Reloj de bolsillo de doble uso horario con Seconde Morte. Suiza, ca. 1880. Caja de plata guilloché. Pieza de notable interés científico e histórico que combina dos indicaciones horarias independientes con un sistema de segundos muertos centrales, concebido en el contexto de la expansión de las redes ferroviarias, telegráficas y de la futura normalización internacional de los husos horarios. La inscripción “Exhibition Prize Medal 1867” hace referencia a una distinción obtenida por el fabricante en la Exposición Universal de París de 1867 y utilizada posteriormente como argumento comercial de prestigio.

Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.589 JDBC.

DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ

Siglo,circa año 1880.

NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:

  1. Thomas Edison presenta mejoras decisivas en la lámpara incandescente y acelera la electrificación urbana.
  2. Se inaugura la Catedral de Colonia tras más de seis siglos de construcción.
  3. La Primera Guerra Bóer enfrenta al Imperio Británico y las repúblicas sudafricanas.
  4. Comienza la construcción del Canal de Panamá bajo dirección francesa de Ferdinand de Lesseps.
  5. España afronta una nueva etapa política bajo el reinado de Alfonso XII en plena Restauración.
  6. El ferrocarril internacional continúa expandiéndose y transforma el comercio y las comunicaciones mundiales.

PAÍS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:

Suiza.

DESCRIPCIÓN DEL RELOJ, FICHA TÉCNICA:

Reloj de bolsillo de doble uso horario con Seconde Morte. Suiza, ca. 1880. Perteneció a la colección de Don Antoni-Joan Masobé Vidal .Caja de plata guilloché. Pieza de notable interés científico e histórico que combina dos indicaciones horarias independientes con un sistema de segundos muertos centrales, concebido en el contexto de la expansión de las redes ferroviarias, telegráficas y de la futura normalización internacional de los husos horarios. La inscripción “Exhibition Prize Medal 1867” hace referencia a una distinción obtenida por el fabricante en la Exposición Universal de París de 1867 y utilizada posteriormente como argumento comercial de prestigio.

En la tapa interior aparece Fine Silver, AT. Marca registrada en Basilea, Suiza por Alex Thommen.

Entre las numerosas complicaciones desarrolladas por la relojería mecánica desde el siglo XVIII, pocas poseen un interés científico tan singular como la denominada Seconde Morte —literalmente, “segundo muerto”—. A primera vista puede parecer una indicación sencilla, pues la aguja de los segundos avanza exactamente un paso por segundo, del mismo modo que lo hace un reloj de cuarzo moderno. Sin embargo, detrás de esta aparente simplicidad se esconde una de las soluciones mecánicas más ingeniosas y complejas concebidas por los grandes relojeros europeos.

La paradoja de la Seconde Morte reside precisamente en que reproduce un efecto visual que hoy consideramos habitual, pero que en los siglos XVIII y XIX representaba una auténtica proeza técnica. En un reloj mecánico convencional, la aguja de los segundos recibe impulsos continuos procedentes del escape y del volante regulador, por lo que su movimiento es progresivo y aparentemente fluido. En cambio, en un reloj de segundos muertos, la energía es acumulada temporalmente y liberada de forma periódica, permitiendo que la aguja avance exactamente una división por segundo.

Este sistema exigía la incorporación de órganos mecánicos adicionales destinados a controlar, almacenar y liberar la energía con absoluta regularidad. Como consecuencia, la construcción resultaba más costosa, delicada y compleja que la de un reloj ordinario. Por ello, la Seconde Morte nunca fue una complicación destinada al gran público, sino que quedó reservada a relojes de carácter científico, técnico o profesional.

Su origen se encuentra en la búsqueda de una lectura temporal más precisa. Durante los siglos XVIII y XIX la astronomía, la navegación, la geodesia y las observaciones científicas requerían la medición exacta de intervalos de tiempo. En este contexto, la lectura clara e inequívoca de cada segundo constituía una ventaja fundamental. La aguja saltante eliminaba la ambigüedad visual inherente al movimiento continuo de los segunderos convencionales, permitiendo al observador identificar con exactitud el instante preciso en que se producía cada segundo.

La complicación alcanzó especial relevancia en una época marcada por la expansión de las comunicaciones y de las infraestructuras modernas. El desarrollo del telégrafo eléctrico, la implantación de extensas redes ferroviarias y la creciente interconexión económica internacional generaron una necesidad inédita de sincronización temporal. Las estaciones ferroviarias, los observatorios astronómicos, las oficinas telegráficas y determinados centros industriales comenzaron a depender de referencias horarias cada vez más exactas. En este escenario, los relojes dotados de Seconde Morte se convirtieron en instrumentos especialmente apreciados.

La importancia de esta complicación debe entenderse también dentro de la gran revolución científica que condujo a la estandarización internacional del tiempo. Durante gran parte del siglo XIX cada ciudad utilizaba su propia hora local, calculada a partir de la posición solar. La expansión del ferrocarril y de las comunicaciones telegráficas hizo evidente la necesidad de establecer referencias horarias comunes. El proceso culminaría en la Conferencia Internacional del Meridiano celebrada en Washington en 1884, origen de los modernos husos horarios. Los relojes con Seconde Morte participaron plenamente en este contexto histórico de búsqueda de precisión y coordinación temporal.

Desde el punto de vista de la historia de la relojería, la complicación fue objeto de especial atención por parte de algunos de los más destacados maestros europeos. Relojeros de la talla de Abraham-Louis Breguet exploraron sistemas destinados a mejorar la legibilidad y precisión de las indicaciones temporales. Aunque la Seconde Morte no alcanzó nunca la difusión de otras complicaciones más conocidas, como los cronógrafos o los repetidores, fue considerada durante décadas una demostración de elevado nivel técnico y de refinamiento mecánico.

Uno de los aspectos más interesantes de esta complicación es su relación conceptual con los relojes modernos. Paradójicamente, el comportamiento visual de un reloj de cuarzo actual reproduce exactamente el efecto que los grandes relojeros mecánicos del siglo XVIII y XIX perseguían mediante sofisticados mecanismos de precisión. Cada salto de la aguja representa, en ambos casos, una lectura clara y exacta del segundo transcurrido. Sin embargo, mientras el cuarzo obtiene dicho resultado mediante impulsos eléctricos, la Seconde Morte lo consigue exclusivamente mediante la interacción de ruedas, muelles, palancas y órganos reguladores mecánicos.

Por esta razón, los relojes históricos equipados con auténtica Seconde Morte ocupan un lugar destacado dentro de las colecciones especializadas de alta relojería. Más allá de su belleza estética o de su rareza comercial, representan un testimonio excepcional de la permanente aspiración humana a medir el tiempo con creciente exactitud. Constituyen, en definitiva, instrumentos científicos en miniatura que reflejan la convergencia entre ingeniería, astronomía, física y artesanía de precisión.

La Seconde Morte debe ser entendida, por tanto, no como una simple curiosidad técnica, sino como una de las manifestaciones más sofisticadas de la relojería científica clásica. Su estudio permite comprender mejor la evolución histórica de la medición del tiempo y la extraordinaria capacidad de los relojeros europeos para resolver, mediante mecanismos puramente mecánicos, problemas que hoy asociamos a tecnologías mucho más modernas. En este sentido, cada reloj dotado de segundos muertos constituye una pieza privilegiada para interpretar la historia de la precisión temporal y el desarrollo de la ciencia aplicada al arte de la relojería.

FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES  HISTÓRICAS DE LA ÉPOCA EN LA QUE SE UTILIZABA ESTE RELOJ:

CALIBRE DEL RELOJ:

El calibre de este reloj es  redondo a   Puentes.

Los relojes de bolsillo abarcan una amplia gama de calibres, desde los más antiguos como el catalino el semicatalino a los básicos como el calibre Roskopf, hasta los más avanzados como el calibre tourbillon. Cada uno de estos calibres refleja diferentes enfoques para la medición del tiempo, adaptados a las necesidades tecnológicas, económicas y sociales de su época.

En relojería, el término calibre hace referencia al diseño o tipo de movimiento interno de un reloj, incluidas las dimensiones, disposición y componentes del mecanismo. En el caso de los relojes de bolsillo, hubo una amplia variedad de calibres desarrollados a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, adaptados a distintas necesidades y estilos.

9-TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:

El  escape de este reloj es a cilindro.

En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.

El escape catalino (verge fusee escapement).

Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.

El escape semicatalino.

Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.

El escape Duplex. 

este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo. En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora. Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación. Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante. Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas. El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo. Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.

El escape de cilindro.

Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.

El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement).

Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.

El escape de detente o de cronómetro (detent escapement).

Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.

El escape a Roskopf. 

El escape Roskopf es un sistema de escape simplificado utilizado en relojes de bolsillo económicos desde finales del siglo XIX, concebido por Georges Frédéric Roskopf con el objetivo de fabricar relojes accesibles para el gran público.

Se trata de una variante del escape de áncora en la que las tradicionales paletas de rubí se sustituyen por dos pasadores metálicos, reduciendo drásticamente los costes de producción. El mecanismo permite que la rueda de escape avance de forma regulada mientras transmite impulso al volante, pero con menor precisión y mayor fricción que los escapes de mayor calidad.

Su principal virtud es la simplicidad, robustez y bajo coste, lo que permitió la producción masiva de relojes conocidos como “relojes del obrero”. Como contrapartida, presenta menor exactitud y mayor desgaste.

En síntesis, el escape Roskopf es una solución técnica clave en la democratización de la relojería, sacrificando refinamiento mecánico en favor de accesibilidad y producción industrial.

El escape de áncora inglés y el áncora suizo.

El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (la áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.

Otros escapes menos comunes.

En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada, pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.

TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:

El volante de este reloj es  anular.

Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.

El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.

En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.

En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.

La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.

En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isocronía. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión.

HISTORIA  DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:

La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.

Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.

Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.

En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.

En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.

Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.

En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.

Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.

Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactura que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.

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