Muy inusual reloj saboneta en plata de ley de la relojería Barcelonesa de Gumersindo Cortes, situada en la Calle San Pablo número 1, esquina a la Rambla. Realizado durante el reinado de Alfonso XII, hacia 1875-1885. Su tapa posterior está decorada con el escudo en pequeño de la Monarquía española, de la Casa de Borbón. Timbrado con corona real y flanqueado por las Columnas de Hércules con la divisa «Plus Ultra». El motivo posee un particular valor histórico por corresponder a los primeros años de la Restauración borbónica en España.
Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.629 JDBC.
DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ:
Siglo XIX ,circa año 1875-1885 .
NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:
- 1877: Barcelona realiza la primera comunicación telefónica de España.
- 1880: Barcelona acoge el Primer Congreso Catalanista.
- 1881: Aparece en Barcelona el primer número del diario La Vanguardia.
- 1882: El obispo Urquinaona coloca la primera piedra de la Sagrada Familia.
- 1883: Antoni Gaudí asume la dirección de las obras de la Sagrada Familia.
- 1885: Una epidemia de cólera golpea Barcelona y causa una grave crisis sanitaria.
PAÍS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:
Francia
SOBRE LA PUBLICIDAD DE LA RELOJERÍA QUE COMERCIALIZABA EL RELOJ.
Los dos personajes que flanquean el gran reloj en la publicidad de la relojería de Gumersindo Cortés parecen pertenecer al universo costumbrista y teatral de la Barcelona del siglo XIX. No se trataría de retratos de personas reales, sino de figuras caricaturescas inspiradas probablemente en Titella —también llamado Joanet o Perico— y su inseparable compañero Cristòfol o Tòfol, personajes tradicionales del teatro popular catalán.
El personaje de la izquierda, con gorra oscura, expresión satisfecha y las manos en los bolsillos, encarna al menestral barcelonés despierto, bromista y seguro de sí mismo. El situado a la derecha, caracterizado por el bigote, la barretina caída y una actitud más reflexiva, recuerda a Tòfol, el payés ingenuo y prudente que actuaba como contrapunto cómico del protagonista.
La elección de estas figuras no parece casual. La relojería se encontraba en la calle de San Pablo número 1, esquina a las Ramblas y muy cerca del Gran Teatro del Liceo, en un entorno estrechamente vinculado al comercio y a los espectáculos. Ambos personajes convierten el anuncio en una pequeña escena teatral: uno presenta el reloj con confianza, mientras el otro lo contempla con curiosidad y admiración. De este modo, la publicidad acercaba un producto técnico y valioso al imaginario cotidiano del público barcelonés.
Al no aparecer sus nombres impresos, la identificación no puede considerarse definitiva. Sin embargo, su indumentaria, sus rasgos exagerados y su actitud escénica permiten interpretarlos razonablemente como arquetipos del teatro de títeres catalán y como una simpática representación del pueblo barcelonés ante la modernidad, la precisión y el prestigio simbolizados por el reloj.


Reverso del Tarjetón de la Relojería Gumersindo Cortes sobre una transacción.
«Don Pelegrín: hemos saldado la cuestión con un amigo del Sr. Garí. Sirva entregar el reloj que le entregará el Sr. Onofra, según hemos que-
dado, 85 pesetas por un lado y 45 pesetas por otro.»
DESCRIPCIÓN DEL RELOJ
Este muy inusual reloj de bolsillo tipo saboneta constituye un destacado testimonio de la relojería comercial barcelonesa del último tercio del siglo XIX. Se trata de un reloj de fabricación inglesa, provisto de un movimiento mecánico de carga y puesta en hora mediante llave, que fue seleccionado, importado y comercializado por la relojería de Gumersindo Cortés, dotado de numero de serie 15.310 y relojeria establecida en la calle de San Pablo número 1, esquina a la Rambla, en uno de los enclaves comerciales más activos de la Barcelona decimonónica.
La esfera, de considerable riqueza ornamental, no está realizada en esmalte, sino en plata, con aplicaciones, relieves y motivos decorativos ejecutados en oro. Presenta grandes numeros romanos negros, minutería perimetral y una elaborada ornamentación floral dorada distribuida alrededor del centro y del anillo horario. A las seis se dispone el pequeño segundero subsidiario, igualmente trabajado sobre metal, con numeración arábiga cada diez segundos y aguja azulada. Las agujas principales, de acero pavonado y perfil ornamental, completan una composición de marcado carácter historicista. La combinación de plata, oro y acero azulado confiere a la esfera una calidad material y una vistosidad muy superiores a las de las esferas esmaltadas convencionales.
La caja saboneta, de plata de ley, presenta una cuidada decoración grabada y guilloché. Una de sus tapas incorpora el escudo de España coronado, flanqueado por las columnas de Hércules y sus cintas, mientras que la otra muestra una compleja composición monogramática, posiblemente correspondiente a las iniciales de su primer propietario. La riqueza de la caja, la utilización de oro en la esfera y la calidad general del conjunto indican que no se trató de un reloj corriente, sino de una pieza por encargo dotada de escudo de España y seleccionada en plata de ley para una clientela de elevado poder adquisitivo.
En el guardapolvo interior y maquinaria aparece grabada la inscripción:
«Gumersindo Cortés en Barcelona Ancre 15 rubíes»
El término francés Ancre significa literalmente «áncora» e identifica el sistema de escape del reloj. Por tanto, la inscripción confirma que el movimiento utiliza un escape de áncora, solución mecánica más evolucionada y fiable que el escape de cilindro empleado en numerosos relojes de bolsillo contemporáneos. La dotación de quince rubíes reducía la fricción y el desgaste en los principales puntos de giro del movimiento, representando una construcción de calidad apreciable para un reloj civil del último tercio del siglo XIX.
La inscripción no debe interpretarse necesariamente como prueba de que Gumersindo Cortés fabricase en Barcelona íntegramente el movimiento. El reloj es de fabricación francesa, mientras que Cortés actuó como importador, comerciante, relojero ajustador y garante de la pieza en Barcelona. Su nombre grabado en el guardapolvo señala la responsabilidad comercial del establecimiento ante el comprador y convierte el reloj en una pieza identificada con su relojería.
La publicidad histórica conservada demuestra que Gumersindo Cortés fue un comerciante relojero de éxito. Su establecimiento ofrecía relojes de oro y plata, relojes de cuadro, reguladores, despertadores y relojes con cuerda, además de cadenas y objetos de oro y plata. También efectuaba reparaciones, concedía un año de garantía y comerciaba con piezas procedentes de subastas y establecimientos de crédito. La amplitud de sus servicios, la privilegiada ubicación del negocio —en la esquina de la calle de San Pablo con la Rambla— y la inversión en publicidad ilustrada permiten considerarlo un profesional sólidamente establecido dentro del comercio relojero barcelonés.
La expresión «precios de fábrica» utilizada en su publicidad no demuestra la existencia de una manufactura propia. En el siglo XIX era frecuente que los relojeros españoles adquiriesen mecanismos terminados o semiterminados en Inglaterra, Suiza o Francia, encargasen determinadas configuraciones y los vendiesen bajo el nombre de su establecimiento. Gumersindo Cortés habría desempeñado, por tanto, un papel esencial en la elección, importación, revisión, puesta a punto, personalización y garantía de los relojes ofrecidos a su clientela.
La pieza puede fecharse hacia 1875-1885. Su construcción francesa, el sistema de cuerda y cambio horario a llave, el escape de áncora con quince rubíes, la ornamentación historicista y la publicidad conocida de la relojería permiten situarla razonablemente en el último cuarto del siglo XIX. Nos encontramos, en definitiva, ante un reloj Barcelonés de especial relevancia documental: una obra inglesa de calidad, con esfera de plata y oro y caja saboneta de plata de ley, comercializada por uno de los relojeros más interesantes de la Barcelona de la época.

HISTORIA DEL ESCUDO DE ESPAÑA GRABADO EN EL RELOJ:
El grabado en la tapa de este reloj de bolsillo presenta una de las representaciones más icónicas y reconocibles de la heráldica oficial del Reino de España, correspondiente principalmente al periodo de la Restauración borbónica bajo los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII, situándose históricamente entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX (aproximadamente entre 1875 y 1931). La pieza exhibe un cuidada técnica de cincelado y guillocado sobre metal, una labor artesanal de orfebrería muy extendida en la época para dotar a los relojes de bolsillo de elegancia, textura y protección frente al desgaste.
En la parte central de la tapa se distingue la composición del blasón español tradicional, comenzando por el escudo cuartelado en cruz que sintetiza los reinos históricos de la península. El primer cuartel alberga un castillo almenado en representación del Reino de Castilla; el segundo cuartel muestra un león rampante que simboliza al Reino de León; el tercer cuartel exhibe las barras o palos verticales pertenecientes al Reino de Aragón; y el cuarto cuartel incorpora las cadenas dispuestas en orla y aspa representativas del Reino de Navarra, completándose en la parte inferior o entado en punta con una granada en alusión al Reino de Granada. Sobre el centro del escudo reposa un escusón ovalado cargado con tres flores de lis, emblema dinástico de la Casa de Borbón-Anjou.
Flanqueando el escudo se encuentran las célebres Columnas de Hércules, alegoría geográfica del Estrecho de Gibraltar y del antiguo límite del mundo conocido, las cuales aparecen rodeadas por filacterias o cintas que evocan el lema histórico «Plus Ultra», impulsado por el emperador Carlos V para plasmar la proyección de España más allá del océano. La composición se halla rematada en la cima por la Corona Real cerrada, distintivo de la soberanía monárquica del Estado. El grabado se completa con un fondo finamente labrado con tramas cruzadas y una orla exterior de motivos geométricos repujados, elementos que en conjunto dotaban a este objeto de un profundo significado institucional, patriótico y de estatus social dentro de la relojería fina de la época.

Reloj de bolsillo realizado durante el reinado de Alfonso XII, hacia 1875-1885, cuya tapa posterior está decorada con el escudo pequeño de la Monarquía española de la Casa de Borbón, timbrado con corona real y flanqueado por las Columnas de Hércules con la divisa «Plus Ultra». El motivo posee un particular valor histórico por corresponder a los primeros años de la Restauración borbónica en España.
HISTORIA O ANTECEDENTES DE LA MARCA O MAESTRO RELOJERO QUE REALIZÓ ESTE RELOJ:
La Barcelona de Gumersindo Cortés: una relojería entre las Ramblas y la calle de San Pablo, hacia 1875-1885
Entre 1875 y 1885, Barcelona vivió uno de los periodos de transformación más intensos de su historia contemporánea. La ciudad acababa de dejar atrás las convulsiones del Sexenio Democrático y entraba en la Restauración borbónica, mientras su industria, su comercio y su burguesía crecían con rapidez. Las antiguas murallas habían desaparecido y el Ensanche avanzaba hacia el norte, pero el verdadero corazón comercial y social continuaba latiendo en la ciudad histórica y, muy especialmente, en las Ramblas. Allí se mezclaban todavía dos Barcelonas: la ciudad tradicional de calles estrechas, talleres y pequeños establecimientos, y la nueva capital burguesa que aspiraba a compararse con París, Londres o Ginebra.
Las Ramblas no constituían entonces un paseo uniforme, sino una sucesión de tramos con personalidad propia: la Rambla de Canaletas, la de los Estudios, la de San José o de las Flores, la Rambla del Centro —también llamada de los Capuchinos— y la de Santa Mónica. Era un gran eje de circulación humana, comercial y cultural que unía la parte alta de la ciudad con el puerto. Por su paseo central transitaban comerciantes, trabajadores, militares, viajeros, criadas, vendedores ambulantes, floristas y miembros de la burguesía barcelonesa. A ambos lados circulaban carruajes, tartanas, vehículos de reparto y tranvías de tracción animal. Al caer la tarde, la iluminación de gas daba a las fachadas, escaparates y cafés una apariencia moderna, aunque todavía muy distinta de la luminosidad eléctrica que se extendería durante las décadas siguientes.
En las Ramblas se concentraban algunos de los grandes símbolos de la Barcelona decimonónica. El mercado de la Boquería era un centro fundamental de abastecimiento y comercio; el Palacio de la Virreina, las fondas, cafés, librerías y comercios atraían una clientela muy diversa; y el Gran Teatro del Liceo, reconstruido después del incendio de 1861, representaba el prestigio de la burguesía catalana. Inaugurado en 1847, el Liceo se había convertido en el gran espacio de representación social de las clases acomodadas de Barcelona, cuyos carruajes llegaban a la Rambla en las noches de ópera. La Generalitat lo define como un símbolo de la burguesía barcelonesa y catalana emergente del siglo XIX. Patrimonio Cultural de Cataluña
Muy cerca del Liceo, en el lugar donde la calle de San Pablo nacía en la Rambla del Centro, se encontraba la relojería de Gumersindo Cortés. La dirección indicada reiteradamente por las fuentes es precisa: «San Pablo, número 1, esquina a la Rambla». No era una ubicación secundaria. El establecimiento ocupaba uno de los puntos de contacto más activos entre el gran paseo burgués y el interior del Raval. Quien salía del Liceo, acudía a la Boquería o recorría la Rambla podía ver el escaparate de Cortés prácticamente al comienzo de la calle. La elección del emplazamiento demuestra una acertada visión comercial: proximidad a una clientela con capacidad adquisitiva y, al mismo tiempo, acceso a un barrio densamente poblado por artesanos, comerciantes, obreros, fondas y pequeños negocios.
La calle de San Pablo era una de las principales vías históricas del Raval. Desde el Pla de la Boquería penetraba hacia poniente y conducía hasta el antiguo monasterio de San Pablo del Campo. En su primer tramo, junto a las Ramblas y al Liceo, convivían establecimientos de cierta categoría con fondas, talleres, cafés, tiendas de ropa, joyerías y negocios relacionados con el público de los teatros. Conforme la calle se adentraba en el Raval, el ambiente se hacía más popular y artesanal. No debe proyectarse sobre la década de 1880 la imagen posterior del llamado Barrio Chino, denominación y realidad urbana pertenecientes principalmente al siglo XX. En tiempos de Gumersindo Cortés, la calle de San Pablo era una arteria comercial heterogénea y muy transitada que enlazaba el refinamiento de la Rambla con el mundo del trabajo y del pequeño comercio del Raval.
La investigación en la prensa histórica permite confirmar que la relojería de Cortés no fue un establecimiento imaginario ni conocido únicamente por la tarjeta publicitaria conservada. El Diario de Barcelona la menciona repetidamente, al menos desde 1880, como «relojería de Cortés, San Pablo», y vuelve a citarla durante los años 1881 y 1885. Las referencias continúan documentándose en 1886. Estas apariciones permiten acreditar una actividad comercial sostenida durante buena parte del periodo estudiado, aunque todavía no autorizan a fijar con seguridad el año exacto de apertura ni el de cierre. Hemeroteca Digital del Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona, 1880, Diario de Barcelona, 1885
Las noticias de prensa aportan, además, un dato especialmente revelador. La relojería de Cortés aparece como punto de despacho o distribución de vales y localidades para representaciones teatrales y celebraciones de carnaval. En diversos anuncios se lee que las entradas podían adquirirse en la «Relojería de Cortés, San Pablo, núm. 1, esquina a la Rambla», junto con otros establecimientos conocidos de Barcelona. En 1885 todavía se mencionaba la relojería como lugar de despacho de vales relacionado con actividades teatrales. Esto significa que el negocio no era solamente un taller dedicado a vender y reparar relojes: funcionaba también como establecimiento de confianza integrado en las redes comerciales, teatrales y sociales de la ciudad. Biblioteca de Catalunya, ARCA
La tarjeta publicitaria conservada constituye una fuente primaria de extraordinario interés para reconstruir la actividad de la casa. En el centro figura un gran reloj de sobremesa con péndulo, flanqueado por dos personajes, y en su esfera se lee: «Relojería de Gumersindo Cortés. Barcelona». Sobre ella aparece nuevamente la dirección: «S. Pablo n.º 1, esquina a la Rambla». La imagen del reloj no solo cumplía una función decorativa: permitía identificar visualmente el establecimiento y asociar el apellido Cortés con la medición del tiempo, la precisión mecánica y el oficio relojero.
El texto de la tarjeta ofrece un verdadero catálogo comercial. La casa anunciaba «precios de fábrica» para relojes de oro y plata, cuadros reguladores, relojes de cuerda y despertadores. La expresión «precios de fábrica» debe interpretarse con prudencia: no demuestra por sí sola que Gumersindo Cortés poseyera una manufactura relojera propia. En la publicidad decimonónica podía emplearse para indicar venta directa, precios reducidos o suministro procedente de fabricantes y mayoristas. Mientras no aparezcan documentos industriales, fiscales o mercantiles que acrediten una fábrica, Cortés debe ser considerado fundamentalmente relojero, comerciante, reparador y posiblemente ensamblador o terminador de relojes importados.
En el lado derecho del anuncio se proclama: «Se componen y aseguran un año». La frase documenta la existencia de un taller de reparación y, algo muy significativo para su época, una garantía de un año sobre los trabajos realizados. La confianza era esencial en una actividad en la que el cliente entregaba un objeto valioso, delicado y frecuentemente fabricado en oro o plata. El relojero debía desmontar el movimiento, limpiar y aceitar sus piezas, sustituir componentes desgastados, reparar el sistema de cuerda, ajustar el escape y regular la marcha. La garantía constituía, por tanto, una declaración pública de responsabilidad profesional.
Todavía más interesante es la referencia a los «objetos de lance procedentes de las subastas del Monte-pío Esperanza y otras». En el lenguaje comercial del siglo XIX, los objetos «de lance» eran bienes de segunda mano adquiridos en oportunidades, liquidaciones o subastas. Los montes de piedad recibían joyas, cadenas y relojes como garantía de préstamos y, cuando no eran recuperados, podían sacarlos a pública subasta. La relojería de Cortés participaba así en un mercado secundario plenamente organizado: adquiría o comercializaba relojes, metales preciosos y otros objetos procedentes de subastas prendarias. El anuncio añade que «en cambios se admiten los usados y cadenas de oro y plata», confirmando que la casa aceptaba piezas antiguas como parte del pago o para su reventa.
Este sistema permitía atender a una clientela mucho más amplia que la formada exclusivamente por compradores de relojes nuevos. Una persona podía entregar su reloj usado, una cadena de oro o una pieza de plata y adquirir a cambio otro reloj de mayor calidad o en mejores condiciones. Cortés combinaba, por tanto, varias actividades complementarias: venta de relojes nuevos, reparación con garantía, compra y permuta de usados, comercialización de cadenas de metales preciosos y venta de piezas procedentes de subastas. Se trataba de un modelo comercial avanzado, basado en la circulación continua de objetos y en el valor material que conservaban el oro y la plata.
Los relojes que llevaban el nombre de Gumersindo Cortés deben entenderse dentro de esta estructura comercial. Durante el siglo XIX era habitual que un relojero o comerciante prestigioso hiciera figurar su nombre y ciudad en la esfera, en la cubeta o en el movimiento de relojes fabricados total o parcialmente en Suiza, Francia o Inglaterra. La inscripción comercial identificaba al establecimiento responsable de la venta y de la garantía, pero no necesariamente al fabricante del mecanismo. Por ello, un reloj marcado «Gumersindo Cortés en Barcelona» puede contener un movimiento extranjero y, al mismo tiempo, ser una pieza plenamente representativa de la historia comercial y relojera barcelonesa.
En el reloj conservado por el MIARB, la indicación «Ancre, 15 rubíes» describe un movimiento con escape de áncora y quince cojinetes de rubí. Si el examen directo confirma la arquitectura inglesa del mecanismo, debe catalogarse como reloj inglés comercializado, acabado o garantizado por la casa Gumersindo Cortés de Barcelona. La esfera, realizada en metales preciosos y no en esmalte convencional, y la caja saboneta aumentan considerablemente su singularidad. La inscripción del comerciante no resta valor histórico a la pieza; al contrario, la vincula con un establecimiento concreto, una calle y una realidad económica documentada.
La relojería de Gumersindo Cortés fue, en definitiva, un pequeño observatorio privilegiado de la Barcelona de la Restauración. Desde su escaparate en San Pablo número 1 podía contemplarse el incesante movimiento de las Ramblas: los carruajes que acudían al Liceo, los comerciantes de la Boquería, los paseantes, los actores, los compradores y los viajeros que descendían hacia el puerto. Dentro del establecimiento convivían relojes nuevos y usados, movimientos extranjeros, despertadores, reguladores, cadenas de oro y plata, piezas procedentes de subastas y relojes entregados para su reparación. También se despachaban vales para espectáculos, prueba de que la casa formaba parte de la vida pública y cultural de la ciudad.
Todavía desconocemos datos biográficos esenciales de Gumersindo Cortés —su lugar y fecha de nacimiento, su formación profesional o el momento exacto en que abrió el negocio—, y sería imprudente inventarlos. Sin embargo, la documentación localizada permite afirmar que su relojería estuvo activa y públicamente reconocida, al menos, entre 1880 y 1886; que ocupó una posición excepcional en la esquina de la calle de San Pablo con la Rambla; que contaba con taller de reparación y ofrecía un año de garantía; que vendía relojes de oro y plata, reguladores y despertadores; que admitía cambios de relojes usados y cadenas preciosas; que comercializaba objetos procedentes de subastas; y que actuó como punto de distribución de entradas para actividades teatrales. La pieza conservada por el MIARB no representa, por tanto, solamente un reloj de bolsillo: es el testimonio material de una desaparecida casa barcelonesa y de una época en la que el comercio, el teatro, la relojería y la vida urbana se encontraban cada día en las Ramblas.
FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES HISTÓRICAS DE LA ÉPOCA EN LA QUE SE UTILIZABA ESTE RELOJ:



CALIBRE DEL RELOJ:
El calibre de este reloj es a pletina completa con pequeños puentes y el volante a cortes y a la vista dotado de tornillos de compensación térmica a la vista y dos bocallaves para sistema de cuerda y cambio horario.
Los relojes de bolsillo abarcan una amplia gama de calibres, desde los más antiguos como el catalino el semicatalino a los básicos como el calibre Roskopf, hasta los más avanzados como el calibre tourbillon. Cada uno de estos calibres refleja diferentes enfoques para la medición del tiempo, adaptados a las necesidades tecnológicas, económicas y sociales de su época.
En relojería, el término calibre hace referencia al diseño o tipo de movimiento interno de un reloj, incluidas las dimensiones, disposición y componentes del mecanismo. En el caso de los relojes de bolsillo, hubo una amplia variedad de calibres desarrollados a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, adaptados a distintas necesidades y estilos.
TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:
El escape de este reloj es de ancora.
En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.
El escape catalino (verge fusee escapement).
Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.
El escape semicatalino.
En España, los coleccionistas comenzaron a diferenciar dos grandes familias:
- Catalino: reloj de gran platina, heredero de la arquitectura del siglo XVIII, generalmente con escape de rueda de encuentro (verge).
- Semicatalino: evolución posterior, que conserva rasgos constructivos del catalino pero reduce la platina, dejando parcialmente visible el tren de rodaje y adoptando soluciones propias de la relojería francesa del siglo XIX.
Es decir, “semicatalino” no es una denominación utilizada históricamente por los fabricantes franceses, sino un término clasificatorio creado por la tradición relojera española para distinguir una fase evolutiva de estos relojes. Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.
El escape Duplex.
este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo. En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora.
Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación.
Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante. Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas.
El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo.
Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.
El escape de cilindro.
Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.
El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement).
Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.
El escape de detente o de cronómetro (detent escapement).
Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.
El escape a Roskopf.
El escape Roskopf es un sistema de escape simplificado utilizado en relojes de bolsillo económicos desde finales del siglo XIX, concebido por Georges Frédéric Roskopf con el objetivo de fabricar relojes accesibles para el gran público.
Se trata de una variante del escape de áncora en la que las tradicionales paletas de rubí se sustituyen por dos pasadores metálicos, reduciendo drásticamente los costes de producción. El mecanismo permite que la rueda de escape avance de forma regulada mientras transmite impulso al volante, pero con menor precisión y mayor fricción que los escapes de mayor calidad.
Su principal virtud es la simplicidad, robustez y bajo coste, lo que permitió la producción masiva de relojes conocidos como “relojes del obrero”. Como contrapartida, presenta menor exactitud y mayor desgaste.
En síntesis, el escape Roskopf es una solución técnica clave en la democratización de la relojería, sacrificando refinamiento mecánico en favor de accesibilidad y producción industrial.
El escape de áncora inglés y el áncora suiza.
El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (el áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.
Otros escapes menos comunes.
En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada, pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.
TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:
El volante de este reloj es anular.
Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.
El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.
En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.
En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.
La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.
En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isocronía. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión.
HISTORIA DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:
La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.
Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.
Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.
En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.
En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.
Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.
En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.
Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.
Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactura que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.
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«Una exposición sobre el reloj doméstico catalán» Arte y Hora, n. 143H25, Mar-Abr 2001, p.10-21.
«Una història artesanal pendent» El País-Catalunya, 1/2/1990.
INTELIGENCIA ARTIFICIAL:
Gemini así como búsquedas en Google.
Chat GPT .





