águila con las alas extendidas posada sobre una corona circular en cuyo interior aparece la esvástica, símbolo estatal utilizado por Alemania en ese periodo histórico. El águila representaba la autoridad del Estado alemán, retomando una tradición iconográfica que se remontaba al Sacro Imperio Romano Germánico y que continuó en el Imperio alemán del siglo XIX y en la República de Weimar, aunque con diseños diferentes. Durante el periodo de 1935 a 1945 el águila fue rediseñada con una estética más geométrica y estilizada, adaptada a los uniformes militares y a la producción industrial en serie. 

En la parte posterior de la corona con esvástica del águila del tercer Reich (Reichsadler) al desmontar el reloj se visualiza el punzonado “GES. GESCH.”, abreviatura de la expresión alemana Gesetzlich Geschützt, que significa “legalmente protegido”. Este tipo de marcaje no indica el fabricante concreto de la insignia, sino que señala que el diseño estaba protegido por la legislación alemana de propiedad industrial. Durante las décadas de 1930 y 1940 este marcaje aparece con gran frecuencia en insignias militares, condecoraciones, placas de identificación y otros objetos metálicos producidos para el Estado. Su presencia era común en piezas fabricadas en grandes series por distintos talleres metalúrgicos, ya que el diseño general del emblema estaba registrado y protegido legalmente. Por este motivo, muchas insignias de uniforme de este tipo no llevan el nombre del fabricante, puesto que podían producirse en diferentes fábricas que trabajaban bajo contratos estatales.

Desde el punto de vista material y técnico, la pieza parece realizada mediante estampación en aluminio o aleación ligera. Este procedimiento consistía en troquelar una lámina metálica mediante matrices de acero grabadas con el diseño del águila, produciendo el relieve del plumaje y los detalles del emblema en una sola operación de prensado fuerte. El aluminio se convirtió en uno de los materiales más utilizados para insignias militares a partir de mediados de la década de 1930, ya que era ligero, resistente a la corrosión y permitía una producción rápida en grandes cantidades. Entre aproximadamente 1936 y 1942 el aluminio fue el material predominante en muchas insignias de uniforme, aunque en los años posteriores de la guerra se sustituyó en ocasiones por zinc u otras aleaciones debido a la escasez de materias primas. En fases anteriores a la adopción masiva del aluminio también se produjeron insignias en latón, especialmente en modelos destinados a uniformes de mayor calidad o a tiradas iniciales de fabricación. El latón era apreciado por su resistencia y por permitir un acabado más definido en el troquelado, aunque resultaba más pesado y costoso.

La fabricación de estas insignias se concentraba principalmente en regiones alemanas con larga tradición metalúrgica, especialmente en la ciudad de Lüdenscheid, en Renania del Norte-Westfalia. Desde finales del siglo XIX esta localidad se había convertido en uno de los principales centros europeos de producción de medallas, botones, insignias y artículos metálicos para uniformes y otros enseres militares  alemanes. Numerosas empresas especializadas en troquelado de metales trabajaban allí produciendo condecoraciones militares, insignias corporativas, placas conmemorativas y emblemas oficiales. Entre las empresas más conocidas del sector se encontraba la firma Steinhauer & Lück, fundada en 1889 en Lüdenscheid. Esta empresa inició su actividad fabricando medallas conmemorativas y distintivos institucionales mediante técnicas de estampación en latón y alpaca. Con el paso del tiempo amplió su producción a insignias de asociaciones, medallas deportivas y condecoraciones oficiales. Durante la primera mitad del siglo XX la empresa se convirtió en uno de los principales fabricantes alemanes de condecoraciones e insignias, participando en la producción de numerosos distintivos militares mediante contratos con el Estado.

El proceso de fabricación de estas insignias implicaba varias etapas industriales. En primer lugar se diseñaba el modelo del águila en una matriz de acero grabada con gran precisión. Posteriormente una lámina metálica de latón, aluminio o zinc se colocaba en una prensa mecánica que estampaba el relieve del emblema mediante presión. Tras el troquelado se realizaban procesos de recorte, pulido y acabado superficial, que podían incluir plateado, anodizado o tratamientos de envejecimiento. Finalmente se añadían los sistemas de fijación, normalmente pequeñas patillas metálicas o ganchos soldados en la parte posterior, que permitían coser o sujetar la insignia al uniforme o bien lisas para adosar o pegar. Este sistema de producción industrial permitía fabricar miles de piezas con gran uniformidad, lo que era esencial para abastecer a las fuerzas armadas y a las distintas instituciones estatales.

En términos cronológicos, las características materiales de la pieza y el uso del aluminio apuntan a una fabricación aproximada entre mediados de la década de 1930 y los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente entre 1936 y 1942. Durante ese periodo el aluminio fue ampliamente utilizado en insignias de uniforme debido a su ligereza y facilidad de producción. A medida que la guerra avanzó y las materias primas escasearon, muchas insignias comenzaron a fabricarse en zinc o en aleaciones más económicas. Tras el final del conflicto en 1945, la producción de este tipo de insignias cesó completamente y muchas de las empresas metalúrgicas dedicadas a su fabricación desaparecieron o reconvirtieron su actividad hacia la producción civil. Algunas, sin embargo, continuaron trabajando en la fabricación de medallas conmemorativas, insignias institucionales y objetos metálicos decorativos, manteniendo la tradición industrial que durante décadas había caracterizado a regiones como Lüdenscheid.

Desde el punto de vista histórico, estas insignias constituyen hoy objetos de estudio dentro de la historia del uniforme y objetos militares y de la producción industrial de insignias metálicas en Europa durante el siglo XX. Su interés reside tanto en su función como elemento de identificación en los uniformes como en las técnicas industriales utilizadas para su fabricación, que reflejan el desarrollo de la metalurgia fina y de la producción en serie en la Alemania de la primera mitad del siglo XX.

Caja de transporte militar alemana de madera utilizada durante la Segunda Guerra Mundial (1939–1945). En el frontal aparece el águila imperial alemana (Reichsadler) sosteniendo una corona con esvástica, símbolo del Estado alemán en ese periodo. Bajo el emblema se leen las siglas “D.H.”, que indican la pertenencia del material al Heer (ejército de tierra alemán). Este tipo de cajas se empleaba para el almacenamiento y transporte de diverso equipamiento militar, como herramientas, repuestos o material técnico, dentro del sistema logístico del ejército alemán,

FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES  HISTÓRICAS DE LA ÉPOCA EN LA QUE SE UTILIZABA ESTE RELOJ:

CALIBRE DEL RELOJ:

El calibre de este reloj es  a dos puentes con pletina a tres cuartos.      

Los relojes de bolsillo abarcan una amplia gama de calibres, desde los más antiguos como el catalino el semicatalino a los básicos como el calibre Roskopf, hasta los más avanzados como el calibre tourbillon. Cada uno de estos calibres refleja diferentes enfoques para la medición del tiempo, adaptados a las necesidades tecnológicas, económicas y sociales de su época.

En relojería, el término calibre hace referencia al diseño o tipo de movimiento interno de un reloj, incluidas las dimensiones, disposición y componentes del mecanismo. En el caso de los relojes de bolsillo, hubo una amplia variedad de calibres desarrollados a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, adaptados a distintas necesidades y estilos.

TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:

El  escape de este reloj es de ancora.

En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.

El escape catalino (verge fusee escapement)

Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.

El escape semicatalino

Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.

El escape Duplex 

este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo. En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora. Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación. Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante. Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas. El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo. Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.

El escape de cilindro

Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.

El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement)

Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.

El escape de detente o de cronómetro (detent escapement)

Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.

El escape de áncora inglés y el áncora suizo

El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (la áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.

Otros escapes menos comunes

En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.

TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:

El volante de este reloj es anular.

Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.

El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.

En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.

En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.

La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.

En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isocronía. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión.

HISTORIA  DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:

La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.

Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.

Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.

En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.

En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.

Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.

En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.

Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.

Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactura que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.

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