Reloj ferroviario de bolsillo japonés “Seiko Precision Diaflex”, de 15 rubíes con pequeño segundero. Manufactura Seiko, se utilizaba en Japón, circa 1966 dentro de las cabinas de la máquina locomotora, puesto en un dispositivo.

Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.581 JDBC.

DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ:

Siglo XX,circa año 1966.

NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:

PAÍS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:

Japón.

DESCRIPCIÓN DEL RELOJ, FICHA TÉCNICA:

Este ejemplar es un reloj de bolsillo Seiko Precision de 15 rubíes, una pieza emblemática de la relojería japonesa producida por la división Seikosha. Por las características del movimiento mecánico que se observa en las imágenes, especialmente el acabado de las pletinas y la configuración del escape, este modelo fue fabricado aproximadamente a mediados de la década de 1960. El número de serie grabado en el interior de la tapa, que comienza por 63, refuerza esta datación, sugiriendo que la caja fue producida en marzo de 1966. Estos relojes fueron sumamente populares y ganaron una gran reputación por su precisión, siendo utilizados oficialmente por los ferrocarriles nacionales de Japón durante varias décadas. El dial presenta una estética funcional con números arábigos de gran legibilidad y un segundero subsidiario a las seis, una configuración clásica para instrumentos de precisión de esa época. La mención «Diaflex» en la esfera hace referencia a la aleación especial utilizada en el muelle real, diseñada para ser irrompible, una innovación técnica que Seiko promocionaba con orgullo durante los años sesenta. El estado de conservación del mecanismo, con sus puentes decorados y los rubíes visibles, indica que se trata de un calibre robusto destinado a un uso profesional intensivo. En resumen, se encuentra ante una pieza de ingeniería ferroviaria japonesa de 1966, un periodo en el que Seiko consolidó su fama mundial por la fiabilidad de sus cronómetros.

Es un punto excelente y muy lógico: para 1966, el reloj de pulsera era ya el estándar absoluto para el ciudadano común e incluso para la mayoría de los profesionales. Sin embargo, en el mundo ferroviario, especialmente en Japón, las tradiciones técnicas y los protocolos de seguridad mantenían una jerarquía distinta. Los conductores de los trenes de la JNR (Japanese National Railways) tenían un soporte específico en sus paneles de control diseñado exclusivamente para encajar este modelo de reloj de bolsillo de Seiko. No lo llevaban en el chaleco como en el siglo XIX, sino que lo utilizaban como un «cronómetro de bitácora» que se insertaba en la cabina para que el maquinista tuviera una referencia visual clara, grande y precisa de la hora sin tener que girar la muñeca mientras operaba los controles.


Ferrocarril en el que se llevaba en cabina locomotora este tipo de reloj en 1966.

La preferencia por el formato de bolsillo en los ferrocarriles japoneses durante los años 60 y 70 se debía a que estos calibres, como el que aparece en tus fotos, eran más fáciles de regular para obtener una precisión extrema en comparación con los movimientos de pulsera más pequeños de la época. Mientras el resto del mundo miraba hacia el cuarzo o los diseños de pulsera deportivos, los ferrocarriles nipones seguían confiando en estos Seiko Precision mecánicos por su robustez y por la facilidad de lectura que ofrecía su gran esfera blanca. De hecho, Seiko continuó fabricando versiones de este reloj de bolsillo para los ferroviarios incluso después de la revolución del cuarzo, convirtiéndose en un objeto de culto que simboliza la puntualidad legendaria del sistema de transporte japonés. Por eso, aunque en 1966 lo moderno era un reloj de pulsera, este modelo en particular seguía siendo la herramienta de trabajo oficial en las cabinas de los trenes.

Reloj de bolsillo japonés “Seiko Precision Diaflex”, dotado de movimiento mecánico de 15 rubíes y segundero subsidiario a las seis horas, constituye un notable ejemplo de la relojería técnica desarrollada por la manufactura japonesa Seiko durante las décadas centrales del siglo XX, en un contexto histórico marcado por la reconstrucción industrial del Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial y por la consolidación internacional de la ingeniería relojera nipona. El ejemplar aquí analizado presenta una elegante esfera esmaltada o lacada en blanco, con numeración arábiga de gran tamaño en estilo art déco tardío, agujas azuladas de tipo feuille y caja metálica de líneas sobrias y funcionales, rasgos todos ellos característicos de la producción japonesa orientada a la precisión, robustez y legibilidad. La inscripción “SEIKO PRECISION – 15 JEWELS” situada bajo las doce horas revela claramente la voluntad de la manufactura de destacar la calidad técnica del movimiento, mientras que la palabra “DIAFLEX”, situada sobre el pequeño segundero, remite a una de las innovaciones más relevantes introducidas por Seiko en materia de absorción de impactos y elasticidad mecánica del volante y de la espiral.

La denominación “Diaflex” fue utilizada por Seiko a partir de la década de 1950 para identificar determinados sistemas de protección y flexibilidad aplicados al muelle real y a órganos delicados del movimiento, concebidos con el objetivo de aumentar la resistencia frente a golpes y tensiones mecánicas. En el contexto de la relojería japonesa de posguerra, esta innovación se convirtió en una importante herramienta comercial y técnica para competir con los grandes fabricantes suizos y estadounidenses, especialmente en un momento en que Japón impulsaba una profunda modernización industrial basada en la miniaturización, la precisión mecánica y la estandarización productiva. El término “Precision”, igualmente visible en la esfera, respondía a la estrategia de Seiko de asociar sus productos a conceptos de exactitud cronométrica y fiabilidad, anticipando el prestigio internacional que la marca alcanzaría posteriormente con hitos como el Grand Seiko o el Astron Quartz de 1969.

El movimiento observado en las imágenes presenta una arquitectura limpia y funcional, con puentes decorados mediante franjas verticales mecanizadas y una disposición racional propia de la escuela relojera japonesa de mediados del siglo XX. La inscripción “15 Jewels” hace referencia al empleo de quince rubíes sintéticos utilizados como cojinetes en los puntos de fricción del mecanismo, reduciendo así el desgaste y mejorando la regularidad de marcha. Durante las décadas de 1940 y 1950, la indicación del número de rubíes constituía un importante argumento comercial, ya que simbolizaba calidad técnica y refinamiento mecánico. El regulador visible sobre el volante incorpora escala de ajuste rápido, permitiendo modificar la precisión de marcha mediante desplazamiento del índice regulador. El acabado general del calibre, aunque austero frente a la alta relojería suiza contemporánea, evidencia una manufactura industrial extraordinariamente cuidada, coherente con el espíritu técnico japonés del periodo.

La caja exterior responde a un diseño eminentemente funcional, carente de ornamentación superflua, algo habitual en la relojería japonesa de posguerra. La tapa lisa y pulida, junto con el interior decorado mediante un motivo circular mecanizado concéntrico, refleja una estética industrial elegante y racionalista. El número de serie grabado en la tapa interior permite además aproximar su datación a mediados del siglo XX, probablemente entre finales de los años cuarenta y la década de 1950. La gran corona estriada situada a las doce horas y el aro de suspensión indican que se trata de un reloj concebido para uso profesional, ferroviario, administrativo o técnico, ámbitos en los que la legibilidad y precisión resultaban esenciales. Japón desarrolló precisamente durante este periodo una importante tradición de relojes ferroviarios y de control horario, utilizados tanto por empleados públicos como por ingenieros, trabajadores industriales y operadores de infraestructuras.

La historia de Seiko se remonta a 1881, cuando Kintarō Hattori fundó en Tokio un pequeño taller de reparación y venta de relojes. Posteriormente, la compañía evolucionó hacia la manufactura propia bajo el nombre Seikosha, término que puede traducirse como “Casa de la Precisión”. A lo largo de las primeras décadas del siglo XX, Seikosha desarrolló relojes de pared, sobremesa y bolsillo, consolidándose como una de las industrias relojeras más importantes de Asia. El devastador terremoto de Kantō de 1923 destruyó gran parte de las instalaciones y existencias de la empresa, pero la reconstrucción posterior permitió modernizar la producción y sentar las bases del futuro gigante industrial que llegaría a ser Seiko. Tras la Segunda Guerra Mundial, Japón inició una rápida recuperación económica e industrial, y Seiko aprovechó este contexto para perfeccionar sus calibres mecánicos, introducir nuevos sistemas de protección contra impactos y mejorar la exactitud cronométrica de sus movimientos. En este marco surgieron modelos como el presente “Seiko Precision Diaflex”, concebidos como instrumentos fiables y técnicamente avanzados para un mercado cada vez más exigente.

Estéticamente, el reloj refleja la transición entre la tradición clásica del reloj de bolsillo y la modernidad técnica del siglo XX. La gran claridad tipográfica, el equilibrio compositivo de la esfera y la elegancia de las agujas azuladas revelan influencias del diseño occidental reinterpretadas bajo sensibilidad japonesa. Aunque en las décadas de 1950 y 1960 el reloj de pulsera comenzó a desplazar progresivamente al reloj de bolsillo, especialmente tras la experiencia militar de la Segunda Guerra Mundial, en Japón este tipo de piezas continuó utilizándose ampliamente en sectores ferroviarios, administrativos y ceremoniales. Ello explica la supervivencia de modelos de bolsillo técnicamente muy evolucionados incluso en épocas relativamente tardías.

Desde el punto de vista histórico y museístico, este Seiko Precision Diaflex constituye un excelente testimonio de la evolución tecnológica de la relojería japonesa en la segunda mitad del siglo XX y de la progresiva transformación de Japón en una potencia mundial de precisión mecánica. La pieza sintetiza elementos fundamentales de la identidad industrial japonesa: funcionalidad, rigor técnico, resistencia mecánica y búsqueda permanente de exactitud. Asimismo, representa una etapa esencial en el desarrollo de Seiko, manufactura que décadas después revolucionaría la industria relojera mundial mediante la introducción del cuarzo y la consolidación de estándares industriales capaces de competir directamente con la relojería suiza tradicional.

HISTORIA O ANTECEDENTES  DE LA MARCA O MAESTRO RELOJERO QUE REALIZÓ ESTE  RELOJ:

La historia de Seikosha y su posterior evolución hacia la actual Seiko constituye uno de los procesos industriales más relevantes de la relojería mundial contemporánea y representa, al mismo tiempo, la transformación del Japón tradicional en una potencia tecnológica e industrial de alcance global. El origen de la firma se remonta al año 1881, cuando el joven empresario japonés Kintarō Hattori abrió en Tokio un pequeño establecimiento dedicado a la reparación y venta de relojes importados. Japón atravesaba entonces la era Meiji, periodo caracterizado por una acelerada occidentalización y modernización económica impulsada por el Estado japonés tras siglos de aislamiento feudal. Los relojes mecánicos occidentales eran considerados símbolos de modernidad y progreso, y Hattori comprendió rápidamente que el futuro no estaba únicamente en comercializar relojes extranjeros, sino en producirlos en Japón con tecnología propia.

En 1892 fundó la fábrica “Seikosha”, nombre derivado de las palabras japonesas “Seiko”, que puede traducirse como “precisión” o “éxito exquisito”, y “sha”, que significa “casa” o “taller”. Por tanto, Seikosha podría interpretarse como “Casa de la Precisión”. Inicialmente la empresa fabricó relojes de pared, muy demandados en una sociedad japonesa que comenzaba a estructurar sus horarios industriales y ferroviarios siguiendo modelos europeos y estadounidenses. Posteriormente la producción se amplió a relojes de sobremesa y despertadores, hasta que en 1895 apareció el “Time Keeper”, considerado uno de los primeros relojes de bolsillo japoneses producidos industrialmente.

Uno de los grandes hitos históricos de Seikosha llegó en 1913 con la creación del “Laurel”, considerado el primer reloj de pulsera fabricado en Japón. En aquella época los relojes de bolsillo seguían dominando el mercado mundial y el reloj de pulsera era visto todavía como un accesorio relativamente novedoso, asociado inicialmente al ámbito femenino y militar. Sin embargo, Seikosha comprendió rápidamente el potencial de esta nueva tipología relojera, especialmente tras la experiencia de la Primera Guerra Mundial, donde los oficiales militares europeos demostraron la superioridad práctica del reloj de muñeca frente al reloj de bolsillo tradicional.

La historia de la compañía estuvo profundamente marcada por el gran terremoto de Kantō de 1923, uno de los desastres más devastadores de la historia japonesa moderna. El seísmo destruyó Tokio y arrasó gran parte de las instalaciones de Seikosha, además de miles de relojes que la empresa tenía almacenados para entrega a clientes. En un gesto que consolidó enormemente el prestigio moral de la compañía, Kintarō Hattori decidió reemplazar gratuitamente todos los relojes perdidos por sus clientes pese al enorme coste económico que ello suponía. Este episodio contribuyó decisivamente a construir la reputación ética y empresarial de la firma en Japón.

Tras la reconstrucción posterior al terremoto, la empresa adoptó progresivamente el nombre comercial “Seiko”, utilizado inicialmente en determinadas líneas de productos desde la década de 1920. Con el paso del tiempo, “Seiko” terminó convirtiéndose en la denominación principal de la compañía, mientras que “Seikosha” quedó asociada históricamente a los orígenes manufactureros de la firma. De hecho, la evolución corporativa de Seiko dio lugar posteriormente a distintas divisiones industriales, entre ellas Daini Seikosha y Suwa Seikosha, creadas tras la Segunda Guerra Mundial. Ambas manufacturas competirían internamente entre sí para mejorar calidad y precisión, algo extraordinariamente singular en la historia industrial japonesa.

Una de las curiosidades históricas más interesantes de Seiko fue precisamente esta dualidad entre Suwa y Daini. Ambas fábricas desarrollaban relojes diferentes bajo la misma marca, llegando incluso a utilizar símbolos distintivos en las esferas o movimientos. Algunos modelos llevaban el famoso símbolo del rayo, asociado generalmente a Suwa Seikosha, mientras otros empleaban logotipos distintos vinculados a Daini Seikosha. Esta competencia interna favoreció un extraordinario avance tecnológico y desembocó décadas más tarde en el nacimiento de líneas míticas como Grand Seiko y King Seiko, que competían entre sí buscando alcanzar estándares cronométricos comparables o superiores a los suizos.

Durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Japón inició una recuperación industrial vertiginosa y Seiko se convirtió en uno de los grandes símbolos de dicha transformación. La marca desarrolló movimientos cada vez más precisos y resistentes, incorporando innovaciones como el sistema “Diaflex”, destinado a mejorar la elasticidad y durabilidad del muelle real, o el “Diashock”, sistema antichoque comparable al Incabloc suizo. Estas tecnologías buscaban aumentar la fiabilidad mecánica de los relojes japoneses en un contexto donde la robustez y precisión eran fundamentales para competir internacionalmente.

Otra curiosidad histórica relevante es la estrecha relación entre Seiko y los ferrocarriles japoneses. Japón desarrolló una cultura ferroviaria extraordinariamente rigurosa en materia horaria, y numerosos relojes Seiko de bolsillo y pulsera fueron utilizados por trabajadores ferroviarios, funcionarios y técnicos. Ello contribuyó decisivamente a consolidar la asociación entre Seiko y la precisión cronométrica. La propia palabra “Precision”, visible en muchos modelos históricos, formaba parte de una estrategia de posicionamiento industrial basada en exactitud, fiabilidad y eficiencia técnica.

En 1964, durante los Juegos Olímpicos de Tokio, Seiko alcanzó reconocimiento internacional al convertirse en cronometrador oficial del evento. Este hecho tuvo enorme importancia simbólica, pues representaba la capacidad tecnológica japonesa frente a Occidente apenas dos décadas después de la devastación de la guerra. Poco después, en 1969, Seiko revolucionó definitivamente la historia de la relojería con la presentación del Astron Quartz, el primer reloj de pulsera de cuarzo comercializado a gran escala. Este acontecimiento desencadenó la llamada “crisis del cuarzo”, que provocó el colapso de numerosas manufacturas mecánicas suizas tradicionales incapaces de competir inicialmente con la precisión y costes de producción japoneses.

Pese a ello, Seiko nunca abandonó completamente la relojería mecánica. De hecho, la compañía continuó desarrollando movimientos automáticos y manuales de alta calidad, hasta el punto de que actualmente Grand Seiko es considerada por numerosos especialistas como una de las grandes manufacturas de alta relojería mundial. Asimismo, Seiko introdujo innovaciones únicas como el “Spring Drive”, un sistema híbrido que combina energía mecánica tradicional con regulación electrónica de altísima precisión, considerado por muchos historiadores uno de los avances más sofisticados de la relojería contemporánea.

Desde una perspectiva histórica más amplia, la evolución de Seikosha hacia Seiko simboliza la transición del Japón artesanal y tradicional del siglo XIX hacia el Japón hipertecnológico del siglo XX y XXI. La firma no solo fabricó relojes, sino que contribuyó decisivamente a redefinir la percepción internacional de la ingeniería japonesa, demostrando que Japón podía competir y superar a las industrias occidentales en ámbitos históricamente dominados por Europa y Estados Unidos.

FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES HISTÓRICAS DE LA ÉPOCA EN LA QUE SE UTILIZABA ESTE RELOJ:

CALIBRE DEL RELOJ:

El calibre de este reloj es redondo a  tres cuartos.

Los relojes de bolsillo abarcan una amplia gama de calibres, desde los más antiguos como el catalino el semicatalino a los básicos como el calibre Roskopf, hasta los más avanzados como el calibre tourbillon. Cada uno de estos calibres refleja diferentes enfoques para la medición del tiempo, adaptados a las necesidades tecnológicas, económicas y sociales de su época.

En relojería, el término calibre hace referencia al diseño o tipo de movimiento interno de un reloj, incluidas las dimensiones, disposición y componentes del mecanismo. En el caso de los relojes de bolsillo, hubo una amplia variedad de calibres desarrollados a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, adaptados a distintas necesidades y estilos.

TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:

El escape de este reloj es  de ancora.

En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.

El escape catalino (verge fusee escapement).

Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.

El escape semicatalino.

Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.

El escape Duplex. 

Este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo. En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora.

Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación. Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante. Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas.

El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo. Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.

El escape de cilindro.

Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.

El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement).

Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.

El escape de detente o de cronómetro (detent escapement).

Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.

El escape a Roskopf. 

El escape Roskopf es un sistema de escape simplificado utilizado en relojes de bolsillo económicos desde finales del siglo XIX, concebido por Georges Frédéric Roskopf con el objetivo de fabricar relojes accesibles para el gran público.

Se trata de una variante del escape de áncora en la que las tradicionales paletas de rubí se sustituyen por dos pasadores metálicos, reduciendo drásticamente los costes de producción. El mecanismo permite que la rueda de escape avance de forma regulada mientras transmite impulso al volante, pero con menor precisión y mayor fricción que los escapes de mayor calidad.

Su principal virtud es la simplicidad, robustez y bajo coste, lo que permitió la producción masiva de relojes conocidos como “relojes del obrero”. Como contrapartida, presenta menor exactitud y mayor desgaste.

En síntesis, el escape Roskopf es una solución técnica clave en la democratización de la relojería, sacrificando refinamiento mecánico en favor de accesibilidad y producción industrial.

El escape de áncora inglés y el áncora suizo.

El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (la áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.

Otros escapes menos comunes.

En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.

TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:

El volante de este reloj es anular.

Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.

El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.

En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.

En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.

La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.

En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isocronía. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión.

HISTORIA  DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:

La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.

Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.

Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.

En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.

En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.

Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.

En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.

Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.

Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactur  que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.

BLIOGRAFÍA UTILIZADA PARA LA DESCRIPCIÓN

DE ESTE RELOJ:

Monografías:

Abella Ramón. La relojería suiza. Madrid: Ministerio del estado, 1912.

Acudiré, Alain. La Grande Horloge. París: Les editions de l’amateur, 2000.

Amades, Joan. Els rellotges de sol: art popular. Barcelona: La Neotípia, 1938.

Bailey, Chris H. Two hundred years of American Clocks and watches. New York: Prentice Hall, 1975.

Balfour, Michael. Relojes clásicos. Madrid: Ed. Libsa S.A., 1991.

Ballesteros Sotomayor, Fernando. Tratado práctico de restauración de esferas de relojes. Sevilla: 1954 (Gráf. de Gavidia).

Barquero, José Daniel. Enciclopedia del reloj de bolsillo. Barcelona. Amat Editorial.

Barquero, José Daniel. Diccionario Enciclopédico profesional de alta relojería. Furtwangen editores. 2010.

Barquero, José Daniel. Relojes Bahne Nonniksen. Furtwangen Editores. 2011.

Barquero, José Daniel. Diccionario de Relojes. Furtwangen Editores. 2008.

Bassermann, Jordan; Ernest Von y Bertele, Hans Von. Montres, horloges et pendules. Trad. Francesa de Uhren, 4ed. Braunscheweig: Presses Universitaries de France, 1964.

Belda González, Pedro-Germán. Relojes especiales: teoría y reparación. Madrid: Xandró, 1995. 2ª edición.

Belekda, Silvio. L’orologio e la moda. Milano – Italia: Mazzotta, 1994.

Benito Ruano, Eloy. Relojes y relojeros del Ayuntamiento de Madrid en el siglo XVIII. Madrid, 1970 ([Ruycar, imp.])

Brusa, G. L’arte dell Orologería in Europa. Bramante, 1978.

Bruton, Enric. Clocks & watches. Verona – Italia: The hamlyn publishing group, 1968.

Bruton, Eric. Antique Cloks and Cloks Collecting. Londres, 1974.

Bruton, Eric. The history of clocks and watches. London: Little, Brown, 2000. 

Cardinal, Catherine; Piguet, Jean Michel. Musée International d’horlogerie: La Chaux de fonds-Suisse du cadran solaire à l’horloge atomique: catalogue of selected pieces. París: [s.e.], 2002.

Colón de Carvajal, J. Ramón. Catálogo de relojes del Patrimonio Nacional. Madrid: Patrimonio Nacional, 1987. 

Colón de Carvajal, J. Ramón. Catálogo de relojes del Patrimonio Nacional. Madrid: Patrimonio Nacional, 1987. 

Cutmore, M. Watches 1850-1980. Reino Unido: [s.e.], 2002.

Downing, Alan. Voyage to the end of time. Suiza-Geneva: Editions Chellenge para Patek Philipp, 1989.

Echeverría, José Miguel. Coleccionismo de relojes de bolsillo. Madrid: Everest, 1982.

El astrolabio. Instrumentos astronómicos hispano árabes. Barcelona: Editado por Roca Radiadores S.A., 1994.

El Marqués de Cerralbo. Madrid: Museo Cerralbo. Ministerio de Educación y Cultura de España, 1996.

Exposition de la fabulause collection priveé de Patek Philippe 1839-1989: Musée de l’horlogerie et de l’emaillerie Genève. Geneve, 1989.

G. Randall, Anthony; Goord, Richard. Catalogue of watches in the British Museum VI. London: Bristish Museum Publications, 1990. 

García-Diego, José A. Los relojes y Autómatas de Juanelo Turriano. Madrid, Albatros, 1982.

García-Diego, José A. Los Relojes y autómatas de Juanelo Turriano. Madrid: Albatros Ediciones, 1982. Tempus fugit. Monografías españolas de relojería; 6.

Gisbert L. Brunner y Christian Pfeiffer-Belli. Wristwatches. Armbanduhren: Montres-bracelets, Köneman, 1999.

Lassaussois, Jean. El Mundo de los relojes; [traducción de Miguel Giménez Saurina]. Barcelona: Ultramar, DL 1998.

Lippincott, Kristen. El tiempo a través del tiempo. Barcelona: Grijalbo, 2000.

Locke, John. Your pocket watch: the owners guide to mechanical pocket watches. Hythe: Brabourne Books, 2003.

Loones, Brian. Brass Dial clocks. Reino Unido – Suffolk: Antique Collectors Club, 1998.

Manual de relojería electrónica y de cuarzo; bajo la dirección de H. Lecoultre y A. Jiménez. Viladrau : Cedel, 1978 

Marechal, Pedro: Arte de conservar y arreglar los relojes de muestra, para las personas que no tienen conocimiento alguno de la relojería: compuesto por Don Pedro Marechal, maestro relojero en la corte de Madrid. Barcelona: Juan Francisco Piferrer.

Matas, Josep: Apuntes sobre la técnica relojera.

Mayand, Jean-Luc. Besançon horloger 1793-1914. Besançon: Musée du temps editeur, 1994. 

Meis, Reinhard. Les montres de poche: de la montre-penditif au tourbillon. Fribourg: Office du Livre, 1980.

Memorie de Sabliers, collections: mode d’emploi. París: Les editions de l’amateur, 1997.

Miller’s clocks & barometers buyer’s guide. Tenterden: Miller’s, 2001. 

Monreal y Tejada, Luis. Relojes antiguos: 1500-1850. Barcelona, 1955, Colección F. Pérez de Olaguer-Feliu.

Montañés Fontenla, Luis. El escape y el péndulo: literatura relojera. Madrid: Antiqvaria, D.L. 1991 

Montañés Fontenla, Luis. La máquina de las horas: Introducción al conocimiento del reloj. Madrid: Isla, 1975.

Montañés Fontenla, Luis. Relojes de los museos madrileños. Madrid, octubre 1954. I Cuadernos de Relojería.

Montañés Fontenla, Luis. Relojes de un Palacio. Madrid: Museo Cerralbo. Ministerio de Educación y Cultura de España, 1997.

Montañés Fontenla, Luis. Relojes españoles. Madrid: Prensa española, 1968.

Montañés Fontenla, Luis. Relojes, Antiqvaria, S.A. Ediciones, Madrid, 1997.

Morató i Via, Salvador. Els rellotges de sol del Penedès.Vilafranca del Penedès: Museo de Vilafranca, 1993.

Moreno, Roberto. Vida y obra de José Rodríguez de Losada. Madrid: Fundación Juanelo Turriano, 1995.

Negrehi, Giampiero; De Vecchi, Paolo. Patek Philippe. Könemann: [s.e.], 1999.

P. De Vecchi e G. Gregato. Orologi da Polso: storia, costume, collezionismo. Milan: Editorial Giorgio Mondadori, 1996.

Palau i Claveras, Miquel. Rellotges de sol: història i l’art de construïr-los sense matemàtiques. Barcelona: Millà, 1970.

Patek Philippe Museum Films. Suiza: [s.e.], 2004. D.V.D. + vídeo.

Producción y comercio de la joyería y relojería en España y Europa. Barcelona: Fira de Barcelona, 1992.

Rawlings, Arthur L. The Science of clocks and watches. Upton: British Horological Institute, 1993

Roberts, Derek. British Longcase clocks. EE.UU.: Schiffer, 1990.

Segura, Carme; Farré, Eduard. Gràcia, a l’ombra del seus rellotges: testimonies d’una història. Barcelona: [s.e.],1999.

Segura, Carme; Farré, Eduard: Gràcia, a l’ombra dels seus rellotges. Barcelona: Ed. Taller d’Història de Gràcia, 1999.

Segura, Carme; Farré, Eduard; Camps, Esteve: Les places de Gràcia, Homenatge a Josep Buch. Barcelona: Ed. Taller d’Història de Gràcia, 2001.

Shenton, Alan. Pocket watches: 19th&20th century. Reino Unido: [s.e.] , 1996.

Shenton, Alan; Shenton, Rita. Collectable clocks. London: Antique Collectors’ Club, 1998.

Shugart, Cooksey; Engle, Tom; Gilbert, Richard E.: Complete price guide to watches. 

Simoni, Antonio. Orologi dal ’500 al ‘800. Milán: Antonio Vallardi, 1965, 1972.

Smith, Alan. The Guinness book of clocks. London: Guinness Superlatives, 1984

Stern, Philippe. Patek Philippe. Star calibre 2000. Geneve-Suiza: Scriptor, 2004.

Symonds, R.W. A book of English clocks. London: Penguin books, 1950.

Tardy. La pendule française dans le monde. París, 1981-1984. 5 vols. 5a edición.

Temps i rellotges. Barcelona: Ed Fundació Caixa de Pensions, 1985. Trad: Tiempo y relojes. Barcelona: Fun..dació Caixa de Pensions, 1986; Reed: Tiempo y relojes. La Coruña: Casa de las Ciencias, 1987

Ullyett, Kenneth. British clocks and clockmakers. London: Collins, 1947.

Ullyett, Kenneth. In Quest of clocks. London: Rockliff, 1951.

Uresova, Libuse. El arte de la relojería. Madrid: Libsa, 1990.

Viñola y Lardies, Vicente. Tratado de la Relojería alegórica. Barcelona: Establecimiento tipográfico de R. Pujol, 1901.

Publicaciones Periódicas:

“Rellotge”. Gran Enciclopèdia catalana (2a edició) 1988, vol 19, p. 215-221.

“Rellotger” “Quadranter”. Diccionari d’Història de Catalunya, p. 871 i 904. Barcelona: Edicions 62, 1992.

A medieval Catalan clepsydra and carillon. “Antiquarian Horology” n. 4, vol. 18, Winter 1989, p. 371-380.

Abraham-Louis Breguet (1747-1823). “Arte y Hora” n. 118H1, Mar-Abr 1996, p. 4-10

Adiciones a la colección “El Fascinante Mundo de los Relojes. Enciclopedia del Reloj de Pulsera”. Barcelona: Ed. Planeta-De Agostini (6 vols.), 1998

Alberto Billeter, un relojero suizo en Barcelona. (1ª parte) “Arte y Hora” n. 121H4, Nov-Dic 1996, p. 12-18; (2ª parte) “Arte y Hora” n. 122H5, Ene-Feb 1997, p. 6-11

Antigüedades & coleccionismo. Barcelona: Guía de prensa. 

Barnajoya salón de la joyería, relojería, y platería. Barcelona. Feria internacional de muestras.

Breve repaso a la evolución del reloj eléctrico. “Arte y Hora” n. 145H27, Set-Oct 2001, p. 16-23

Calendarios mecánicos, precursores del reloj. “Arte y Hora” n. 135-H/18, Sep-Oct 1999, p.10-19

Cronometraje deportivo. “Dynamic Cronos Magazine” n. 17, Jul-Ago 1992, p. 28-31

Cronometría de marina. Hora y posición. “Arte y Hora” n. 146H28, Nov-Dic 2001, p. 14-19 

Cronos Magazine. Curt, Laura. Barcelona: Curt.

Cronos: revista de rellotgeria. Barcelona: Federació de rellotgers de Catalunya.

Cuadrantes solares hispano-árabes. “Arte y Hora” n. 131H14, Nov-Dic 1998, p. 20-27.

Diccionarios y enciclopedias:

Diderot & d’Alembert. L’encyclopédie: Horlogerie. París: Bibliotheque de l’image, 2002.

El astrolabio, ilustre antepasado del reloj. (1ª parte) “Arte y Hora” n. 125H8, Set-Oct 1997, p. 16-24; (2ª parte) “Arte y Hora” n. 126H9, Nov-Dic 1997, p. 8-14

El astrolabio. “Astronomía. El universo en tus manos”, Fascículo n. 34, p. 149-150. Barcelona; Ed. Orbis, 1992.

El astrolabio. “Investigación y Ciencia” n. 191, Ago 1992, p. 50-51.

El astrolabio. de J.D. North (traducción) “Máquinas de computo” TEMAS 4 Investigación y Ciencia 1996, p. 6-17.

El Fascinante mundo de los relojes: enciclopedia del reloj de pulsera. [Barcelona]: Planeta DeAgostini, DL 1998.

El Kitab al-Anwa’ de ibn Asim por Miquel Forcada (resención). “Investigación y Ciencia” n. 220, Ene 1995, p. 93-94.

El libro de los relojes de Alfonso X. “Arte y Hora” n. 124H7, May-Jun 1997, p. 4-10.

El museo “L’Homme et le Temps”. “Arte y Hora” n. 117, Ene-Feb 1996, p. 3-11.

El nocturlabio, un reloj de estrellas. “Arte y Hora” n. 136H19, Nov-Dic 1999, p. 34-41.

El nom de la rosa y les hores canòniques. “La Busca de Paper” n. 6, Primavera 1990, p. 2-3.

El reloj astronómico que dió la hora de Barcelona aún es juez del tiempo. “La Vanguardia” 10/4/1988.

El reloj de la catedral de Barcelona. “Dynamic Cronos Magazine” n. 9, Mar-Abr 1991, p. 62.

El reloj de sol analemático. “Astrum”, 69, juliol 1986, p. 5-9.

El Reloj de Sol. De la astronomía la filosofía. “Pàmies Collectors” n.5, Des. 2003, p. 38-40.

El reloj mecánico desde 1300 a 1650. “Arte y Hora” n. 139H22, May-Jun 2000, p. 4-11.

El reloj mecánico desde 1650 a 1950. “Arte y Hora” n. 140H23, Set-Oct 2000, p. 14-20.

El reloj y los elementos. “Oro y Hora” n. 261, Feb 1982, p. 26-28.

El rellotge de sol del manuscrit 225 de Ripoll. “La Busca de Paper” n. 2, 1989, p. 2-3. Trad.: A sundial in the manuscript 225 from Ripoll. “Bulletin of the British Sundial Society” 91.2, Jul 1991, p 35-37.

El rey de los relojes. Big Ben. “Oro y Hora” n. 267, Set 1982, p. 53-54.

Els antics rellotgers de Gironella. “El Vilatà” n. 82, Ago-Set 1990 15, p. 59-61.

Els Ratera, rellotgers d’Igualada al segle XVIII. “Aiona Revista-La Veu de l’Anoia” Igualada 23/8/1996, p. 3-7.

Els Rosals, rellotgers de Manresa al segle XVIII. “Quadern del Museu de Manresa” n. 16, Estiu 2001, p. 2-4; encartat a Manresa: “Dovella” n. 73, tardor 2001.

Elsevier’s dictionary of jewellery and watchmaking: in five languages English, French, German, Italian and Spanish. Amsterdam: Elsevier, 1984.

Especulaciones astronómicas al entorno de las Taulas de Menorca. “Arte y Hora” n. 132H15, Ene-Feb 1999, p. 8-17.

Europa Star España. Barcelona: Linestar, 1993.

Gold & Time: Periódico profesional de la nueva joyería-relojería. Madrid: Grupo, Nexo.

Joyería, relojería y bisutería: análisis de coyuntura. Barcelona: Fira de Barcelona, 1990.

Kjellberg, Pierre. Encyclopédie de la pendule française. París: Les editions de l’amateur, 1997.

La antigua relojería japonesa de origen occidental (1551-1873). “Arte y Hora” n. 141H23, Nov-Dic 2000, p. 14-23

La clepsidra de las Gacelas del manuscrito de relojes de Al-Muradi “Arte y Hora” n. 128H11, Mar-Abr 1998, p. 10-18

La decoración del reloj portátil. “Arte y Hora” n. 150H32, Set-Oct 2002, p. 6-14

La família Bover, rellotgers de Sant Joan de les Abadeses. “Full parroquial de Sant Joan de les Abadeses”, 1996: 19/5, 26/5 i 2/6

La medida del tiempo en el antiguo Egipto. “Arte y Hora” n. 151H33, Nov-Dic 2002, p. 6-19

La Sphaera Horarum Noctis de Ramon Llull. “La Busca de Paper” n. 22, Primavera 1996, p. 3

L’ombra d’uns rellotges publicitaris graciencs de l’any 1886. “Tot Gràcia” n. 38, Set-Oct 1991, p. 22

Los relojes artesanos de Alonso Alvarez. “Arte y Hora” n. 138H21, Mar-Abr 2000, p. 12-23

Los relojes de Al-Jazari y otros autómatas. “Arte y Hora” n. 133H16, Mar-Abr 1999, p.34-40

Los relojes de sol. “Astronomía. El universo en tus manos”, Fascículo n. 33, p. 143-144. Barcelona; Ed. Orbis, 1992

Luz del este, luz del oeste. La medida del tiempo en la antigua China. “Arte y Hora” n. 154H36, Nov-Dic 2003, p. 17-25 

Maigne, M.. Nouveau manuel complet de dorure et argenture sur métaux au Feu, au Trempé, à la Feuille, au Pinceau, au Pouce et par la Méthode électro-métallurgique : suivi de l’application à l’horlogerie de la dorure et de l’argenture galvaniques de la coloration des métaux par les oxydes métalliques et l’électricité…. París: Librairie encyclopédique de Roret, 1880. 

Mas allá del reloj. Relojes moleculares, atómicos e iónicos. “Arte y Hora” n. (en prensa, 2004) 

Montañés Fontenla, Luis. Relojes: Diccionarios Antiquaria. Madrid: [s.e.], 1986. 

Nexo Time: Revista profesional de comercialización de relojería y sus industrias afines. Madrid: Nexo.

Notes sobre rellotges de sol al museu de Rubí. “Butlletí G. C. Museu Rubí” n. 34, Mar 1991, p. 134, 135 i 164 

Orígenes del reloj de bolsillo. “Arte y Hora” n. 118H1, Mar-Abr 1996, p. 16-18 Oro y plata. Córdoba, 1983.

Precisión. Madrid: Stentor, 1948. Primus circumdedisti me. El día que perdió Elcano lo recuperó Fogg. “Analema” n. 36, Set-Dic 2002, p. 20. 

R & E Relojes & Estilográficas. Madrid: Motorpress-Ibérica, 2003. 

RB fashion: jewerly and watches magazine. Barcelona: Rateb Beram – RB, [1999].

Reloj de arena, icono del tiempo. “Pàmies Collectors” n. 1, Des. 2002, p. 42-44 

Relojería catalana del siglo XVIII. “Arte y Hora” n. 120H3, Sep-Oct 1996, p. 6-11 

De Mensura Temporis. (1ª parte) “Arte y Hora” n. 123H6, Mar-Abr 1997, p. 8-16 (2ª parte) “Arte y Hora” n. 127H10, Ene-Feb 1998, p. 10-17.

Relojes & relojeros. Madrid: Tecnipublicaciones, 1986. 

Relojes de “Movimiento Perpétuo”. “Arte y Hora” n. 152H34, Mar-Abr 2003, p. 12-19 

Relojes de sol de la Hispania Romana. “Arte y Hora” n. 134H17, May-Jun 1999, p. 10-17 

Relojes de sol gallegos. “Arte y Hora” n. 144H26, May-Jun 2001, p. 98-105 

Relojes de sol. “Arte y Hora” n. 119H2, May-Jul 1996, p. 4-9

Relojes misteriosos. La imaginación al reloj. “Arte y Hora” n. 148H30, Mar- Abr 2002, p. 16-24 

Relojes y estilográficas. Madrid: Motor-Press Ibérica, 2000. 

Relojes. Hipólito Navarro S.L. Madrid: Exclusivas de publicidad, Todorevistas. 

Rellotges Catalans del Segle XVIII. Calendari de Serra d’Or pel 1999. Barcelona: Ed. Serra d’Or, 1998. 

Rellotges de sol de la Catalunya romana. “La Busca de Paper” n. 33, Gen-Abr 1999, p. 18-24 

Rellotges i rellotgers al Montblanc del s. XVIII. “Aplec de treballs” n. 11, Centre d’Estudis de La Conca de Barberà. Montblanc, 1993, p. 75-91. 

Rellotges i rellotgers de la conca del Llobregat. “XLIV Assemblea Intercomarcal d’Estudiosos” Sant Vicens de Castellet 2001, p. 209-218. Manresa: Centre d’Estudis del Bages, 2002 

Revista Dersa. Madrid: Club Duward, 1963.

Sobre nuestro calendario. “Arte y Hora” n. 137H20, Ene-Feb 2000, p. 6-14. 

Tres planetarios catalanes (1835, 1895 y 1989). “Arte y Hora” 130H13, Set-Oct 1998, p. 12-19. 

Un reloj con telégrafo Chappe. “Arte y Hora” n. 142H24, Ene-Feb 2001, p. 8-13. 

Un reloj de fuego en la Alhambra de Granada. “Arte y Hora” 129H12, May-Jun 1998, p. 28-33 

Una exposición sobre el reloj doméstico catalán. “Arte y Hora” 143H25, Mar-Abr 2001, p. 10-21 

Una història artesanal pendent. “El País-Catalunya” 1/2/1990.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL:

Utilizamos Inteligencia artificial Chat GPT y Gemini así como búsquedas en Google.