Reloj de bolsillo de la marca Moeris, Holy Freres.
Catalogación Referencia: MIARB Nº 1.567 JDBC.
DATACIÓN HISTÓRICA DE LA FECHA DEL RELOJ:
Siglo XX,circa año 1920.
NOTICIAS COETÁNEAS A LA CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:
- Europa intenta reconstruirse tras las secuelas de la Gran Guerra y los tratados de paz.
- La Sociedad de Naciones inicia su andadura con sede en Ginebra.
- Estados Unidos vive el inicio de la Ley Seca con la prohibición del alcohol.
- Se firma el Tratado de Sèvres que redefine el territorio del antiguo Imperio Otomano.
- Avances en aviación consolidan el transporte aéreo como promesa de futuro.
- Movimientos obreros y tensiones sociales marcan la agenda política en varios países europeos.
PAÍS DE CONSTRUCCIÓN DEL RELOJ:
Ambas marcas que se dan cita en el reloj son suizas.
DESCRIPCIÓN DEL RELOJ, FICHA TÉCNICA:
El ejemplar que se presenta constituye una pieza de notable interés para la historia material de la relojería suiza de comienzos del siglo XX, tanto por su configuración técnica como por la densidad simbólica de su programa iconográfico. Se trata de un reloj de bolsillo de tipología Lépine, con disposición de corona ranurada, colgante y anilla de suspensión trabajados y decorados situado a las doce y segundero subsidiario a las seis, cuya datación razonable se sitúa 1920, en pleno tránsito hacia la estandarización industrial de la producción relojera.
Configuración técnica y materialidad
La caja, ejecutada en aleación de níquel y cromo, responde a los criterios de robustez y economía propios de la producción seriada de la época, sin renunciar por ello a una cuidada intervención decorativa. El conjunto presenta biseles finamente trabajados y una anilla de suspensión ornamentada, de carácter vegetalista, que remite a repertorios finiseculares.
La esfera, de esmalte blanco sobre cobre convexo, muestra numeración arábiga en esmalte negro de trazo estilizado y un anillo interior de 24 horas en esmalte rojo, recurso funcional asociado a contextos de uso profesional (ferroviario o técnico) que exigían una lectura inequívoca del ciclo horario. El segundero subsidiario, situado a las seis, completa una configuración canónica de la relojería suiza de precisión media.
El movimiento, visible al abrir la tapa posterior, revela una arquitectura de puentes dorados, con tren de rodaje convencional y escape de áncora, regulado mediante raqueta. La pletina presenta el sello de la casa Moeris, firma que actuó como ensambladora y comercializadora de relojes terminados, integrando con frecuencia ébauches procedentes de terceros talleres especializados.
La caja como soporte narrativo: iconografía y técnica de repujado
El rasgo distintivo del reloj reside en la tapa posterior repujada, donde se desarrolla una escena de fuerte carga alegórica. La composición representa a un padre instruyendo a su hijo en las labores agrícolas, concretamente en el manejo de un arado de vertedera, mientras un perro mastín observa la acción, introduciendo el motivo de la vigilancia y la fidelidad. En el fondo, apenas esbozada, se reconoce una casa señorial con torreón, elemento que sugiere la presencia de una estructura de propiedad y jerarquía social en el ámbito rural.
La ejecución del relieve evidencia una técnica de repujado y cincelado de calidad, con un modelado volumétrico eficaz en las figuras y una gradación de planos que confiere profundidad a la escena. De especial interés resulta la firma casi imperceptible de Holly Frères, integrada en el propio campo decorativo. Este hecho es relevante, pues permite asociar la intervención artística ya sea la fabricación de la caja o su decoración a un entorno industrial habitualmente vinculado a la producción de movimientos (ébauches).
Consideraciones sobre la atribución: relación Moeris / Holly Frères
La coexistencia de la firma Moeris en la pletina y la mención a Holly Frères en la decoración de la caja remite al modelo productivo desagregado característico de la relojería suiza del periodo. En dicho sistema, distintas fases del proceso fabricación del movimiento, acabado, encajado y decoración podían ser ejecutadas por talleres especializados independientes.
En este contexto, la pieza permite plantear, con cautela metodológica, dos hipótesis no excluyentes:
En ambos casos, el reloj constituye un testimonio material de la interdependencia entre fabricantes de componentes y marcas comerciales, rasgo definitorio de la industria helvética anterior a la plena integración vertical del siglo XX.
Lectura simbólica y cultural
Más allá de su dimensión técnica, la pieza adquiere un valor singular como objeto cultural. La escena representada articula un discurso sobre la transmisión intergeneracional del trabajo, en el que el tiempo medido por el reloj se presenta inseparable del ciclo productivo agrario. El gesto pedagógico del padre, la actitud receptiva del hijo y la presencia vigilante del animal configuran una narrativa de orden, continuidad y disciplina, reforzada por la aparición, en la lejanía, de la arquitectura señorial.
De este modo, el reloj no se limita a indicar la hora: codifica una concepción del tiempo como valor moral y económico, vinculado al esfuerzo, la herencia y la estabilidad social.

Conclusión
El presente ejemplar debe entenderse como una pieza híbrida, en la que convergen:
Estamos ante un Reloj de bolsillo tipo Lépine con movimiento firmado Moeris y caja en níquel cromado con escena agrícola repujada firmada por Holly Frères, circa 1900–1920.
Su inclusión en el discurso museográfico del MIARB permite ilustrar, con particular elocuencia, la convergencia entre técnica, industria y representación simbólica del tiempo en la relojería histórica.
HISTORIA O ANTECEDENTES DE LA MARCA O MAESTRO RELOJERO QUE REALIZÓ ESTE RELOJ:
La trayectoria histórica de Moeris y Holly Frères se inserta en el proceso de industrialización de la relojería suiza que tuvo lugar entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, particularmente en el enclave de Saint-Imier, uno de los núcleos más dinámicos del Jura relojero. La firma Moeris tiene su origen en 1892, cuando el relojero Fritz Moeri (1860–1935), formado en el entorno técnico de Jules-Frédéric Jeanneret, funda junto a su cuñado Albert Jeanneret la sociedad Moeri & Jeanneret . Tras el fallecimiento de Jeanneret en 1899, Moeri asume el control total de la empresa, que evolucionará hacia Fabrique des Montres Moeris, consolidándose como una de las manufacturas más relevantes en la producción de relojes accesibles de calidad en el periodo previo a la Primera Guerra Mundial . Su importancia radica no solo en el volumen de producción, sino en la introducción de métodos industriales avanzados basados en la intercambiabilidad de piezas y mecanización del movimiento, lo que supuso un hito en la modernización de la relojería suiza . La compañía mantuvo su actividad durante gran parte del siglo XX, cerrando finalmente en 1978, tras lo cual sus activos y patentes fueron absorbidos por Tissot hacia 1980 .
Por su parte, Holly Frères documentada en fuentes relojeras como Holy Frères se integra en este mismo ecosistema industrial como una entidad vinculada a la producción de componentes y, especialmente, a la fabricación de cajas y elementos asociados a la industria relojera. Su actividad se sitúa también en el entorno de Saint-Imier y en las grandes instalaciones industriales como la Usine Centrale, activa en torno a finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, donde se desarrollaron procesos de producción a gran escala y se fabricaron millones de componentes relojeros . Aunque menos visible desde el punto de vista marcario, Holly Frères desempeñó un papel relevante como proveedor especializado dentro del sistema suizo, participando en la cadena de valor que abastecía a casas ensambladoras como Moeris. Su nombre aparece ocasionalmente en piezas conservadas, especialmente vinculado a cajas decoradas o elementos estructurales, lo que sugiere una actividad que no se limitaba estrictamente al suministro técnico, sino que podía extenderse a la ejecución ornamental.
La relación entre ambas firmas debe entenderse, por tanto, no en términos de integración empresarial, sino como expresión del modelo productivo suizo basado en la fragmentación y especialización: Moeris, fundada en 1892 como manufactura ensambladora con vocación industrial, y Holly Frères, activa en el mismo periodo como proveedor técnico y eventualmente decorador, convergen en piezas concretas que testimonian la cooperación entre talleres. Este sistema permitió a la relojería suiza alcanzar una extraordinaria eficiencia productiva y una gran diversidad estilística, siendo precisamente esa interacción entre actores especializados la que explica la riqueza técnica y artística de los relojes de bolsillo producidos en torno a 1900–1920.
FOTOGRAFÍAS O IMÁGENES HISTÓRICAS DE LA ÉPOCA EN LA QUE SE UTILIZABA ESTE RELOJ:
AÑO 1920


CALIBRE DEL RELOJ:
El calibre de este reloj es redondo a tres cuartos.
Los relojes de bolsillo abarcan una amplia gama de calibres, desde los más antiguos como el catalino el semicatalino a los básicos como el calibre Roskopf, hasta los más avanzados como el calibre tourbillon. Cada uno de estos calibres refleja diferentes enfoques para la medición del tiempo, adaptados a las necesidades tecnológicas, económicas y sociales de su época.
En relojería, el término calibre hace referencia al diseño o tipo de movimiento interno de un reloj, incluidas las dimensiones, disposición y componentes del mecanismo. En el caso de los relojes de bolsillo, hubo una amplia variedad de calibres desarrollados a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, adaptados a distintas necesidades y estilos.
TIPO DE ESCAPE DEL RELOJ:
El escape de este reloj es de ancora.
En la relojería mecánica, el escape es el órgano encargado de regular la transmisión de energía desde el tren de rodaje hacia el volante y la espiral. Su misión es doble: por un lado, mantener la oscilación del órgano regulador mediante impulsos periódicos, y por otro, dividir de forma precisa el tiempo en fracciones iguales, que serán indicadas por las agujas. En los relojes de bolsillo, desde el siglo XVI hasta comienzos del XX, se desarrolló una gran variedad de escapes, cada uno con características propias que marcaron la evolución técnica hacia la relojería moderna.
El escape catalino (verge fusee escapement).
Es el más antiguo de todos los empleados en relojería portátil. Introducido en el siglo XVI, consta de un eje vertical denominado Verge fusee con dos paletas que engranan directamente con la rueda de escape en forma de corona, llamada catalina. Su principal ventaja es la simplicidad, pero adolece de ser muy ineficiente, con gran fricción, alto desgaste y una amplitud reducida del volante. Siempre se combina con la cuerda-fusée o cadenita necesaria para compensar la irregularidad del muelle real. Su sonido fuerte y característico delata este tipo de mecanismo.
El escape semicatalino.
Llamado así porque conserva la estética de los relojes catalinos pero con un mecanismo completamente distinto, aparece en el siglo XIX como transición hacia la relojería moderna. En lugar del primitivo sistema de Verge Fusee, emplea un escape de áncora, mucho más preciso y duradero. A menudo se confunden con los catalinos, pero se distinguen porque su escape no es vertical y porque suelen carecer de fusée, trabajando directamente con el barrilete. En la práctica, el semicatalino marca el paso del reloj antiguo al moderno, al unir una caja de estilo tradicional con una mecánica evolucionada.
El escape Duplex.
este escape constituye uno de los desarrollos más interesantes en la historia de la relojería de bolsillo del siglo XVIII y XIX, al representar un punto de transición entre los escapes de rueda de corona y los más evolucionados de áncora. Su nombre proviene del diseño de su rueda de escape, que posee dos series de dientes dispuestas en niveles distintos, una superior y otra inferior, responsables respectivamente del impulso y del bloqueo.
En esencia, el Duplex es un escape directo, pues transmite la energía del tren de engranajes al volante sin intermediarios como paletas o áncora. Su funcionamiento puede describirse del modo siguiente: la rueda de escape gira impulsada por el muelle real, y en su eje se encuentra un pasador o piedra de impulso montado en el eje del volante. Cuando este oscila, dicho pasador se acopla momentáneamente con uno de los dientes largos de la rueda de escape, recibiendo de él el impulso que mantiene su oscilación. Una vez transmitida la energía, un diente corto de la misma rueda entra en contacto con la superficie de bloqueo o disco del eje, deteniendo el movimiento hasta el siguiente paso del volante. Este juego alterno de impulso y bloqueo, logrado mediante dos coronas de dientes, confiere al sistema una regularidad notable siempre que las proporciones sean exactas.
El escape Duplex ofrece un rendimiento muy eficiente en términos de fricción, ya que reduce el número de puntos de contacto y elimina las pérdidas que generan las paletas del áncora. Sin embargo, su principal debilidad reside en su extrema sensibilidad: una leve variación en la altura de los dientes, en la posición del pasador o en la geometría del disco de bloqueo puede alterar su marcha o incluso detener el reloj. Por esta razón, aunque alcanzó un grado de precisión muy respetable en su tiempo y fue empleado por diversos relojeros europeos, su ajuste requería una pericia considerable y su mantenimiento resultaba complejo. Además, al no permitir cuerda en ambos sentidos ni incorporar sistemas antichoque, el Duplex era poco adecuado para relojes de uso cotidiano. Con el avance del siglo XIX y la consolidación del escape de áncora suizo, más robusto y fácil de regular, el Duplex cayó en desuso, permaneciendo hoy como una pieza de interés histórico y técnico. Su diseño, elegante en su simplicidad, resume el espíritu de una época en que la relojería buscaba conjugar precisión científica y refinamiento mecánico.
El escape de cilindro.
Introducido por Thomas Tompion y perfeccionado por George Graham a principios del siglo XVIII, fue uno de los más difundidos en relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principio se basa en un cilindro hueco en cuyo interior engrana la rueda de escape. El impulso se transmite con menor fricción que en el catalino, y permite relojes más planos y precisos, aunque el desgaste de las superficies de contacto limitaba su durabilidad.
El escape de espiga o de clavijas (pin lever escapement).
Popularizado en relojería económica del siglo XIX, consiste en una rueda de escape que impulsa pequeñas clavijas en lugar de paletas de rubí. Se trataba de una solución barata, de fabricación sencilla, pero menos precisa y duradera que los escapes de áncora.
El escape de detente o de cronómetro (detent escapement).
Empleado principalmente en cronómetros marinos y en algunos relojes de bolsillo de alta precisión. Se caracteriza por su transmisión directa del impulso al volante, con una sola dirección de acción. Su ventaja es la altísima precisión y la ausencia de fricciones innecesarias; su desventaja, la fragilidad, pues un golpe o sacudida puede detener la marcha.
El escape a Roskopf.
El escape Roskopf es un sistema de escape simplificado utilizado en relojes de bolsillo económicos desde finales del siglo XIX, concebido por Georges Frédéric Roskopf con el objetivo de fabricar relojes accesibles para el gran público.
Se trata de una variante del escape de áncora en la que las tradicionales paletas de rubí se sustituyen por dos pasadores metálicos, reduciendo drásticamente los costes de producción. El mecanismo permite que la rueda de escape avance de forma regulada mientras transmite impulso al volante, pero con menor precisión y mayor fricción que los escapes de mayor calidad.
Su principal virtud es la simplicidad, robustez y bajo coste, lo que permitió la producción masiva de relojes conocidos como “relojes del obrero”. Como contrapartida, presenta menor exactitud y mayor desgaste.
En síntesis, el escape Roskopf es una solución técnica clave en la democratización de la relojería, sacrificando refinamiento mecánico en favor de accesibilidad y producción industrial.
El escape de áncora inglés y el áncora suizo.
El escape de áncora, inventado en Inglaterra a finales del siglo XVII, introdujo la idea de una palanca intermedia (la áncora) que transmite el impulso desde la rueda de escape al volante. El escape de áncora suizo, perfeccionado en el siglo XIX, se convirtió en el estándar de la relojería moderna. Su principal virtud es la combinación de fiabilidad, eficiencia y facilidad de ajuste.
Otros escapes menos comunes.
En el campo experimental o de alta relojería aparecieron también el escape duplex (de doble impulso, desarrollado en el siglo XVIII), el escape de rueda de encuentro (muy temprano, precursor del catalino), o el escape de palanca con clavijas. Estos sistemas tuvieron difusión limitada pero forman parte de la historia técnica de los relojes de bolsillo.
TIPO DE VOLANTE DEL RELOJ:
El volante de este reloj es anular con tornillos de compensación térmica.
Dentro de la maquinaria de un reloj mecánico, el órgano regulador tiene por objeto transformar la energía suministrada por el tren de rodaje en oscilaciones periódicas que gobiernan el avance de las agujas. En este contexto, el volante constituye el elemento oscilador por excelencia. El volante anular, definido por su geometría de aro cerrado, se caracteriza por un reparto homogéneo de la masa en torno al eje de oscilación, lo que genera un elevado momento de inercia. Esta propiedad asegura una mayor estabilidad isócrona frente a perturbaciones menores, aunque a costa de requerir mayor aporte energético desde el escape.
El volante anular macizo fue empleado ya en los relojes portátiles del siglo XVII y se consolidó como estándar en la relojería de bolsillo de los siglos XVIII y XIX. Su principal limitación técnica radicaba en la sensibilidad térmica: la dilatación del metal alteraba el diámetro efectivo y, por ende, la frecuencia. Para corregir esta deficiencia, Abraham-Louis Breguet introdujo a finales del siglo XVIII el volante bimetálico cortado, cuyo aro, formado por láminas de acero y latón, incorporaba ranuras de dilatación que permitían una compensación dinámica frente a la variación de temperatura. Este avance fue clave en el desarrollo de los cronómetros marinos y estableció un estándar técnico que se mantuvo hasta el siglo XX.
En paralelo, la búsqueda de precisión condujo a la implementación de volantes con tornillos de regulación. Estos incorporaban en la periferia pequeños tornillos de latón, oro o platino que permitían variar el momento de inercia y equilibrar dinámicamente el oscilador. Charles Édouard Guillaume, premio Nobel de Física en 1920, desarrolló una aleación de hierro y níquel conocida como Invar que revolucionó la relojería al ofrecer una elasticidad prácticamente invariable frente a la temperatura. Con la introducción de estas aleaciones, la necesidad del volante cortado desapareció, dando paso a volantes anulares macizos con comportamiento térmico estable.
En la relojería contemporánea, firmas como Rolex,Patek Philippe, Audemars Piguet, Vacheron Constantin, A. Lange & Söhne, Jaeger-LeCoultre, Breguet, F.P. Journe, Cartier entre otras perfeccionaron el concepto del volante anular mediante sistemas de inercia variable. Rolex patentó su volante Microstella (patente suiza CH 356.934, de 1961), con microtornillos interiores que permiten ajustar la inercia sin alterar la masa global. Patek Philippe, por su parte, desarrolló el sistema Gyromax en 1951, en el que pequeñas masas pivotantes dispuestas radialmente permiten una regulación extremadamente precisa y aerodinámicamente más eficiente. Estos sistemas eliminaron la necesidad de raquetas de ajuste y se consolidaron como referentes en la alta relojería suiza.
La evolución reciente ha incorporado nuevos materiales y arquitecturas. El empleo de silicio monocristalino, introducido en relojería a principios del siglo XXI (Ulysse Nardin, 2001; Patek Philippe, 2005), ha permitido diseñar volantes ultraligeros, antimagnéticos y con coeficientes de dilatación prácticamente nulos. Asimismo, algunos fabricantes han explorado volantes esqueletados o con geometrías complejas optimizadas mediante simulaciones computacionales para minimizar la resistencia aerodinámica y mejorar la eficiencia energética.
En conclusión, el volante anular representa no sólo la pieza central del órgano regulador, sino también un testimonio histórico de la constante búsqueda de la isocronía. Desde el volante macizo del siglo XVII hasta los actuales volantes de silicio con inercia variable, su evolución refleja un diálogo entre tradición artesanal, innovación metalúrgica y desarrollo científico que ha definido el progreso de la relojería de precisión.
HISTORIA DE LA RELOJERÍA DE BOLSILLO EN EL MUNDO:
La historia de la relojería de bolsillo constituye un relato fascinante de innovación, arte y técnica, que se desarrolla a lo largo de varios siglos y atraviesa distintos países y tradiciones culturales. Sus orígenes se sitúan en la Europa del siglo XVI, cuando los primeros relojes portátiles comenzaron a aparecer en Alemania e Italia. En Nuremberg, Peter Henlein desarrolló en torno a 1510 los primeros relojes de bolsillo, conocidos como Nürnberger Eier por su forma ovoide, combinando muelles de cuerda con engranajes rudimentarios. Paralelamente, en Italia se produjeron piezas de carácter artesanal, a menudo como objetos de lujo para la nobleza, donde la decoración superaba la precisión mecánica, utilizando cajas de oro y esmaltes pintados.
Durante el siglo XVII, Francia e Inglaterra se consolidaron como centros fundamentales de la relojería de bolsillo. En Francia, los talleres parisinos desarrollaron complicaciones como repeticiones de cuartos y calendarios, mientras que la escuela inglesa, representada por relojeros como Thomas Tompion y George Graham, perfeccionó los escapes de reloj y los sistemas de compensación de temperatura, con avances decisivos en la precisión cronométrica. La implantación del escape de áncora inglés en 1675 permitió la fabricación de relojes de bolsillo más fiables y duraderos, estableciendo un estándar de excelencia que influiría en toda Europa.
Suiza se convirtió en el siglo XVIII en el epicentro de la relojería de lujo y precisión. Ciudades como Ginebra, La Chaux-de-Fonds y Le Locle consolidaron talleres que combinaban técnicas francesas, inglesas y propias. Se destacaron por la miniaturización, los acabados de alta calidad, la introducción de escapes innovadores como el Duplex y el cilindro, y la producción de complicaciones complejas, incluyendo cronógrafos, repetición de minutos y calendarios perpetuos. La relojería suiza se orientó tanto al mercado europeo como al americano, donde la demanda de relojes portátiles precisos creció durante la expansión industrial.
En Alemania, Sajonia, especialmente la región de Glashütte, desarrolló un estilo propio a partir del siglo XIX, con énfasis en la precisión técnica y la excelencia mecánica. Relojeros como A. Lange & Söhne crearon calibres con acabados de alta calidad, platinas decoradas y sistemas de regulación innovadores, que rivalizaban con los mejores relojes suizos, aportando además un carácter distintivo a la relojería alemana.
En Inglaterra, el siglo XVIII y XIX fue la época dorada de la relojería de precisión con los relojes de bolsillo de alta precisión destinados a la navegación y la cronometría. John Harrison desarrolló los famosos cronómetros marinos que resolvieron el problema de la longitud, mientras que otros fabricantes perfeccionaban escapes y ruedas de volante con balances de compensación térmica, consolidando a Inglaterra como referente en relojería científica y de precisión.
Italia, aunque menos influyente en la producción industrial, mantuvo una tradición artesanal de relojería de lujo, con relojes de bolsillo decorativos y complicados, destinados a la aristocracia y al coleccionismo, combinando esmaltes, piedras preciosas y grabados finos.
En Estados Unidos, la relojería de bolsillo se industrializó en el siglo XIX, con empresas como Waltham Watch Company y Elgin National Watch Company, que desarrollaron producción en serie de relojes precisos y asequibles. El modelo estadounidense se caracterizó por la estandarización de piezas y la robustez, lo que permitió la expansión del reloj de bolsillo entre la clase media y los ferrocarriles, donde la precisión era esencial para la seguridad.
Rusia también tuvo un papel destacado, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, con talleres como los de Peterhof y las manufacturas de San Petersburgo, que produjeron relojes de lujo e incorporaron influencias suizas en escapes y decoración, abasteciendo a la nobleza imperial y al mercado europeo.
Japón y China, aunque inicialmente adoptaron la relojería europea a través del comercio, comenzaron a producir relojes de bolsillo de manera local desde finales del siglo XIX y principios del XX. En Japón, compañías como Seikosha iniciaron la manufactura de relojes inspirados en modelos suizos y americanos, adaptando tecnologías importadas y formando las bases de la relojería moderna japonesa.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la relojería de bolsillo se consolidó como un fenómeno global, en el que Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Rusia desempeñaron papeles decisivos, mientras que Japón y China adoptaron progresivamente estas técnicas para su industria emergente. Cada país aportó innovaciones únicas: escapes, compensaciones, complicaciones y acabados decorativos, que reflejan tanto las exigencias funcionales como la sensibilidad estética de sus respectivas culturas. La relojería de bolsillo, en definitiva, no solo fue un instrumento de medida del tiempo, sino un objeto artístico y tecnológico que permitió el desarrollo de estándares de precisión y manufactura que sentaron las bases de la relojería contemporánea en todo el mundo.
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