Reloj de bolsillo del maestro Geo May ( George May ) probablemente hijo del maestro relojero  John May 1692-d. 1715 con complicación muy  inusual de calendario para mediados del XVIII con escape de rueda Catalina, calendario y doble caja de plata repujada.

Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.639 JDBC.

DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ:

Siglo XVIII, circa 1760.

NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:


El año 1760 estuvo marcado por grandes acontecimientos que cambiaron el curso geopolítico y social de la época. En primer lugar, la toma de Montreal el 8 de septiembre por parte de las fuerzas británicas comandadas por Jeffery Amherst supuso la caída definitiva de Nueva Francia, consolidando el dominio del Imperio británico sobre el territorio canadiense en el marco de la Guerra de los Siete Años. Poco después, el 25 de octubre, falleció repentinamente el rey Jorge II de Gran Bretaña, lo que dio paso a la ascensión al trono de su nieto de 22 años, Jorge III, cuyo largo reinado resultaría decisivo en la historia posterior de las colonias americanas.

En las Antillas británicas se desencadenó la Guerra de Tacky el 7 de abril, una de las mayores rebeliones de esclavos en Jamaica durante el siglo XVIII, liderada por combatientes de origen acan que desafiaron el sistema plantador durante dieciocho meses.

Al mismo tiempo, en el ámbito urbano, la ciudad colonial de Boston sufrió el 20 de marzo el devastador Gran Incendio de 1760, el cual destruyó cientos de viviendas y edificios comerciales, dejando a cientos de familias sin hogar. Por otro lado, en la India colonial, las tropas británicas lideradas por Eyre Coote derrotaron decisivamente a las fuerzas francesas en la batalla de Wandiwash el 22 de enero, un hito que sepultó las ambiciones coloniales de Francia en el subcontinente asiático. Finalmente, en el terreno de la educación y el progreso social, el abate Charles-Michel de l’Épée fundó en París la primera escuela pública y gratuita del mundo dedicada a la instrucción de personas sordas, sentando las bases del desarrollo del lenguaje de señas e instaurando un modelo pionero de educación inclusiva.

PAÍS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:

London.

DESCRIPCIÓN DEL RELOJ, FICHA TÉCNICA:

Reloj de bolsillo del maestro Geo May (George May ) probablemente hijo del maestro relojero  John May 1692-d. 1715 con complicación muy  inusual de calendario para mediados del XVIII con escape de rueda Catalina, calendario y doble caja de plata repujada.

El reloj de bolsillo firmado por el maestro relojero Geo May y numerado 5.100 constituye un destacado ejemplo de la relojería mecánica europea del siglo XVIII, en el que convergen la ciencia de la medición del tiempo, la mecánica de precisión, la orfebreria y las artes decorativas. Su configuración técnica, la arquitectura estratificada de la esfera, la construcción del movimiento y el lenguaje barroco de la sobrecaja permiten situarlo hacia mediados del siglo XVIII. El reloj se encuentra protegido por una doble caja de plata de ley, tipología conocida en la literatura relojera internacional como pair case. La caja interior aloja directamente el movimiento, la esfera y el cristal, mientras que la segunda caja o sobrecaja constituye una envoltura exterior destinada a proporcionar una protección adicional frente a golpes, rozaduras, polvo y humedad. Este sistema fue ampliamente utilizado en los relojes portátiles de los siglos XVII y XVIII, cuyos cristales abombados y mecanismos delicados requerían una defensa superior a la ofrecida por una caja sencilla.

La doble caja poseía también una función representativa. El reloj de bolsillo no era únicamente un instrumento para la medición del tiempo, sino un objeto personal mediante el cual se manifestaban la posición social, la capacidad económica y el gusto artístico de su propietario. Por esta razón, las sobrecajas de los ejemplares más relevantes fueron confiadas a plateros y cinceladores especializados, capaces de convertir una envoltura protectora en una obra escultórica en miniatura.

Uno de los elementos de mayor interés del reloj de Geo May es su esfera, realizada en plata y construida mediante la superposición de tres cuerpos o láminas diferenciadas. No se trata de una esfera plana ni de una composición formada por cartuchos horarios independientes. Su estructura responde a una concepción estratificada, en la que las distintas placas de plata se montan unas sobre otras para producir profundidad, relieve y una organización jerarquizada de la información horaria.

El primer cuerpo constituye la base general de la esfera y sirve de soporte estructural a los restantes elementos. Sobre él se encuentra montada una segunda placa anular de plata, en la que se integran la indicación de las horas y la escala de los minutos. Las horas aparecen expresadas mediante números romanos, mientras que en la periferia se dispone una escala arábiga de cinco en cinco, desde el 5 hasta el 60, destinada a facilitar la lectura de los minutos.

Las formas lobuladas que rodean los números romanos no son piezas independientes ni cartuchos aplicados, sino relieves pertenecientes a la propia superficie de plata. El contraste visual se obtiene mediante la alternancia de zonas elevadas y rehundidas, el tratamiento diferenciado de las superficies y el oscurecimiento de determinados fondos. Esta combinación permite distinguir con claridad las indicaciones horarias y, simultáneamente, dota a la esfera de una notable riqueza volumétrica.

Sobre la base y el anillo horario se encuentra montado un tercer cuerpo circular de plata, correspondiente al centro de la esfera. Esta placa central está decorada en relieve con roleos, hojas y motivos vegetales de tradición barroca. En su zona superior incorpora una reserva ovalada en la que aparece el apellido «MAY», integrado dentro de la ornamentación. En la parte inferior se abre la ventana rectangular destinada a mostrar el día del mes.

La construcción mediante tres cuerpos superpuestos exigía un trabajo de extraordinaria precisión. Cada placa debía conformarse, decorarse y ajustarse por separado, conservando la exactitud geométrica necesaria para que las escalas coincidieran con el eje de las agujas y para que la ventana del calendario quedara correctamente alineada con el disco numérico dispuesto bajo la esfera. Desde el punto de vista técnico, se trata de una arquitectura metálica tridimensional en la que la función horaria, la indicación calendárica y la decoración se integran en un conjunto unitario.

El reloj conserva sus agujas originales, realizadas en latón dorado. La aguja horaria, más corta y de perfil profusamente ornamentado, señala los números romanos, mientras que la minutera, más larga y estilizada, alcanza la escala arábiga periférica. La coloración oscura que actualmente presentan algunas zonas debe atribuirse al envejecimiento del metal, a la oxidación superficial y a la pérdida parcial del dorado, y no a un tratamiento de azulado térmico propio de las agujas de acero pavonado.

El empleo de latón permitía obtener agujas suficientemente ligeras, rígidas y fáciles de trabajar. El dorado proporcionaba una protección parcial frente a la oxidación y establecía una correspondencia cromática con las superficies doradas del movimiento. La elaboración de la aguja horaria, especialmente delicada, demuestra que incluso los componentes funcionales fueron concebidos como elementos artísticos.

La indicación del calendario constituye una de las características técnicamente más relevantes del reloj. A las seis se abre una pequeña ventana rectangular en la que aparece el día del mes; en la imagen estudiada puede leerse el número 19. Bajo las tres placas de plata se encuentra instalado un disco móvil de latón dorado sobre el que están representados los días del mes. La rotación de este disco presenta sucesivamente cada cifra a través de la abertura practicada en la placa central.

El disco calendárico muestra la misma tonalidad cálida que las agujas y otros componentes dorados del reloj. Su realización en latón responde a razones mecánicas y funcionales: este material resulta más ligero y fácilmente mecanizable que la plata, posee una estabilidad adecuada y permite obtener una pieza delgada con el grado de rigidez necesario. El dorado reduce la alteración superficial del metal y armoniza visualmente con el resto de los elementos del conjunto.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, la incorporación de una indicación de calendario a un reloj portátil constituía una complicación poco frecuente. Su ejecución exigía disponer un disco numérico bajo la esfera, establecer su sistema de accionamiento y mantener un grosor compatible con el reducido espacio disponible dentro de la caja. La presencia del calendario permite considerar este ejemplar como un reloj de categoría superior, concebido para una clientela especialmente interesada en la precisión, la información calendárica y la sofisticación mecánica.

La observación del reloj permite constatar la existencia del disco fechado, del calendario provisto de indicación del día del mes el movimiento responde al sistema de escape de rueda catalina, denominado también escape de paletas, de vara o verge escapement. Este dispositivo fue el sistema regulador predominante en la relojería portátil europea desde el Renacimiento hasta la introducción progresiva de los escapes de cilindro y, posteriormente, de áncora. Su denominación española procede de la característica rueda de escape provista de dientes agudos, cuya forma recuerda la rueda asociada al martirio de santa Catalina de Alejandría.

El escape catalino, la rueda de escape gira en un plano aproximadamente perpendicular al eje del volante. Sus dientes actúan alternativamente sobre dos paletas colocadas en el eje vertical o vara. Cada contacto produce el bloqueo momentáneo de la rueda y transmite simultáneamente un impulso al órgano regulador. La alternancia entre bloqueo, impulso y liberación transforma el movimiento continuo del tren de engranajes en una sucesión controlada de avances, indispensable para la medición mecánica del tiempo.

La importancia histórica del escape catalino reside en que hizo posible la consolidación del reloj portátil. No obstante, desde una perspectiva cronométrica, presenta ciertas limitaciones. El contacto entre los dientes de la rueda y las paletas genera rozamiento; el retroceso de la rueda de escape consume parte de la energía disponible, y las variaciones de fuerza del muelle real influyen en la amplitud del volante y, por consiguiente, en la regularidad de la marcha. La precisión de estos relojes dependía del correcto ajuste del escape, del estado de lubricación, de la amplitud del volante y de la estabilidad del sistema de transmisión de fuerza.

El reloj se arma mediante llave, sistema característico de la época anterior a la generalización de la cuerda mediante corona. La llave se aplicaba al cuadradillo correspondiente para tensar el muelle real, que almacenaba la energía necesaria para mantener el funcionamiento del movimiento. La puesta en hora podía realizarse igualmente mediante llave, actuando sobre el eje previsto para desplazar las agujas.

La transmisión de energía se realiza mediante el sistema de huso o caracol, conocido internacionalmente como fusée. El huso es una pieza de perfil troncocónico provista de una ranura helicoidal, vinculada al barrilete mediante una cadena o elemento de transmisión. Su finalidad consiste en compensar las variaciones de fuerza del muelle real durante la descarga.

Cuando el muelle se encuentra completamente armado desarrolla una fuerza elevada y actúa sobre la zona de menor radio del huso. A medida que su tensión disminuye, la cadena pasa progresivamente a las zonas de mayor radio, incrementando el brazo de palanca. Mediante esta variación geométrica se obtiene una entrega de par más uniforme al tren de rodaje. El huso constituye, por tanto, un dispositivo de compensación mecánica destinado a mejorar la regularidad de marcha de un reloj cuyo escape resulta particularmente sensible a las variaciones de fuerza.

La platina posterior del movimiento aparece dorada y profusamente decorada mediante grabado, cincelado y calado. Sobresale la galluza o puente del volante, realizada como una estructura protectora y ornamental. Sus motivos vegetales, calados con gran precisión, permiten contemplar parcialmente el órgano regulador y facilitan su inspección sin renunciar a la protección mecánica.

También se observa el dispositivo de regulación de la marcha, graduado sobre un sector visible. Su función consiste en modificar la longitud activa del espiral del volante para corregir el adelanto o el atraso del reloj. El desplazamiento del índice regulador altera el periodo de oscilación: al reducir la longitud activa del espiral, el volante oscila con mayor frecuencia y el reloj tiende a adelantar; al aumentarla, la frecuencia disminuye y el reloj tiende a atrasar.

La ornamentación del movimiento demuestra que su parte mecánica no fue concebida para permanecer ignorada. En los relojes de calidad del siglo XVIII, abrir la caja interior y contemplar el mecanismo formaba parte de la experiencia intelectual y estética del objeto. El dorado protegía las superficies de latón frente a la oxidación, pero también incrementaba la luminosidad del movimiento y realzaba el contraste con los tornillos y componentes de acero.

La sobrecaja de plata presenta una importante composición figurativa ejecutada mediante repujado y cincelado. En el repujado, el orfebre trabaja la lámina metálica desde el reverso para levantar los volúmenes principales. Posteriormente, mediante el cincelado desde la cara exterior, define los rostros, los cabellos, los pliegues de los tejidos, las extremidades, los animales y los restantes elementos de la escena. La combinación de ambas técnicas permite obtener una imagen de considerable profundidad sin necesidad de añadir figuras fundidas independientemente.

La escena está presidida por una figura femenina ataviada con amplios ropajes. En torno a ella se reconocen un putto o querubín, un ave que podría interpretarse como un águila y un animal fantástico situado bajo la figura principal. La disposición de los personajes, el movimiento de las telas y la intensidad de los volúmenes responden plenamente al lenguaje artístico del Barroco tardío.

El animal situado bajo la dama podría recordar inicialmente la cabeza de un león oriental o de un perro de Fo. Sin embargo, la prolongación sinuosa de su anatomía y, particularmente, la presencia de una cola que emerge detrás de la figura permiten identificarlo con mayor fundamento como un dragón o monstruo fantástico. Su representación parece pertenecer al repertorio simbólico europeo, antes que a una reproducción estricta de la iconografía china del perro de Fo.

La identificación definitiva del episodio exige prudencia metodológica. Durante los siglos XVII y XVIII, los orfebres especializados en cajas de reloj utilizaron con frecuencia estampas derivadas de pinturas mitológicas, composiciones bíblicas y alegorías de las virtudes. La mujer podría personificar una virtud, una divinidad o una figura triunfante; el dragón representaría una fuerza vencida, el peligro o el caos sometido, mientras que el águila y el querubín reforzarían el carácter elevado o victorioso de la representación.

Sin localizar la fuente gráfica utilizada por el orfebre, no resulta científicamente admisible atribuir la escena a un relato mitológico concreto. Sí puede afirmarse, en cambio, que no se trata de una decoración meramente ornamental: constituye una composición narrativa de carácter alegórico, concebida para transmitir un significado reconocible para la cultura visual de su tiempo.

Desde una perspectiva histórico-científica, el reloj de Geo May número 5.100 debe estudiarse como una obra unitaria. La doble caja de plata documenta el desarrollo de sistemas de protección para los primeros relojes portátiles; la esfera formada por tres cuerpos superpuestos demuestra un extraordinario dominio de la platería aplicada a la relojería; el disco calendárico de latón dorado introduce una complicación funcional poco habitual; y el escape de rueda catalina con huso representa una etapa fundamental en la evolución de la cronometría mecánica.

La combinación de doble caja de plata de ley, sobrecaja repujada con una compleja escena alegórica, esfera construida mediante tres placas superpuestas de plata trabajada en relieve, agujas originales de latón dorado, disco calendárico igualmente realizado en latón dorado, movimiento profusamente decorado, cuerda mediante llave, sistema de huso y escape de rueda catalina confiere a este reloj un extraordinario interés histórico, relojero y patrimonial.

No se trata solamente de un instrumento destinado a indicar la hora y el día del mes. Es también un documento material del grado de especialización alcanzado durante el siglo XVIII por relojeros, plateros, grabadores, cinceladores y doradores. En esta pieza, la medición científica del tiempo, la complejidad mecánica y la representación artística quedan reunidas en una obra excepcional de relojería histórica.

HISTORIA O ANTECEDENTES DE LA MARCA O MAESTRO RELOJERO QUE REALIZÓ ESTE  RELOJ:

A mediados del siglo XVIII, la relojería británica vivía uno de sus periodos de mayor esplendor. Londres se había consolidado como un importante centro europeo de fabricación relojera, favorecido por la actividad de la Clockmakers’ Company y por una extensa red de maestros, oficiales, grabadores, esmaltadores, plateros y fabricantes de cajas. El reloj de bolsillo era entonces mucho más que un instrumento para medir el tiempo: constituía un objeto científico, una manifestación de prestigio social y una pequeña arquitectura mecánica concebida para acompañar a comerciantes, militares, navegantes y miembros de las clases acomodadas.

En ese ambiente desarrolló su actividad George May, relojero británico que pudo pertenecer a la misma tradición familiar y profesional del reputado maestro John May, acaso como hijo o continuador de su taller. Esta posible filiación debe mantenerse, por el momento, como una hipótesis pendiente de confirmación documental; sin embargo, la calidad constructiva y la complejidad de los relojes firmados por George May revelan una formación técnica propia de un establecimiento relojero de elevado nivel.

El reloj catalino conservado constituye un testimonio especialmente significativo de esa producción. Su mecanismo, dotado de cuerda mediante llave y concebido conforme a la arquitectura tradicional de los relojes ingleses de la época, incorpora además un calendario destinado a indicar el día del mes. Esta función exigía añadir al movimiento un tren auxiliar y un sistema de transmisión capaz de hacer avanzar regularmente el disco calendario. En una pieza realizada hacia mediados del siglo XVIII, semejante dispositivo no era una prestación ordinaria, sino una verdadera complicación relojera, reservada a relojes de cierta categoría y destinada a una clientela que valoraba tanto la utilidad como la novedad mecánica.

La esfera, compuesta mediante distintos niveles de plata superpuestos, y el disco calendario y las agujas, ejecutados en latón dorado, refuerzan el carácter suntuario y técnicamente elaborado de la obra. Nada en ella responde a una producción industrial, todavía inexistente en el sentido moderno del término: cada componente debía ser ajustado a mano, y la armonización entre el movimiento, el calendario, la esfera y la caja requería el trabajo coordinado de diferentes artesanos bajo la responsabilidad del maestro cuyo nombre figura en el reloj.

Esta pieza permite, por tanto, aproximarnos al universo profesional de George May y a la cultura relojera británica de la Ilustración. En ella conviven ciencia, artesanía y representación social. Su calendario no constituye únicamente una curiosidad: demuestra la voluntad de superar la simple indicación horaria y convertir el reloj catalino en un pequeño instrumento mecánico capaz de organizar simultáneamente el tiempo cotidiano y el transcurso de los días.

FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES HISTÓRICAS DE LA ÉPOCA EN LA QUE SE UTILIZABA ESTE RELOJ:

CALIBRE DEL RELOJ:

Redondo a pletina completa con volante a la vista protegido por galluzo.

TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:

El escape de este reloj es catalino.

En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.

El escape catalino (verge fusee escapement).

Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.

El escape semicatalino.

En España, los coleccionistas comenzaron a diferenciar dos grandes familias:

Es decir, “semicatalino” no es una denominación utilizada históricamente por los fabricantes franceses, sino un término clasificatorio creado por la tradición relojera española para distinguir una fase evolutiva de estos relojes. Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.

El escape Duplex. 

este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo. En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora. Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación. Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante. Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas.

El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo. Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.

El escape de cilindro.

Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.

El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement).

Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.

El escape de detente o de cronómetro (detent escapement).

Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.

El escape a Roskopf. 

El escape Roskopf es un sistema de escape simplificado utilizado en relojes de bolsillo económicos desde finales del siglo XIX, concebido por Georges Frédéric Roskopf con el objetivo de fabricar relojes accesibles para el gran público.

Se trata de una variante del escape de áncora en la que las tradicionales paletas de rubí se sustituyen por dos pasadores metálicos, reduciendo drásticamente los costes de producción. El mecanismo permite que la rueda de escape avance de forma regulada mientras transmite impulso al volante, pero con menor precisión y mayor fricción que los escapes de mayor calidad.

Su principal virtud es la simplicidad, robustez y bajo coste, lo que permitió la producción masiva de relojes conocidos como “relojes del obrero”. Como contrapartida, presenta menor exactitud y mayor desgaste.

En síntesis, el escape Roskopf es una solución técnica clave en la democratización de la relojería, sacrificando refinamiento mecánico en favor de accesibilidad y producción industrial.

El escape de áncora inglés y el áncora suizo.

El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (la áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.

Otros escapes menos comunes.

En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.

TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:

El volante de este reloj es anular.   

Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.

El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.

En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.

En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.

La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.

En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isocronía. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión.

HISTORIA DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:

La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.

Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.

Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.

En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.

En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.

Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.

En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.

Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.

Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactura que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA PARA LA DESCRIPCIÓN DE ESTE RELOJ:

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