Reloj de bolsillo conmemorativo de la Guardia Civil que perteneció a Don Enrique de Orozco y de la Puente, Director General de la Guardia Civil. Diciembre de 1915.
Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.625 JDBC.
DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ:
Siglo XX año 1915.
NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:
España mantiene su neutralidad ante la Gran Guerra mientras Europa se desangra en el conflicto iniciado en 1914.
Eduardo Dato forma gobierno conservador en un clima político marcado por la tensión social y el impacto económico de la guerra europea.
Nombrado Enrique de Orozco nuevo Director General de la Guardia Civil por real decreto durante el reinado de Alfonso XIII.
La economía española experimenta un fuerte aumento de exportaciones debido a la demanda industrial de los países beligerantes.
Crecen las protestas obreras y el debate social en España ante el encarecimiento de los productos básicos.
El rey Alfonso XIII intensifica su actividad diplomática y humanitaria para asistir a prisioneros de guerra europeos desde Madrid.
PAÍS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:
Suiza para el mercado español, pieza inusual.
DESCRIPCIÓN DEL RELOJ, FICHA TÉCNICA:
Reloj de estilo lepine con el colgante la anilla de suspensión y la corona ranurada a las 12. En la tapa posterior se ha repujado un guardia civil con vestimenta de la época del reloj. El hecho de que en su tapa interior está grabada con una dedicatoria del dia en el que su propietario Don Enrique de Orozco es nombrado Director General de la Guardia Civil lo hace especialmente de interés museístico
En cuanto a su esfera es de esmalte blanco sobe cobre convexo con numeracion romana en esmalte negro y agujas en laton dorado estilo Luis XVI, disponiendo de segundero a las VI.

El repujado en la tapa posterior de este reloj de bolsillo del año 1915 es una obra de orfebrería que captura con diminuta precisión, pero a la vez quirúrgica la identidad de la Guardia Civil en el cambio de siglo, presentando una coincidencia técnica absoluta con la indumentaria militar de 1915 como muestran las fotos que exponemos coetáneas de la época. La pieza muestra a un guardia civil repujado en la tapa posterior de muy diminutas dimensiones en actitud de vigilancia, vistiendo la emblemática levita de faldones largos que, tal como señalamos, presenta una única banda o correaje de cuero cruzando el pecho de forma diagonal, un detalle que armoniza perfectamente con la vestimenta de los jinetes de la fotografía de la Plaza de Toros del Chofre tomada a principios de siglo XX.
Esta banda servía para equilibrar el peso del equipo y es el rasgo distintivo del servicio de armas de la época. Sobre el uniforme, el relieve añade una capa de realismo al representar la capa reglamentaria recogida y cruzada sobre el torso, una prenda esencial para el servicio en despoblado que proporcionaba el abrigo necesario en las sierras sin restar movilidad para el uso del armamento.
La parte inferior de la figura revela unas botas de caña alta y un calzado robusto que encajan con las necesidades de la infantería y la caballería de principios del siglo XX, diseñadas para resistir el tránsito por terrenos difíciles. El guardia sostiene un fusil de largo alcance, posiblemente un Mauser cuya silueta y proporciones son idénticas a las armas que portan los agentes en las fotografías reales adjuntas. El fondo del repujado, con un paisaje de altas cumbres y coníferas, refuerza la idea del guardia como custodio de los confines del país, una imagen muy potente en el imaginario colectivo de la época de 1915.
La importancia histórica de este objeto se eleva exponencialmente gracias a la inscripción grabada profusamente dedicada a Don Enrique de Orozco y de la Puente, Director General de la Guardia Civil en diciembre de 1915.
El hecho de que el reloj esté fechado en 1915 no es casualidad: en esa fecha exacta, Enrique Orozco era nombrado y ocupaba el cargo de Director General de la Guardia Civil. Esta pieza es, por tanto, un objeto de presentación de altísimo nivel, probablemente un regalo institucional o de sus subordinados, que utiliza la figura del guardia civil como el símbolo máximo de orden y lealtad al Estado que el Director General representaba. La coherencia entre el diseño artístico del reloj, la dedicatoria histórica y la evidencia del repujado de 1915 convierte a este reloj en un documento histórico excepcional de la España del primer cuarto de siglo .

El tricornio presenta una silueta mucho más aplanada y ancha que la versión rígida y estilizada que conocemos hoy en día. Esta apariencia se debe a que, en aquella época, se utilizaba habitualmente la funda de hule negro para el servicio diario, la cual suavizaba las aristas del sombrero y le daba ese aspecto menos «picudo» y más funcional para protegerse de la lluvia y el sol en el campo. Al observar a los guardias de frente en la foto, el ala delantera queda casi oculta por la perspectiva y la caída del material, lo que hace que la prenda parezca más un sombrero de ala ancha plegada que el icónico emblema de tres puntas perfectas.
En el repujado de este reloj, el artista ha buscado una solución intermedia: aunque respeta la cronología de 1915, ha marcado un poco más las puntas para que el espectador identifique inmediatamente que se trata de un guardia civil, aunque mantiene esa proporción más chata y robusta propia de principios del siglo XX. Es fascinante notar cómo en las imágenes reales los picos laterales parecen extenderse casi horizontalmente, lo que visualmente difumina la forma triangular característica cuando se mira desde un ángulo frontal directo. Esta morfología del tricornio de «diario» o de «caminos» es precisamente la que confirma que tanto el reloj como las fotografías pertenecen a ese periodo de transición donde la uniformidad era estrictamente militar y estaba diseñada para la dureza del servicio a caballo o a pie.

HISTORIA y ANTECEDENTES DEL PROPIETARIO DE ESTE RELOJ:
Enrique de Orozco y de la Puente, Director General de la Guardia Civil (1915-1916)
Enrique de Orozco y de la Puente nació en Burgos el 23 de julio de 1844 en el seno de una familia vinculada al Ejército, pues su padre era teniente coronel. Desde muy joven siguió la carrera de las armas, ingresando en 1857 en la Academia Militar, donde comenzó su formación castrense.
Su bautismo de fuego tuvo lugar durante la Guerra de África (1859-1860), campaña en la que participó siendo todavía muy joven y en la que alcanzó el empleo de capitán, iniciando así una carrera militar que se prolongaría durante décadas en distintos destinos y responsabilidades.
En los años siguientes desempeñó diversos cargos de ayudantía al servicio de altos mandos del Ejército, entre ellos los capitanes generales de Castilla la Vieja, Valencia y el País Vasco, lo que le permitió adquirir una amplia experiencia administrativa y militar. Tras la revolución de 1868 fue destinado al Ejército de Andalucía, participando en la batalla de Alcolea, episodio decisivo que puso fin al reinado de Isabel II.
Durante el Sexenio Democrático (1868-1874) ocupó diversos destinos en unidades militares y también en la administración del Estado, llegando a prestar servicio en la sección de Guerra y Marina del Consejo de Estado, lo que evidencia su participación en ámbitos tanto operativos como administrativos del aparato militar español.
Posteriormente, durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), fue destinado a Cataluña, donde actuó como ayudante del general Arsenio Martínez Campos, uno de los militares más influyentes de la Restauración. Este destino marcaría su vinculación con Cataluña, territorio desde el cual desarrolló una parte significativa de su posterior carrera política.
Paralelamente a su trayectoria militar, Orozco participó activamente en la vida política de la Restauración borbónica. Fue elegido diputado a Cortes por el distrito de Berga en 1876, inicialmente dentro del Partido Conservador, pasando posteriormente al Partido Liberal. También representó al distrito de Arenys de Mar en diversas legislaturas (1879, 1881, 1886 y 1891). Años más tarde ejercería como senador por la provincia de Alicante entre 1911 y 1914.
Durante su carrera política mantuvo estrecha relación con algunas de las principales figuras de la política española de la época, llegando a desempeñar el cargo de secretario particular de Antonio Cánovas del Castillo, uno de los arquitectos del sistema político de la Restauración.
En el ámbito institucional, Orozco alcanzó uno de los cargos de mayor responsabilidad dentro de la estructura de seguridad del Estado cuando fue nombrado Director General de la Guardia Civil el 10 de diciembre de 1915, designación realizada por real decreto durante el reinado de Alfonso XIII.
Su mandato al frente de la Benemérita se prolongó hasta el 23 de julio de 1916, fecha en la que cesó en el cargo y pasó a la Sección de Reserva del Estado Mayor General del Ejército, culminando así una larga carrera militar.
Tras su retiro continuó vinculado a la vida pública hasta sus últimos años. Falleció en Madrid el 28 de febrero de 1919, dejando tras de sí la trayectoria de un militar que participó en algunos de los episodios más relevantes de la España del siglo XIX y comienzos del XX, y que llegó a ocupar la dirección de una de las instituciones fundamentales del sistema de seguridad del Estado: la Guardia Civil.
FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES HISTÓRICAS DEL UNIFORME DE LA GUARDIA CIVIL.



CALIBRE DEL RELOJ:
El calibre de este reloj es redondo a tres cuartos.
Los relojes de bolsillo abarcan una amplia gama de calibres, desde los más antiguos como el catalino el semicatalino a los básicos como el calibre Roskopf, hasta los más avanzados como el calibre tourbillon. Cada uno de estos calibres refleja diferentes enfoques para la medición del tiempo, adaptados a las necesidades tecnológicas, económicas y sociales de su época.
En relojería, el término calibre hace referencia al diseño o tipo de movimiento interno de un reloj, incluidas las dimensiones, disposición y componentes del mecanismo. En el caso de los relojes de bolsillo, hubo una amplia variedad de calibres desarrollados a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, adaptados a distintas necesidades y estilos.
TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:
El escape de este reloj es de ancora.
En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.
El escape catalino (verge fusee escapement)
Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.
El escape semicatalino
Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.
El escape Duplex
este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo. En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora. Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación. Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante. Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas.
El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo. Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.
El escape de cilindro
Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.
El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement)
Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.
El escape de detente o de cronómetro (detent escapement)
Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.
El escape de áncora inglés y el áncora suizo
El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (la áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.
Otros escapes menos comunes
En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.
TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:
El volante de este reloj es con tornillos de compensación.
Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.
El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.
En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.
En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.
La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.
En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isocronía. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión
HISTORIA DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:
La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.
Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.
Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.
En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.
En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.
Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.
En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.
Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.
Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactura que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.
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